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      Ciencia en la alcoba

Una historia de investigación sexual


VERN L. BULLOUGH

Para BONNIE BULLOUGH
mi esposa, mi colaboradora frecuente,
y siempre mi compañera útil




Índice

AGRADECIMIENTOS
Introducción

  1. Investigación sexual y suposiciones: desde los griegos al s. XIX
  2. Homosexualidad y otros factores que dieron lugar a la investigación sexual
  3. Hirschfeld, Ellis y Freud
  4. La experiencia estadounidense
  5. Investigación en Endocrinología y actitudes cambiantes
  6. Desde Freud a la Biología hasta Kinsey
  7. De la Estadística a la Sexología
  8. El tema del género: masculinidad, feminidad y comportamiento de género cruzado
  9. Otras voces, otros criterios
  10. Problemas de una ciencia emergente


NOTAS


EL ÍNDICE ALFABÉTICO:ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWYZ






AGRADECIMIENTOS

Aunque este trabajo ha estado en marcha por muchos años, Susan Rabiner de Basic Books fue la fuerza cristalizante para lograrlo finalmente. El personal entero de Basic Books merece elogio, pero también me gustaría distinguir a Jane Judge, que fue redactora del proyecto y Candace Levy, editora. El índice fue preparado por Liz Cunningham.


INTRODUCCIÓN

En función de la anatomía humana observable parecería que el sexo es una cosa sencilla. Un hombre tiene un pene y testículos y produce esperma, mientras que una mujer tiene una vagina, útero, mamas y menstrúa. Estas sencillas distinciones probablemente han sido siempre evidentes para los seres humanos. Observe que la información acerca de los órganos reproductivos de la mujer fue mucho menos completa que la del hombre, porque los órganos femeninos son menos visibles. También gran parte de los datos existentes se han derivado de fuentes masculinas. Sin embargo, se supuso que cuando el hombre ponía su semen (semilla) en la vagina de la mujer había una posibilidad de que la mujer procedería entonces a criar la semilla hasta que ésta se desarrollara en un bebé.
Aunque probablemente nunca ha habido un tiempo en que los hombres no supieran que ellos tenían algo que ver con la procreación, si unicamentte debido a que los ejemplos animales alrededor de ellos fueron tan obvios, también supieron que no cada acto de las relaciones sexuales conducía a un embarazo. O sea, la relación sexual quizá sea una causa necesaria del embarazo, pero no siempre se creyó ser suficiente en sí. Las razones por las cuales no siempre ocurrió el embarazo se comprendieron plenamente sólo en el siglo XX. El tema fue aún más complicado por el hecho de que algunos hombres fueron impotentes o estériles y algunas mujeres no quedaron embarazadas sin importar cuántas veces tuvieron relaciones sexuales. Lo que se conocía, además, provocó más preguntas e incluso problemas. La relación sexual, por ejemplo, era una fuente de placer resultara o no un embarazo. Incluso al tocar el pene o el clítoris podría producirse una sensación placentera, así como lo sería la masturbación mutua entre dos individuos independientemente del sexo. Este conocimiento, a principios de la historia humana, condujo a discusiones sobre si era natural para un individuo tocarse él o ella misma o para dos personas del mismo sexo acostarse juntos. Diferentes culturas tuvieron diferentes ideas acerca de estos fenómenos. Diversas culturas también tuvieron sus propias respuestas a la pregunta de por qué algunos actos de la relación sexual daban lugar a bebés de sexo masculino y otros a bebés de sexo femenino. Esta sigue siendo una pregunta para la cual no tenemos ninguna explicación sencilla. Había también mucha inquietud por la apariencia ocasional de los bebés con genitales ambiguos, los hermafroditas si se prefiere. ¿Cuál fue la causa de esto? Nuevamente diferentes culturas dieron diferentes respuestas, algunas llegaban tan lejos como para sostener que tales progenies eran monstruos. Los seres humanos también se preguntaron lo que el menstruo era y cuál era su finalidad.
Tenemos respuestas a estas y muchas otras preguntas de los antiguos egipcios así como de civilizaciones antiguas que aparecieron en el Valle del Tigris y Eúfrates, el Valle Indú y China. Más de dos mil años más tarde, la información fue recopilada por los griegos clásicos, y ésta se convirtió en la base de gran parte del conocimiento occidental acerca de la sexualidad humana. Estas ideas griegas siguieron siendo más o menos dominantes hasta el siglo XIX, cuando los adelantos en la ciencia nos dejaron hacer nuevas clases de preguntas acerca del sexo y del comportamiento sexual. La falta de lo que quizá se llamen las respuestas científicas, sin embargo, no impidió a las personas en el pasado intentar enmarcar las respuestas a las preguntas acerca de la sexualidad humana. Estas respuestas variaron de cultura en cultura y cambiaron a través del tiempo, pero en general eran una combinación de observaciones, mitología, moral y magia. Aun cuando los investigadores encontraran explicaciones más racionales para algunos aspectos de la actividad sexual humana, siguieron fiándose de la tradición para la mayoría de las respuestas, sencillamente porque la ciencia de ese tiempo no fue lo suficientemente compleja para dar explicaciones más completas.
Más que la complicación de cualquier intento por encontrar explicaciones científicas acerca de la sexualidad es el hecho de que el comportamiento sexual, a diferencia de muchos otros aspectos de la actividad humana, tradicionalmente se ha considerado más como un asunto de moral que como uno de Fisiología o Psicología. En el mundo occidental, esto ha significado que las actitudes hacia el sexo se han dominado mediante las suposiciones de la tradición judía-cristiana, particularmente ya que esto fue interpretado por los autores cristianos desde el siglo tercero al sexto. Estos primeros cristianos fijaron los modelos del dogma cristiano y se conocen colectivamente como los "Padres de la Iglesia". Los asuntos sexuales eran los puntos de mayor preocupación para estos hombres y siguieron siendo importantes para las generaciones posteriores.
Por ejemplo, los temas relacionados sexualmente constituyeron más de un cuarto del Derecho Canónico Católico Romano Medieval y siguen haciéndolo. Particularmente influyente al fijar las ideas occidentales cristianas fue San Agustín (354-430), quien sostuvo que la vida cristiana ideal fue la del celibato. Afortunadamente, reconoció que no todas las personas podrían vivir una vida célibe, y admitió de mala gana que Dios había aprobado el matrimonio también. Según Agustín, sin embargo, la única finalidad del sexo dentro del matrimonio era la procreación, y las relaciones sexuales sólo debían emprenderse con esa finalidad en mente. Todas las otras actividades sexuales eran pecaminosas. Agustín fue más allá y enseñó que la única posición adecuada en las relaciones sexuales era con la mujer abajo y que el único acto adecuado era aquel en el cual el pene penetraba la vagina. Condenó totalmente el uso de cualquier otro orificio (como el sexo oral-genital).
1 También condenó la masturbación que fuera practicada sola o con otros.
De hecho, fue el conocimiento del sexo que constituyó el pecado original que ocurrió en el Jardín del Edén. Agustín, que también fijó la doctrina cristiana en esto, sostuvo que el pecado de Adán y Eva se transmite de padres a hijos a través del acto sexual, que, en virtud de la lujuria que lo acompaña, es intrínsecamente pecaminoso. Fue sólo a través del bautismo que la mancha de este pecado original era borrado. El resultado de las redacciones de San Agustín y otros Padres de la Iglesia fue hacer del Cristianismo occidental lo que he llamado una cultura negativa del sexo. Aunque la tradición occidental siempre ha incluido minorías significativas tales como los judíos, así como también grupos cristianos que no se suscriben a la teología agustiniana, fue la interpretación agustiniana del sexo que tendió a dominar el discurso público hasta el siglo XX.
Como resultado, la investigación dentro del sexo fue una empresa algo dudosa, ya que aquellos que se ocuparon de ésto eran considerados como poco respetables. Esta actitud siguió existiendo aun durante mi propia vida. Una buena ilustración de esta actitud es el caso de William Masters. Cuando estaba finalizando la escuela de medicina en la Universidad de Rochester, empezó seriamente a pensar en dedicar su vida a investigar en el sexo. Para el asesoramiento se dirigió al profesor George W Corner, quien, según se explorará posteriormente en este libro, fue una figura significativa en la investigación sexual estadounidense. Corner lo asesoró no para comenzar como un investigador sexual sino para establecer su reputación como un científico en otro campo. Después de que Masters tuvo su reputación, fue a finales de sus treinta o principios de los cuarenta, estaba casado felizmente y tenía una familia, luego y sólo entonces pudo empezar a investigar los aspectos de la sexualidad humana sin dañar su reputación científica. Yo recibí asesoramiento similar y gradual y enérgicamente entré en la seria investigación sexual sólo después de conseguir ocupación en una universidad. Si tal vacilación fue necesaria en mi caso está poco claro, pero la percepción que tendió a afectar la naturaleza de la investigación sexual durante gran parte del siglo XX.
Inicialmente, estuve interesado en el estudio de las clases de individuos que podrían considerarse como quebrantadores de la barrera social debido a su voluntad de investigar los temas sexuales. Por lo tanto, este libro parece ocasionalmente divagar de las teorías y los resultados para dar biografías breves de las diferentes personalidades que se han ocupado de la investigación sexual. Estuve particularmente interesado en sus mecanismos de hacer frente, y aunque estos variaron, surgen algunos modelos generales. Una manera de enfrentarse de muchos de estos individuos fue sencillamente al negar que eran investigadores sexuales. En lugar de eso, se convocaron ellos mismos endocrinólogos, urólogos, ginecólogos o algunos otros términos menos estigmatizados, aunque su interés primario estuvo en el sexo. Otra manera que muchos parecieron hacer frente fue distanciarse ellos mismos de sus temas al rotularlos con palabras como anómalo, patológico y perverso, recalcando en el proceso que aunque era necesario para la sociedad saber acerca de la existencia de tales individuos, la mayoría de las personas, incluído el investigador, no eran como ellos.
Aunque otros, y muchos de los primeros investigadores estadounidense están en esta categoría, estuvieron interesados en los males realizados en esposas y niños inocentes de las enfermedades de transmisión sexual, que los investigadores creían ser el resultado del contacto con prostitutas. Llegaron a creer que la respuesta yacía en la educación sexual y por lo tanto, recalcaron los peligros de la sexualidad prematrimonial y extramatrimonial y la necesidad de practicar la abstinencia excepto dentro del matrimonio. Fue sólo con el fracaso de estos esfuerzos tempranos que algunos investigadores recurrieron a la ciencia para adquirir una mejor comprensión de la sexualidad humana, aunque para muchos de ellos ciencia fue vista como un socio en sus cruzadas de moral contra las enfermedades de transmisión sexual.
Algunos de estos individuos, sin embargo, entraron en los estudios de la sexualidad para comprenderse ellos mismos y para aclarar sus propias concepciones erróneas así como las del público. Entre los primeros investigadores sexuales fueron homosexuales, quienes estuvieron interesados en demostrar que la homosexualidad no era una perversión. Las feministas estuvieron decididas a eliminar gran parte de la información errónea acerca de las mujeres propuesta mediante el establecimiento masculino, que tendía a sostener que las mujeres eran inferiores a los hombres. Algunos de estos individuos siguen siendo propagandistas para un punto de vista específico, pero muchos fueron más allá de su preocupación inicial para convertirse en los principales investigadores científicos.
Sin embargo, la personalidad de los investigadores es sólo parte de la pregunta. Otro aspecto del desarrollo de la investigación sexual es por qué la última parte del siglo XIX empezó a ver el desarrollo de lo que Paul Robinson llamó la modernización del sexo.2 Este es un tema que ha sido poco explorado. El pionero en el campo fue Edward M. Brecher, quien estaba mucho más interesado en los sucesos alrededor de Alfred Kinsey y sus sucesores que en un intento por explicar cómo se desarrolló la investigación moderna.3 Esta es una pregunta en la cual he empleado muchos años tratando de responderla, y este libro es el resultado de mi averiguación.
Parte de la respuesta es sencillamente el crecimiento de la especialización en la ciencia, que ha sido un hecho de vida durante más de cien años. Si los oftalmólogos pudieran especializarse en el estudio del ojo, entonces otros podrían empezar a especializarse en Urología y Ginecología. Estos especialistas médicos, sin embargo, trataron los problemas sexuales sólo indirectamente. Hubo un número creciente de científicos que creyó que los órganos sexuales necesitaban estudiarse pero que las relaciones sexuales y los comportamientos sexuales también necesitaban ser analizados. Ellos creyeron que la investigación no debería estar limitada al escenario médico sino que debería atraer un número de disciplinas emergentes en las ciencias biológicas y sociales.
Dentro de la comunidad científica misma, el interés en los asuntos sexuales se había vuelto generalizado, en parte debido a las teorías de Charles Darwin (1809-82). Darwin creía que la selección sexual era una clave para la evolución. El acoplamiento sexual, la unión de los elementos sexuales de dos organismos que habían estado expuestos a diferentes ambientes, condujo a la progenie más vigorosa que la hecha por autofertilización. Basados en esta apreciación, algunos de los seguidores de Darwin fueron tan lejos como para sostener que el sexo existía para el bien de la especie. Esta malinterpretación de Darwin se convirtió en el criterio dominante, aunque uno erróneo, hasta la mitad del siglo XX y probó un fuerte impulso para los estudios en la sexualidad.4 Fue también un factor principal al extraer alguno de los estigmas del estudio del sexo.
Otros investigadores se aprovecharon del concepto de selección sexual para explicar cualquier número de factores. Sir Francis Galton (1822-1911), un primo de Darwin, creyó que la selección sexual probaría ser un medio para mejorar el género humano. Acuñó el término eugenesia en 1885, y aunque él mismo se concentró en instar a los matrimonios sensatos y a las grandes familias para el adinerado y dotado (términos que usó más o menos como sinónimos), otros fueron mucho más lejos y argumentaron que la alta tasa de natalidad del pobre e intelectualmente menos dotado era una amenaza para la civilización. Un resultado fue una inquietud creciente por el intento a mejorar el tamaño del plan familiar a través de diversos métodos de control de natalidad. Aunque otros factores también afectaron al movimiento de control de natalidad, como se describirá posteriormente en el libro, el intento para limitar el crecimiento de "inferiores" y extender los números de "superiores" no puede pasarse por alto.
Algunos eruditos que estuvieron de acuerdo con Darwin acerca de la importancia de la selección sexual en la evolución llegaron a creer en la existencia de la degeneración causada por un defecto en la herencia de un individuo. La tensión degenerada causada por el defecto se creyó ser la enfermedad nerviosa progresiva e inherentemente involucrada, la debilidad física y el comportamiento anómalo. Para algunos autores, casi cualquier desviación del comportamiento adecuado, convencional se consideró un signo de degeneración. Incluído en esto estuvo cualquier variación de las normas del comportamiento sexual y el resultado fue el crecimiento del concepto del degenerado sexual.
Cesare Lombroso (1836-1909) usó las suposiciones darwinianas para apoyar su argumento de que las desviaciones sexuales estaban en una etapa más baja de la escala evolutiva que los individuos normales, heterosexuales. Lombroso y sus aliados aceptaron la creencia de que la vida animal había evolucionado desde las formas inferiores, pero fueron más allá, alegando que la vida había progresado sexualmente desde una etapa hermafrodita o autofertilizante a una etapa monosexual mayor. Al igual que la vida misma ha evolucionado, también las especies humanas, y como seres humanos han progresado desde la sociedad primitiva a niveles de civilización más altos, ellos han pasado por el robo, asesinato, promiscuidad y perversión, o al menos los más civilizados entre los seres humanos lo habían hecho así. Dado que, sin embargo, un niño tuvo que repetir la progresión de las especies para civilizarse, fue comprensible que aquellos con una herencia defectuosa se convertirían en criminales, desviados o afectados mentales. Fue también comprensible por qué el comportamiento sexual común entre grupos primitivos o entre los animales observados sería inaceptable en las sociedades civilizadas mayores.5
Inevitablemente, otro factor en el desarrollo de la investigación sexual, como se insinuó anteriormente, fueron los esfuerzos de muchos de aquellos rotulados como desviados, defectuosos o criminales para encontrar respuestas alternativas. Como se trata posteriormente, uno de los elementos principales en la aparición del movimiento sexológico alemán fue el esfuerzo de los homosexuales por escapar de las etiquetas estigmatizadas aplicadas a ellos por tales personas como Lombroso.
Una razón principal de que las teorías de Lombroso y otros se habían vuelto tan bien conocidas fue debido al motivo de preocupación pública acerca de los problemas percibidos del crecimiento de la ciudad moderna. El siglo XIX vio el crecimiento enorme de las ciudades como individuos trasladados de una forma de vida agrícola a una industrializada y comercializada. Un gran número de habitantes rurales abrieron su camino a las áreas metropolitanas en expansión del siglo XIX, que condujeron no sólo al crecimiento rápido de la población sino a las disparidades mayores entre los diversos sectores de la población así como a la demanda de mayor ejecución de leyes.
Los problemas que se habían pasado por alto o quedado sin notificar en una comunidad rural fueron acentuados por la concentración de la población. Por ejemplo, cientos, quizás miles de libros fueron escritos sobre la prostitución en el siglo XIX, así como las autoridades lucharon con los problemas de cómo tratar con ello. De igual manera, los homosexuales anteriormente aislados, que quizá hayan sentido ser únicos, encontraron a otros como ellos mismos en las ciudades sobrepobladas. Inevitablemente, como ellos formaron grupos, llegaron a la atención de la policía y los tribunales, quienes carecían de entendimiento y de precedente acerca de cómo tratar con todas los tipos de comportamiento sexual. Gran parte de este comportamiento anteriormente había sido pasado por alto o había sido considerado algo que sólo había hecho un individuo aislado. Uno de los fundadores de la investigación sexual moderna, Richard von Krafft-Ebing, tomó como su tarea la exploración de una variedad de comportamientos sexuales para ayudar a los tribunales y lo hizo como uno convencido de que la patología sexual era una amenaza real para la sociedad. Algunos de sus contemporáneos aún creyeron que el impulso sexual mismo contenía un peligro potencial, y Sigmund Freud, aunque no fue tan lejos, recalcó la importancia del ego y superego al controlar tal fuerza prístina.
El comienzo de lo que se llama la primera oleada del feminismo también afectó al desarrollo de la investigación sexual. Gran parte de la interpretación de los asuntos sexuales había sido desde el punto de vista masculino, y en general, tal criterio sostenía que las mujeres eran consideradas como hombres inferiores vueltas al revés. Muchos de los primeros investigadores sexuales fueron mujeres, y como se indica en los siguientes capítulos, ellas buscaron con éxito retar muchos de los estereotipos y suposiciones masculinas. Las feministas estuvieron también activas en las campañas para la abolición de la prostitución, para el acceso a la información del control de natalidad y para otros temas, que tendieron a promover nuevos tipos de investigación sexual. Muchos de los primeros investigadores sexuales estuvieron también interesados en la reforma del matrimonio, ya que sintieron que las mujeres fueron a menudo las prisioneras en los matrimonios sin amor. El resultado fue una efusión de los manuales de matrimonio y de nuevos resultados acerca de la sexualidad humana así como también la organización de grupos para producir la reforma. Tal actividad también condujo al astillamiento de los investigadores sexuales dentro de los denominados científicos puros cuya meta fue publicar sus resultados acerca de la sexualidad humana y los denominados reformadores quienes querían ejercer presiones políticas para ejecutar algunos de sus resultados.
Todos estos factores tendieron a unirse en las últimas décadas del siglo XIX y se transfirieron con mayor impulso al siglo XX. Las ideas acerca de la sexualidad cambiaron, y las normas cristianas tradicionales aceptadas desde San Agustín fueron atacadas y en muchos casos descartadas. La investigación sexual misma se expandió en un campo interdisciplinario que dependió de la pericia en Biología, Psicología, y Sociología; las perspectivas históricas y transculturales; y la información proporcionada por los profesionales en la Medicina, la ley, la enfermería, la religión y otros.
Escribí este libro para explicar el desarrollo de la investigación sexual, para ayudar a una audiencia mayor a entender lo que la Sexología es en su totalidad y a describir cómo ocurrieron los cambios en la actitud pública. Es un tema para el cual he dedicado gran parte de la década pasada y es mi esperanza fervorosa que mi análisis será útil. Aunque me concentro en los últimos 150 años, la investigación en el siglo XIX no empezó en un vacío. También tuvo una historia, que al menos debe resumirse y una actitud, que debe examinarse. Aquí es donde el primer capítulo empieza, después del cual paso a los acontecimientos y las controversias más recientes.



1
INVESTIGACIÓN SEXUAL Y SUPOSICIONES

DESDE LOS GRIEGOS AL SIGLO XIX

En general, como se ha indicado en la introducción, gran parte de la primera información acerca del sexo se recogió a partir de las observaciones animales. Es interesante, sin embargo, que las observaciones acerca de la actividad sexual entre las plantas fueron ignoradas, quizás porque en algunas excepciones, como la datilera, no eran muy obvias. Un resultado de esta primera falta de atención a las plantas ha sido que en la floración de cultivo occidental, plantas tales como la rosa, se han considerado símbolos de la castidad y los acoplamientos animales como símbolos de la concupiscencia. Ha habido incluso grupos religiosos, como los Albigenians, quienes prohibieron a sus adherentes comer cualquier producto de la unión sexual pero les permitieron comer verduras, frutas y pescados, porque creían que estas formas de vida no resultaban de la unión sexual.
Todo ésto es una manera de recalcar que los conceptos occidentales de la sexualidad representaron hasta el siglo XIX una mezcolanza de ideas y colaboradores. Históricamente, el autor premoderno más influyente en la actividad sexual entre los animales y los seres humanos fue el filósofo griego del siglo IV a. de C., Aristóteles, cuyas History of Animals, Parts of Animals, and Generation of Animals pueden considerarse como la fundación no sólo de la Zoología occidental sino también de la Sexología occidental. Tan admirable fue su influencia que casi todo lo atribuido a él se creyó, con el resultado de que su nombre se adjuntó a libros que tuvieron poco que ver con lo que él dijo. Por ejemplo, la fuente de información de habla inglesa acerca del sexo más usada en el mundo desde el siglo XVII y a través del siglo XIX fue conocida como Aristotle's Masterpiece, aunque sólo fragmentos de la información e información incorrecta ofrecidas pueden ser determinadas a Aristóteles.1
El sexo fue una clave para el esquema de clasificación de Aristóteles, porque sobre esta base asignó animales a uno de tres grupos: aquellos que se reprodujeron (1) por medios sexuales, (2) por medios asexuales, y (3) mediante generación espontánea. Esta última categoría incluyó un número de animales inferiores como las pulgas, los mosquitos y las moscas, los cuales creyó que se reprodujeron fuera de las sustancias putrefactas. Entre los moluscos y los crustáceos, trató de diferenciar aquellos que se reprodujeron a través de la formación de yemas de aquellos que vinieron de la autogeneración. Sus datos fueron una combinación de observación aguda y de folklore. Sostuvo que el cangrejo ermitaño creció espontáneamente fuera del suelo y el cieno y encontró su camino en conchas desocupadas, trasladándose a conchas cada vez más grandes a medida que crecía. Generalmente, sin embargo, hablaba de la generación espontánea sólo cuando no podía encontrar ninguna otra explicación, como en el caso de la anguila. Informó que las anguilas carecían de bazo o huevas y cuando se disecaron no pudieron encontrarse pasos para tales secreciones. Añadido al enigma fue el hecho de que las anguilas parecían surgir espontáneamente después de una lluvia, mientras que nunca surgieron en las piscinas estancadas, incluso en épocas de sequía. Ésto le llevo a concluir que las anguilas se derivaban de los "intestinos" de la "tierra" y crecían espontáneamente en el fango sobre el sustento de las aguas llovedizas.
Algunas de las descripciones de Aristóteles sobre la reproducción mostraron aptitudes notables de observación. Por ejemplo, escribió que en el apareamiento del pulpo, dos pulpos se deslizaban, entrelazando las bocas y los tentáculos hasta acomodarase estrechamente sin interrupción. Entonces un pulpo apoyaba su supuesta cabeza contra el suelo y extendía sus tentáculos; los dos sexos atraían entonces sus ventosas en conexión mutua. Agregó que algunos afirmaron que "el macho tiene una clase de pene en uno de sus tentáculos, en el cual están las ventosas más grandes y afirmaron incluso que el órgano es tendinoso en carácter, que crece adherido directamente al centro del tentáculo y que éste le permite entrar al orificio nasal o embudo de la hembra".2
Esta es una descripción más o menos exacta del apareamiento en el cual el macho usa su hectostylus (un tentáculo que sirve como brazo de procreación) para extraer una cápsula de semen de su propio manto y luego la coloca en el de la hembra. Debido a que el esquema de clasificación de Aristóteles parecía tan integral, aunque era una mezcla de apreciaciones excelentes y superstición popular, hubo una renuencia a desafiar sus conclusiones. Lo más dañino fue su creencia en la generación espontánea, y no fue hasta que este concepto se radicó que fue posible comprender plenamente la importancia de la sexualidad. En el siglo XVII, el italiano Francesco Redi demostró que las larvas no nacían del material putrefacto sino que provenían de los huevos de moscas. Sin embargo, aunque Redi demostró la fuente de gusanos, estuvo poco dispuesto a montar un asalto frontal sobre la teoría de la generación espontánea, quizás porque la Teología cristiana, basada en las suposiciones aristotelianas, apoyaba tal creencia para justificar el concepto del pecado original. Pero sencillamente, las personas de la época no podían visualizar cómo Adán y Eva podrían haber vivido felizmente en el paraíso antes de su expulsión si fueron azotados por los males terrenales producidos por tenias, lombrices intestinales y otros parásitos. No obstante, según la Biblia, Dios había creado todas las formas de plantas y animales antes de que creara a los seres humanos. Para responder a esta contradicción evidente, la Teología de la iglesia sostuvo que los parásitos vinieron no con la creación sino como una consecuencia del pecado original a través de la generación espontánea. Redi no quiso confrontarse con la iglesia acerca de su creencia en la generación espontánea pero estaba contento de modificar la doctrina cristiana en algunos detalles. Otros siguieron tal modificación hasta el descubrimiento de Luis Pasteur en el siglo XIX de que la fermentación era causada por la existencia de organismos de minuto llevando a la mayoría de la comunidad científica no sólo a abandonar las nociones aristotelianas sino de hecho a pasar por alto en su mayoría las preguntas acerca del origen de la vida y describir sencillamente la manera de las diversas formas de vida reproducida. De esta forma, se evitó un conflicto con la religión, aunque las ideas religiosas cambiaron gradualmente.
Mucho tiempo antes del descubrimiento de Pasteur, algunos investigadores habían empezado a especular con que las plantas también podrían tener una forma de reproducción sexual. Una de las primeras exploraciones de esta posibilidad aparece en las redacciones del inglés Nehemiah Grew del siglo XVII. En su Anatomy of Plants, publicada en 1685, postuló que las flores en las plantas eran órganos sexuales, los pistilos eran los órganos femeninos, los estambres los masculinos y el polen era la semilla masculina. Ya que las flores que observó abarcaban elementos de ambos sexos, Grew también sostuvo que las plantas eran hermafroditas. Esta creencia, al menos para algunas plantas, fue desafiada por el contemporáneo alemán Rudolph Jacob Camerarius en su ensayo en 1694 Letter on the Sex Life of Plants. Camerarius había observado que un árbol de moreras aislado produjo sólo vasos de semilla vacíos, estériles. Se preguntó si ésto quizás sería porque no se había fertilizado, y ésto le llevó a formular la hipótesis de que quizás existen plantas masculinas y femeninas. Empezó a experimentar con una planta popularmente conocida como mercurio del perro (Mercurialls perennis), que había observado en dos variaciones diferentes. Algunas de las plantas tenían sólo estambres en sus flores pero no producían ninguna semilla o frutos, mientras otras, careciendo de estambres en las flores, producían fruto. Aislando lo fructífero de las plantas productoras de polen, demostró que aunque los vasos de la semilla todavía aparecían en aquellas, eran estériles.
Aunque esto fortaleció aún más la idea de los elementos masculinos y femeninos en las plantas, la pregunta básica siguió siendo cómo toman contacto mutuamente. En el siglo XVIII, Josef Gottlieb Kölreuter a través de su estudio de los estambres en las plantas Hibiscus encontró que tanto el viento como los insectos eran importantes en el proceso de fertilización y que la fertilización era sólo exitosa cuando tenía lugar entre plantas pertenecientes a la misma especie.
En el seguimiento y ampliación sobre esta investigación fue otro alemán, Christian Konrad Sprengel, quien publicó The Newly Revealed Mystery of Nature in the Structure and Fertilization of Flowers en 1795. Convencido de que Dios había puesto todo en la naturaleza para una finalidad, Sprengel planteó determinar qué finalidades útiles tienen las diferentes partes y propiedades de las flores que han sido creadas. Concluyó que el color de las flores era para atraer a los insectos y que ciertos colores atraían ciertas formas de insectos. Luego observó que la flor se adaptó no sólo a los estados generales de su propia vida sino también a los de los insectos que deseaba atraer. Argumentó que aunque algunas flores parecían ser hermafroditas y tenían estambre y pistilo, un ciclo de desarrollo diferencial hacía imposible para la flor ser fertilizada por su propio polen. En cambio, la fertilización fue transmitida mediante el polen por insectos de otras flores. Ésto le llevaba a filosofar que la naturaleza no deseaba una flor que fuese fertilizada por su propio polen.3 Su enfoque entero hizo parecer sus resultados como la demostración de la naturaleza de las maravillas que Dios había creado.
Si los investigadores tenían dificultad al comprender plenamente la importancia de la reproducción sexual en formas de vida menores, tenían problemas similares al tratar de explicar cómo tenía lugar la concepción no sólo en los seres humanos sino en la mayoría de la especie animal. Además, la base para muchas de las nociones culturales occidentales acerca de la concepción y la reproducción sexual provino de los griegos, y Aristóteles fue una figura principal. Pero Aristóteles, hizo más que tratar de explicar la reproducción humana; sus suposiciones filosóficas acerca de la reproducción le llevaron a postular diferentes funciones para hombres y mujeres. Esto dio una connotación política a las ideas acerca del sexo y la reproducción de la cual todavía no nos hemos escapado plenamente.4
Aristóteles creía que el hombre era el factor principal en la reproducción, aunque asintió que la mujer aportaba la materia para la formación. Luego, si el hombre, significaba lo eficaz y activo y la mujer considerada como mujer, lo pasivo, resulta que con lo que la mujer contribuiría al semen del hombre no sería semen sino material para trabajarlo sobre el semen"5. En su defensa, Aristóteles presentó la función de la mujer algo más favorablemente de como lo hicieron algunos de sus contemporáneos, quienes consideraron sencillamente a la mujer como un vaso diseñado para llevar la semilla masculina a la fruición.6 Hubo, además, una fuerte minoría de autores griegos que fueron tan lejos para dar el mismo crédito a la mujer como al hombre, aunque sus criterios nunca se convirtieron tan influyentes como los de Aristóteles. Un buen ejemplo es el autor del trabajo hipocrático On Generation, que declaró que dos semillas participaban en la concepción, la masculina que contribuía con el semen y la femenina con las secreciones vaginales.7 Galeno, el segundo escritor médico del siglo también apoyó la doctrina de las dos semillas, sosteniendo que ambas semillas tanto masculinas como femeninas tenían poder coagulativo y capacidad receptiva de coagulación pero que una era más fuerte en el hombre y otra en la mujer.
Aunque algunos autores posteriores también adoptaron la doctrina de las dos semillas, triunfaron los criterios de Aristóteles en Occidente, porque habían sido adoptados y defendidos por el escritor árabe Avicenna del siglo XI, quien fue un transmisor clave de las ideas aristotelianas para la Europa medieval. Avicenna, quien también incorporó algunos de los conceptos de Galeno, sostuvo que el agente masculino era equivalente al agente de la coagulación de la leche y el femenino al coágulo8. Esta fue la explicación adoptada por San Albertus Magnus en el siglo XIII. Aunque Albertus usó el término semen femenino, dejó claro que sólo podría llamarse semen en un sentido equívoco y que el hombre contribuyó el material esencial para la generación9. En esta opinión, fue apoyado por su alumno Santo Tomás de Aquino, quien sostuvo que el poder generativo femenino era imperfecto comparado con el masculino.10
La mejor comprensión del proceso dependía de un conocimiento más eficaz del cuerpo humano. En esto, el trabajo anatómico de Andreas Vesalius en el siglo XVI resultó importante, así como los estudios más especializados sobre Anatomía femenina por Gabriele Faloppio, su contemporáneo más joven. Faloppio describió el clítoris así como los tubos que llevan su nombre. Faloppio también fue importante en el estudio de la anatomía masculina; describió la arteria profunda del pene, que condujo a una mejor comprensión de cómo el órgano se erecta.
Mientras el conocimiento acerca de la Anatomía de los órganos reproductivos de los hombres aumentó, el de la mujer, en particular el útero, permaneció vinculado al misterio y la superstición. Platón, profesor de Aristóteles, por ejemplo, había popularizado la creencia de que un útero inactivo causaba histeria femenina. Escribió que cuando el útero, una criatura instalada deseosa de maternidad, "permanece infecundo por demasiado tiempo después de la pubertad, está afectado y dolorosamente perturbado, y desviándose en el cuerpo y cortando el paso del aliento, impide la respiración y lleva a las enfermas a la angustia extrema y además provoca todo tipo de enfermedades".11 Afortunadamente, la mayoría de los autores médicos rechazaron tales nociones. Soranus de Ephesus, el segundo autor del siglo en Ginecología, sostuvo que aunque el útero fue concebido por algunos de tener una existencia independiente, similar a la de un animal, no fue así. Tales malentendidos surgieron, explicó, porque el útero en realidad sí tenía algunas características similares a las de un animal, como que se contraería si eran aplicados los agentes de enfriamiento y se relajaría si se aplicaban los calientes, 12 Galeno también se opuso a la teoría de la matriz inversa, recalcando que era imposible para él saltar sobre el estómago para tocar el diafragma, pero no obstante, creía que la matriz deseaba estar embarazada y que la única solución para muchas quejas de mujeres eran las relaciones sexuales y el embarazo. Esto fue por que el útero produjo una secreción similar al semen masculino y que la retención de esta sustancia en el útero condujo al deterioro y a la corrupción de la sangre. Esto a su vez conducía a un enfriamiento del cuerpo y a una irritación de los nervios y con el tiempo conducía a la histeria".13
Aunque Vesallus y otros anatomistas del siglo XVI finalmente dejaron el concepto del útero inverso, hubo aún considerables malentendidos de la fisiología femenina y exactamente como sucedía con la reproducción. El primer reto eficaz para la importancia abrumadora del hombre provino de William Harvey, cuya Anatomical Exercitations Concerning the Generation of Living Creatures se publicó en latín en 1651 y se tradujo al inglés en 1653. Aunque se le conocía mejor por su demostración de la circulación de la sangre, Harvey dedicó gran parte de su vida estudiando la generación. Observó la reproducción y la gestación en todos los tipos de animales, haciendo hincapié en el desarrollo diario del embrión de pollitos. También analizó el útero del ciervo en diversas etapas durante el apareamiento y el embarazo. Esta investigación le llevó a destacar la importancia del huevo en la generación. Algún indicio de la función del huevo fue promovido antes por Hieronymus Fabricus de Aquapendente, un estudiante de Falopio, pero fue Harvey quien promovió la teoría ovípara para su conclusión lógica.
Harvey no pudo encontrar ninguna prueba de que la masa seminal del gallo entró o incluso tocó los huevos de la gallina durante su formación. Sí encontró que por un tiempo una gallina podría seguir produciendo huevos fértiles después de todos los vestigios detectables de semen que habían desaparecido de su cuerpo. Para Harvey, esto parecía ofrecer pruebas sólidas de que la contribución del semen del gallo para la generación era indirecta e incorporal; confirió sencillamente una cierta fecundidad sobre la gallina y luego no desempeñó ninguna función adicional en la generación real del huevo o del pollito. Una vez dotada de esta fecundidad, la gallina podría, enteramente por cuenta propia, producir huevos fértiles.
Para explicar cómo sucedió ésto, Harvey comparó el proceso con la propagación de las enfermedades por contagio como entonces se comprendió. La exposición a un individuo enfermo, sostuvo, podría engendrar dentro de un segundo individuo un principio interno que posteriormente reproduciría en él o ella la misma enfermedad específica. Para Harvey, la fecundidad era transmitida a la hembra de la misma manera por el semen masculino. La función de la gallina y el gallo no es producir un pollito sino crear un huevo fértil que posteriormente suscita un pollito a través de sus propios poderes innatos. Creyó que había demostrado ésto mediante sus disecciones del útero del ciervo, en las que observó con sus propios ojos (ésto fue antes del desarrollo del microscopio) que fue mucho tiempo después de la desaparción del semen en el útero que las primeras pruebas de concepción aparecían. Ésto le condujo a formular su dictamen famoso de que "un huevo es el primoridum común de todos los animales", implicando en efecto que la función de los padres en la generación era indirecta. Ellos producían un huevo o concepto o semilla fértil, y ésto posteriormente producía un animal o planta nueva a través de los poderes vegetativos innatos.14
Otros investigadores llegaron a las conclusiones de apoyo, en particular Marcello Malpighi, cuyo estudio de los embriones de pollitos se publicó en 1672. Alrededor de la misma época Regnier de Graaf observó que se llevaban a cabo cambios en los ovarios de conejos en los primeros días después de la fertilización y concluyó que cambios similares probablemente tuvieron lugar no sólo en la hembra sino también en la mujer.
Los ovistas, sin embargo, atravesaron un obstáculo temporal creado por los estudios de Anton van Leeuwenhoek (1632-1723), quien hizo observaciones con un microscopio sencillo, primitivo que no fueron igualadas hasta que los instrumentos más potentes del siglo XIX permitieron a otros confirmar en detalle lo que él había dicho. Leeuwenhoek se interesó por el semen masculino después de Johan Ham, un estudiante de Medicina, le consultó acerca de las criaturas microscópicas que había observado en el semen de un paciente que sufría emisiones nocturnas. Ham trajo a Leeuwenhoek una botella de vidrio que contenía el semen para para la confirmación. Leeuwenhoek observó las criaturas microscópicas, notando que eran diferentes de otras animalculas (animales microscópicos) que él había observado; todas estas criaturas en el semen tenían cuerpos redondos con colas cinco o seis veces más largas que sus cuerpos. Como los estudió posteriormente, informó que hicieron movimientos de natación similares a los de una anguila y que tales movimientos gradualmente desaceleraban y finalmente cesaban, aunque el animalcula permanecía claramente reconocible.
Para asegurarse de que estos animales pequeños no eran el resultado de ninguna enfermedad, Leeuwenhoek y Ham examinaron el semen de machos "sanos" y observaron la misma clase de criaturas. Calcularon que debía de haber miles o más en el espacio que podría ser ocupado por un grano de arena. Como los datos adicionales se recogieron bajo una variedad de condiciones, se encontró que el animalcula moría a las 24 horas si se mantenía a temperaturas frías, pero sobrevivía varios días si se mantenía en condiciones calientes. Leeuwenhoek llamó a estas criaturas espermatozoides.
Casi inmediatamente después de los resultados de sus descubrimientos fueron publicados en las actas de la Sociedad Real Británica en 1678, todas clase de resultados que empezaron a comunicarse. Un observador notó al ver un caballo en miniatura en el semen de un caballo, y otro, un burro en miniatura en el semen de un burro. Sin embargo, otros creían que podrían distinguir el esperma masculino y el femenino, y al menos un investigador informó que vió el esperma masculino y femenino copulando y luego dando origen a un esperma pequeño. El efecto del descubrimiento, a pesar de las historietas ridículas, fue para reafirmar -al menos en las mentes de muchos - la supremacía del hombre en la reproducción.15
Uno de los resultados de las observaciones de los huevos y los espermatozoides fue para recalcar que el sexo era universal. Esta creencia se apoyó firmemente en el siglo XVIII por el gran biólogo sueco Carolus Linnaeus (1707-78), quien basó su esquema de clasificación de todos los seres vivientes en sus medios de reproducción. Para él, omne vivum ex ovo, o todo lo que vive proviene del huevo- aunque en el caso de las plantas, el huevo estaba en forma de una semilla. Tan fuertes fueron sus creencias que escribió que no podría haber ninguna desviación de esta ley natural general. Como Colin Milnes de la Linnaean Society en Inglaterra dijo en 1771: "Ningún ser debe su formación a la casualidad, y todos son probablemente producidos por un modo de generación similar, dependiendo de la unión de los dos sexos, el insecto más minúsculo así como el elefante, el musgo más pequeño así como el roble majestuoso y elevado".16
Linnaeus, sin embargo, habló demasiado pronto, y en los primeros años del siglo XIX, su sistema de clasificación estuvo bajo provocación ya que se volvió claro que había formas de vida asexuadas gestadas por semillas. Pero un problema más grave fue la dificultad de identificar lo que participó en la fertilización. Una minoría de investigadores incluso llegó tan lejos para alegar que los denominados espermatozoides vistos bajo el microscopio eran sencillamente parásitos, mientras otro grupo sostuvo que eran organismos separados. Es más, incluso los partidarios del esperma según fueron la clave hasta ahora incapaces de explicar cómo el esperma se introdujo en el cuerpo masculino o cómo estaba elaborado. La respuesta a estas preguntas fue imposible hasta el desarrollo de la teoría de la célula por Matthias Jakob Schleiden y Theodor Schwann. En 1838, Schleiden concluyó de sus intensas observaciones microscópicas que las plantas no eran sólo un ser viviente sino un agregado de moléculas orgánicas individuales y autónomas. Inseguro de lo que había descubierto, lo discutió con su amigo Schwann, quien contestó que había visto estructuras similares en las membranas animales. Su descubrimiento dio lugar a la fundación de la Citología (el estudio de la estructura y función de las células) y la realización de la complejidad de la vida.
Uno de sus primeros descubrimientos fue que aunque los organismos unicelulares se reproducían normalmente por brotación y división también se producían sexualmente por un proceso descrito como autogamia, conjugación y copulación. Schleiden y Schwann especularon que aunque el proceso de brote dio lugar al crecimiento extraordinario de la población también dio lugar a la endogamia extrema, una dificultad que podría ser superada por la autogamia ocasional. Ellos encontraron algunas formas de vida, alternadas entre la propagación sexual y asexuada, como el plasmodium, el agente que causa la malaria. En los seres humanos, los plasmodios se reproducen al dividirse, pero en el intestino del mosquito, se reproducen sexualmente. Schleiden también recalcó la importancia del polen en el proceso de fertilización de las plantas. La combinación de las observaciones de Schleiden y Schwann dieron nueva importancia al sexo en la reproducción, un concepto que Darwin, como se mencionó en la introducción, hizo prioritario.
Pero ¿qué clase de proceso condujo a la fertilización? La existencia de un huevo mamífero se había descubierto en 1827, pero no fue hasta 1875 que Oscar Hertwig observó el momento de la fertilización en el caballito de mar, uno de los denominados animales mayores. Hertwig eligió al pilluelo de mar porque sus huevos son transparentes, aparecen en gran número y se desarrollan rápidamente. Ésto le permitió observar la unión de dos núcleos en el huevo, un suceso que interpretó como la fertilización. Hasta cuatro años más tarde Herman Fol no observó realmente que los espermatozoides penetran el huevo y contribuyen el segundo núcleo.
Más tarde se iluminó el proceso con el descubrimiento de los cromosomas en 1873, un descubrimiento que Eduard van Beneden usó para demostrar que la fertilización dio lugar a la unión de dos mitades de conjuntos de cromosomas para formar un conjunto completo. Este fenómeno, que fue postulado, también tenía lugar en los seres humanos, aunque los óvulos femeninos humanos no se observaron hasta el siglo XX.17
Este resumen bastante simplificado de la comprensión biológica del desarrollo de la naturaleza del sexo y la reproducción parece implicar una tendencia incluso constante hacia el conocimiento más elevado y exacto. Por falta de este relato son numerosos los callejones sin salida y los ejemplos erróneos que se siguieron y que por un tiempo desafiaron lo que es ahora la sabiduría percibida. Es más, la misma defrauda un poco por las ideas llevadas y los descubrimientos a comienzos del siglo XX, algo que está más allá del lugar inicial de este libro. Los temas de debate todavía no se habían fijado en el siglo XIX, y a lo largo de gran parte del siglo, hubo un debate considerable sobre las razones de por qué la reproducción sexual ocurrió en primer lugar. Curiosamente, gran parte del debate estuvo centrado en la función de la mujer, generalmente en la desventaja de las mujeres. Hubo una tendencia, por ejemplo, de asociar los óvulos con células asexuadas que empezaban el proceso reproductivo sólo después de ser desencadenados por el esperma, aunque todavía no estaba claro cómo o por qué. Esta explicación, menos el aspecto asexuado, no está lejos de lo que aceptamos hoy. Resultó, sin embargo, que muchas "autoridades" recalcaban que el sexo era sencillamente el medio de procreación usado por los organismos mayores que, por el trabajo de división, habían colocado la tarea de la procreación en manos (o, mejor dicho, en los ovarios) de un individuo especial, la mujer. Algunos vieron ésto como la prueba sociológica y biológica de que la mujer existía exclusivamente para producir y criar descendencia. En un sentido, ésto es tan exacto como alegar que la única finalidad del hombre es fertilizar el huevo. Esta última perspectiva, sin embargo, no fue lo que muchos de los intérpretes de siglo XIX argumentaron. Más bien, sostuvieron -siguiendo las actitudes sociales tradicionales hacia las mujeres- que el estado subordinado de las mujeres era un derecho natural; para argumentar de otro modo que era para amenazar la fábrica social y biológica de las especies.18
Este ejemplo de argüir por una justificación biológica para la subordinación de las mujeres recalca precisamente cuántas actitudes y creencias acerca del sexo y del género humano se basaron en mucho más que una explicación física. Más bien, tales actitudes dependieron en gran medida de los factores psicológicos, sociológicos, culturales e históricos. Inevitablemente, cada nuevo descubrimiento acerca de la sexualidad en la naturaleza adoptó un contexto social y político cuando se aplicó a los seres humanos. En general, los datos se interpretaron para fortalecer las ideas cristianas tradicionales acerca de la sexualidad, que según se indica en la introducción, estaba influída profundamente por las ideas negativas del sexo de San Agustín. Como las suposiciones acerca del sexo y la reproducción sobre la cual la autoridad religiosa había basado sus enseñanzas morales se debilitaron, los comentaristas sobre la sexualidad humana se fijaron en la ciencia para dar una fundación nueva a la moralidad tradicional. Si nada de ésto tendió a fortalecer las actitudes negativas hacia el sexo, porque los que suministraban la notificación podrían argumentar que ellos dieron la orientación más exacta que sus antecesores, ya que incluyeron los nuevos descubrimientos de la ciencia. Es más, como el conocimiento secular aumentó en los siglos XVIII y XIX, hubo un crecimiento correspondiente de la fe en la ciencia misma.
Aunque habían existido algunos retos dentro de la comunidad cristiana a las ideas agustinianas acerca del sexo y aunque los protestantes, en general y los puritanos, en particular, miraron el sexo dentro del matrimonio como una fuente de placer, todos los segmentos de la comunidad cristiana continuaron creyendo que el matrimonio era un requisito previo para las relaciones sexuales.19 Fue en esta actitud que la discusión acerca de la sexualidad humana tuvo lugar. Cada vez más, sin embargo, la discusión sexual estaba dominada por la comunidad médica, en parte porque la mayoría de los descubrimientos recontados hasta ahora en este capítulo fueron hechos por médicos. La ocupación de la investigación, sin embargo, estaba limitada a unos pocos individuos, mientras que dar asesoramiento a los pacientes acerca de los asuntos sexuales fue algo que se esperó de cada médico. El médico practicante, es más, estaba en una situación difícil cuando los pacientes volvían a él (y todos los médicos hasta el siglo XIX fueron hombres) para el tratamiento de los problemas relacionados sexualmente. Incluso con las observaciones y los descubrimientos de un Harvey o un Leeuwenhoek, era difícil explicar a un paciente que se quejaba acerca de una incapacidad para concebir por qué esto quizás era el caso. El estado del conocimiento sencillamente no fue suficiente para este problema. En cambio, la necesidad percibida para ofrecer un diagnóstico y hacer un pronóstico promovió el crecimiento de lo que quizá se llamaron sistemas médicos. En términos sencillos, estos sistemas fueron teorías médicas organizadas que fueron explicaciones integrales de por qué la enfermedad ocurrió y lo que un médico podría hacer para tratarla. Los creadores del sistema habían existido desde que la Medicina surgió como una profesión, pero los sistemas de los siglos XVII y XVIII se volvieron cada vez más complejos y continuos para tener adherentes en el siglo XIX. Es más, muchos de los creadores del sistema, influenciados por sus propias creencias filosóficas y religiosas, sostuvieron que la actividad sexual en sí misma era potencialmente peligrosa. Como resultado, la enfermedad y la patología reemplazaba el pecado en la discusión de las actividades sexuales.
Uno de los creadores del sistema más influyentes fue el gran clínico holandés del siglo XVIII Hermann Boerhaave (1668-1738), quien en sus Institutiones Medicae escribió que el gasto incauto de semen producía "lasitud, debilidad, debilitamiento del movimiento, convulsiones, devastamiento, sequedad, fiebre, dolor de las membranas cerebrales, oscurecimiento de los sentidos y sobre todo de los ojos, deterioro del acorde espinal, fatuidad y otros males similares".20
Las observaciones de Boerhaave sobre los peligros de la actividad sexual se adaptan bien con algunas de las nuevas teorías médicas como el vitalismo, una teoría basada en las obras de Georg Ernst Stahl (1660-1734) y otros. El vitalismo enfatizaba una unidad del cuerpo y del alma, simbolizada por el ánima, que protegía al cuerpo del deterioro al cual tendía. Cuando los movimientos representaban la vida normal eran alterados por el cuerpo o sus órganos, la enfermedad sobrevenía. La enfermedad era por lo tanto más pequeña que la tendencia del ánima (o de la naturaleza) a restablecer el orden normal de los movimientos tónicos tan rápida y eficientemente como fuera posible. Un contemporáneo de Stahl, Friedrich Hoffman (1660-1742) sostuvo que el organismo viviente estaba compuesto de fibras que tenían una tonicidad característica especial, o sea la capacidad para contraer y dilatar. Este proceso era regulado por el sistema nervioso, ubicado en el cerebro. Cuando la tonicidad era normal, el cuerpo estaba sano, pero cada modificación de la tonicidad acarreaba un trastorno de la salud. Para él, los individuos que practicaban la masturbación dañaban gradualmente su memoria debido a la tensión en el sistema nervioso.21
Varios otros teóricos, incluidos John Brown (1735-88) y Théophile de Bordeu (1772-76), se basaron en esta fundación. La filosofía médica de Brown se basó en su propia experiencia con la gota, una enfermedad que había sufrido la mayoría de su vida. En su prefacio para Elements of Medicine, escribió que después de fracasar al querer curarse con el tratamiento tradicional, buscó otros remedios y con el tiempo llegó a la conclusión de que la "debilidad era la causa de sus trastornos y que el remedio fue buscar medidas de fortalecimiento". Para desterrar su gota, tenía que fortalecerse, evitar alimentos debilitantes y tratarse con vino y opio. Si su gota se curó o no sigue siendo dudoso, pero de su experiencia, construyó una filosofía médica conocida como Brunonianismo. Básica a sus enseñanzas fue la noción de la excitabilidad, definida como la distinción esencial entre el vivo y el muerto. El lugar sitio de excitabilidad era en el sistema nervioso, y todos los estados corporales eran explicados por la relación entre debilidad y excitación. Muy poca estimulación era mala, pero la estimulación excesiva podría ser peor porque podría conducir a la debilidad al agotarse la excitabilidad. La excitabilidad se comparó con el fuego: si no había suficiente aire (excitación insuficiente), el fuego estaría latente y se apagaría pero bajo una corriente de aire forzada (demasiada excitación), el fuego quemaría excesivamente, se agotaría y también se apagaría. De estas suposiciones, concluyó que había dos clases de enfermedades: las que surgen de la excitación excesiva (esténica) y las de excitamiento deficiente (asténico). Demasiada estimulación transmitía una dolencia asténica en una esténica. Por ejemplo, el contacto mutuo de los sexos como al besar o incluso estando en presencia del otro, daba una impetuosidad a los nervios. Esta condición nerviosa podría ser aliviada por las relaciones sexuales, pero al dar el alivio provisional, también podría dar lugar a la liberación de demasiada energía turbulenta; y si se llevaba a exceso, ésta también causaba dificultad. Bordeu acabó con las mismas conclusiones que Brown. Bordeu, sin embargo, sostuvo que las glándulas linfáticas así como el sistema nervioso tenían actividad vital, y las secreciones - incluyendo el semen - drenaban las esencias vitales que residían en cada parte del cuerpo.22
Particularmente influyentes al recalcar los peligros de las actividades sexuales fueron las redacciones de S. A. D. Tissot (1728-87). Tissot creía que los cuerpos físicos sufrían una pérdida continua, y a no ser que esta pérdida se restaurara periódicamente, resultaría la muerte. Aunque gran parte de los desechos perdidos a través de los procesos naturales como la micción y las evacuaciones intestinales podrían restaurarse al ingerir alimentos, incluso con un régimen alimenticio adecuado, el cuerpo no podía restaurar completamente los desechos que resultaban de la pérdida sanguínea, la diarrea, y la actividad sexual. Particularmente peligrosa fue la pérdida de la emisión seminal o los exudados vaginales en la mujer.
El semen, explicó, era extremadamente importante para el bienestar del hombre. Como evidencia de ésto, señaló que su apariencia coincidía con el crecimiento de la barba y la consistencia de los músculos, algo que no ocurrió si un hombre estaba castrado. Debido a que el semen era tan importante para el desarrollo del hombre, le parecía obvio que cualquier pérdida excesiva debilitaría al hombre. Aunque agregó que alguna pérdida era necesaria para la reproducción para completar el género humano, el peligro real era la relación sexual en exceso. Incluso más peligroso era la pérdida de semen causada por el sexo no procreativo o a través de medios de práctica forzados que llamó onamismo. Aunque el onamismo a veces se equiparó sencillamente a la masturbación, Tissot usó el término en un sentido más amplio para incluir todo el sexo no procreativo desde la homosexualidad a la masturbación al uso del orificio equivocado hasta el uso de un anticonceptivo. Enumeró varios peligros que podrían resultar de los desechos excesivos del semen, incluyendo (1) oscuridad de las ideas y a veces incluso locura; (2) deterioro de los poderes corporales, dando lugar a resfríos, fiebre y al consumo (tuberculosis); (3) dolores fuertes de cabeza, dolores reumáticos y entumecimiento doloroso; (4) granos en la cara, supurando ampollas en la nariz, mamas y muslos y comezón dolorosa; (5) debilidad consiguiente del poder de la generación según se indica por la impotencia, eyaculación prematura, gonorrea, priapismo y tumores en las vejigas; y (6) desorden de los intestinos, que da lugar al estreñimiento, hemorroides y otros.
El onamismo afectó a las mujeres de la misma manera que a los hombres, pero no sorprende, que los efectos fueron tanto más graves. Además de sufrir los mismos problemas que los hombres, las mujeres también fueron propensas a tener calambres severos, ulceración del cuello uterino, temblores uterinos, ictericia incurable y ataques histéricos. Es más, la masturbación en la mujer resultó a menudo de la manipulación clitoral mutua, y esto dio lugar a que las mujeres que amaban a otras mujeres con tanto cariño y celos como lo hicieron los hombres, una práctica que las bajó del alto status del sexo femenino al nivel de las bestias más lascivas y viciosas.
Incluso peor que la masturbación en los adultos era la existencia de la práctica en los jóvenes que no habían alcanzado todavía la pubertad. Aquí, se tendía a destruir las facultades mentales al poner una presión demasiado grande en el sistema nervioso.23
Es fácil para los últimos comentaristas del siglo XX burlarse de Tissot y otros quienes escribieron en una forma similar. Una de las razones de por qué los autores anteriores atribuyeron tantos peligros a la actividad sexual es que las secuelas de las enfermedades de transmisión sexual, en particular la tercera etapa de la sífilis, se acreditaron a los actos sexuales en general. No fue hasta el siglo XIX que todas las etapas de la sífilis fueron descubiertas y explicadas y pudo haber una explicación más racional de lo que Tissot atribuyó a la excesiva actividad sexual. En realidad, había probablemente incluso algún tipo de correlación áspera entre lo que Tissot atribuyó a la actividad sexual y las secuelas de la sífilis. Es más, aquellos que probablemente contrayeron sífilis fueron aquellos que tenían una variedad de compañeros sexuales y así, en términos de Tissot, fueron visualizados al perder cantidades anormales de su energía corporal a través del desgaste. Incluso después de que el curso de la sífilis se elaboró teóricamente por Philip Ricord (1800-1889), había todavía confusión, porque no fue hasta el aislamiento de la espiroqueta en 1905 que las hipótesis de Ricord pudieron probarse.24
Las ideas de Tissot, en una forma u otra, resultaron sumamente influyentes a través de gran parte del siglo XIX e incluso dentro del siglo XX. Por un tiempo parecía que cada autor trataba de exceder al otro al representar los peligros del sexo. En los Estados Unidos, las ideas de Tissot fueron popularizadas por Benjamin Rush (1745-1813), probablemente el médico estadounidense más significativo a finales del siglo XVIII; es recordado hoy como un signatario de la Declaración de la Independencia. Rush, quien había estudiado en Edimburgo, regresó a América para introducir una variación de las ideas médicas de John Brown. Todas las enfermedades pudieron reducirse a un modelo causal básico: ni a la disminución ni al aumento de la energía nerviosa. Dado que los factores sexuales eran una causa principal de la excitación, Rush enseñó que la indulgencia descuidada en el sexo conduciría a todo, desde la impotencia a la epilepsia y a la muerte.
Rush, sin embargo, no descontó enteramente los aspectos positivos del sexo, recalcando que la restricción anormal en los asuntos sexuales era también peligrosa, porque quizá produciría "temblores, sonrojamiento de la cara, suspiros, profanación nocturna, histeria, hipocondría y en las mujeres, furor uterino".25
No se tuvo que ser un médico para divulgar los peligros del sexo. Sylvester Graham (1794-1851), un reformador de salud quizás mejor recordado por su defensa del trigo sin pelar o trigo Graham y conmemorado hoy por la galleta Graham, enseñó que sus contemporáneos sufrían de una creciente incidencia de debilidad, enfermedades de la piel, del pulmón, cefaleas, nerviosismo y debilidad del cerebro, muchos de los cuales resultaron del exceso sexual. Esto fue porque el cuerpo humano era un compuesto de la vida animal y orgánica, ambos eran controlados por una red de nervios".26 Dado que la reproducción, casi la única de las funciones del cuerpo, que implicaba tanto un componenete animal como uno orgánico, la actividad sexual era vista como el lanzamiento de una tensión única en el cuerpo. Es más, no era sencillamente el acto sexual mismo que planteaba peligros y con el tiempo daba lugar a la locura sino que los pensamientos lascivos y la consideración de las actividades sexuales también podían ser nocivos. Los individuos, por consiguiente, tenían que estar siempre alerta contra los peligros del deseo sexual. Los sentimientos sexuales podrían incluso despertarse al comer platos altamente sazonados y "muy abundantes" así como al comer demasiada carne.27 Un resultado fue el crecimiento de los temores acerca de los peligros de la sexualidad sin trabas.28
En realidad, los peligros del sexo se convirtieron en parte del arsenal de todos los reformadores excéntricos de la última mitad del siglo XIX, incluyendo John Harvey Kellogg, cuyo Battle Creek Sanitarium introdujo nuevos alimentos para el desayuno en el mundo. Dio una lista larga de signos que distinguían a una persona que se estaba masturbando. Enumerada entre los signos estaba cada forma de conducta encontrada en los adolescentes: inconstancia, apocamiento, intrepidez anormal, lasitud y apetito caprichoso. La masturbación además, según Kellogg, producía acné, palidez, ojos sospechosos, consumo de tabaco y profanidad, enuresis nocturna y mordedura de uñas. Como la masturbación siguió, los peligros máximos fueron terribles de contemplar, porque el choque nervioso que era resultado del ejercicio de los órganos sexuales era el más profundo al cual el sistema nervioso estaba sujeto. Incluso los que se ocuparon del sexo para finalidades procreativas tenían que limitar sus actividades sino se daría lugar a más demencia.29
¿Pero por qué, si la actividad sexual fue tan nociva, no hubo generaciones de individuos que se volvieron dementes en el pasado? Aquellos interesados en la crónica de los grandes peligros del sexo tuvieron una respuesta. Fueron las complejidades crecientes de la civilización moderna y el desarrollo evolutivo mayor de la humanidad que habían hecho la actividad sexual mucho más peligrosa ahora que lo que había sido siempre en el pasado. De hecho, muchos médicos del siglo XIX enseñaron que la sociedad moderna completa sufría de neurastenia, una deficiencia de los nervios. Esta era una nueva enfermedad primero descubierta por el estadounidense George M. Beard (1838-83), y era sintomática de las complejidades crecientes de la civilización moderna así como del desarrollo evolutivo mayor de la humanidad. Fue particularmente generalizado y peligroso para los trabajadores educados e inteligentes en la sociedad quienes representaban una etapa mayor en la escala evolutiva que las clases sociales menos avanzadas. La teoría tuvo exhortación amplia, porque se valió de los nuevos conceptos científicos de la evolución para justificar la conciencia de clase y género. De acuerdo con Beard, la causa principal del agotamiento nervioso era la relacion sexual, y era importante para los individuos reglamentar y protejerse contra cualquier actividad sexual innecesaria (no procreativa).30 Por un tiempo, las ideas de Beard fueron sumamente influyentes tanto en América como en Europa.
Predeciblemente, el resultado de estas teorías fue el refuerzo por la ciencia de la hostilidad occidental tradicional hacia el sexo, el cual había sido tal factor influyente en el Cristianismo. Ni los autores de los manuales más populares sexuales, ni los médicos, ni el clero, ni los profesores ni los reformadores, se valieron de nuevas pruebas científicas para participar en una cruzada contra el sexo, oponiéndose a los peligros horribles del "sexo forzado" (en otras palabras, todo sexo no procreativo, incluido el uso de cualquier forma de anticoncepción). La palabra masturbación, no onamismo, a menudo se convirtió en un código para todos los tipos de actividad sexual forzada, desde el uso de los anticonceptivos hasta la homosexualidad.31 El sexo forzado se consideró como diez veces peor que la simple relación ilícita entre un hombre y una mujer solteros, porque al menos los niños resultarían de la fornicación heterosexual.32 No sólo se describió como criminal y pernicioso33 sino también llegó finalmente a describirse sistemáticamente como una enfermedad y a veces incluso como una contagiosa.34
El sexo forzado fue peor que casi cualquier otra enfermedad porque drenaba constantemente los fluídos vitales del cuerpo y quitaba gradualmente la vida misma.35 Cada pérdida de semen se consideró equivalente a la pérdida de 4 onzas de sangre,36 y aunque el cuerpo con el tiempo podría reemplazar esta pérdida, necesitaba tiempo para recuperarse. La única cosa peor que la pérdida seminal en el hombre era la masturbación y el sexo forzado en la mujer.37 Aunque no todos los profesionales de salud se suscribieron a tales ideas exageradas, muchos sintieron que era mucho menos peligroso exagerar que dejar al paciente y al público en la ignorancia.38 Otros temían el ostracismo que quizás resultaría si dijeran todo lo contrario al criterio dominante acerca del sexo y así sencillamente permanecían en silencio. El silencio, sin embargo, no siempre los salvó, porque a veces fueron atacados por otros médicos, quienes alegaban que su silencio conducía a vidas desperdiciadas.39 A menudo el ataque era conducido por médicos respetables y honrados. Abraham Jacobi (1830-1919), por ejemplo, el fundador de la Pediatría en los Estados Unidos, sencillamente estaba reflejando algo de la mejor opinión médica cuando culpó la parálisis infantil y el reumatismo infantil a las prácticas de la masturbación, que habían debilitado la resistencia del cuerpo.40 La masturbación también promovió la formación de los "anexos morbosos" para personas del mismo sexo41 y condujo a la pederastia y al maltrato de menores.42
Algunos comentaristas intentaron definir la masturbación como el coitus interrumptus, contacto oral-genital, pederastia, bestialidad, masturbación mutua, coitus interfemora y autoabuso.43 Otros usaron sencillamente el término sin definirlo. Uno de los peligros planteados por el masturbador, según G. Stanley Hall (1846-1924), un fundador de la Psicología estadounidense y un primer escritor sobre la adolescencia, fue que tal persona sedujo a otras al experimentar con la masturbación, y una vez establecida, la masturbación era la causa principal de "una o más de las formas morbosas de pervensión sexual".44
En el nuevo conservadurismo sobre temas sexuales, cualquier posición extraña en la relación o cualquier acción aparte de aquella diseñada para impregnar a la mujer pudo denominarse como masturbación y fue rigurosamente condenada. Un médico informó sobre la historia del caso de una mujer joven cuyo esposo "tenía el hábito fatal de aplicar la lengua y los labios a los genitales de su esposa para provocar en ella un orgasmo venéreo". Esto había dado lugar a la "gastralgia" y al "agotamiento constante" en la mujer. El médico estaba tan interesado en tratarla que se sintió obligado a advertirle que su vida completa estaría en peligro a menos que su esposo cesara esta práctica detestable. Es más, si su esposo continuaba tales prácticas, probablemente contraería el cáncer de lengua. No sólo fueron los peligros del cunnilingus en los que estaba interesado sino en el hecho de que tales prácticas dieran lugar al orgasmo y esto sólo podría conducir a incluso mayores aflicciones.45 En caso de que sus advertencias no fueran suficientes para detenerlos de ocuparse en tal práctica, agregó que cualquier niño nacido de ellos tendría "instintos pervertidos".46
Algunos autores se molestaron acerca de la posibilidad no sólo de que las mujeres podrían tener orgasmos sino también de que las mujeres encontraran el sexo placentero. En su opinión, el sexo, aunque claramente esencial para la procreación, sólo debería ser ocupado para esta finalidad. Aquellos capaces de preservar de otra manera la continencia matrimonial, se sostuvo, serían premiados por una constitución sólida, una mente sana y el aplauso del merecedor y del considerado".47 Incluso aquellos incapaces de ser totalmente moderados pero quienes todavía procuraban ocuparse sólo moderadamente de la actividad sexual elevarían las facultades más nobles de sus mentes.48 En ningún caso fue alguna vez posible para la castidad ser excesiva.49 Las parejas casadas interesadas en el sexo sólo para la procreación fueron advertidas de limitar sus intentos del coito a "una indulgencia para cada mes lunar". Esto fue "lo más saludable que las dos partes pueden requerir y fue suficiente para asegurar el embarazo si ésto era el deseo de Dios.50 Se sostuvo por muchos ser una ley de Dios que ningún animal, ni mucho menos un ser humano, debería "usar los poderes y los órganos reproductivos para cualquier otra finalidad que la simple procreación". 51 Cuantos más individuos fueran capaces de limitar su indulgencia sexual a la generación y al desarrollo de la especie, más próximos estarían de llegar a cumplir "la ley suprema" y de llegar a ser cristianos verdaderos.52
En los Estados Unidos, los médicos, la mayoría de quienes pensaban como cristianos, vieron como parte de su responsabilidad la educación del público para darse cuenta de que Dios había diseñado "la relación de los sexos" para la producción de la especie y por ninguna otra razón.53 Aunque no podía negarse que el hombre recibía placer al cumplir su deber de engendrar niños, las parejas fueron advertidas acerca de buscar o prolongar los placeres. Esto fue porque, entre otras cosas, hubo "casos innegables donde los niños se engendraron en el momento de la intoxicación permaneciendo estúpidos e idiotas durante toda su vida".54 La lógica también ordenaba demostrar que la concepción durante la época de mal humor, la indisposición corporal, o demasiada tensión nerviosa también afectaría a la especie resultante".55
Las mujeres tenían que ser especialmente cuidadosas de no gozar del sexo, porque eran criaturas maternales más que sexuales. Sólo la mujer enferma tenía una "pasión animal excesiva".56 El asesoramiento, sin embargo, fue de necesidad algo contradictoria, porque algunos autores, siguiendo antiguos textos médicos, creyeron que una mujer no quedaría embarazada a menos que tuviera un orgasmo durante la relación. En general, sin embargo, esta idea fue ignorada o se le restó importancia en la mayoría de los textos médicos del siglo XIX, aunque afortunadamente, siguió siendo una creencia popular. Sin duda cualquier mujer que participaba en el aprovechamiento del sexo mientras estaba embarazada ponía en peligro su función como madre y podría causar un aborto espontáneo.57 De hecho, cualquier pareja que se ocupaba de la relación durante el embarazo reducía el vigor constitucional del feto y lo predisponía a enfermedades debilitantes.58 Es más, las mujeres fueron particularmente susceptibles a tales enfermedades debilitantes. Un libro de texto estándar sobre Ginecología publicado en 1888 tenía un capítulo concluyente titulado la "Ginecología relacionada con la demencia en las mujeres". El autor escribió:

 

Doy por hecho que todos estarán de acuerdo en que la demencia es a menudo causada por las enfermedades de los órganos procreativos, y por otro lado, ese trastorno mental perturba con frecuencia las funciones de otros órganos del cuerpo y modifica la acción enferma en ellos. O, puede ser primario y causal, o secundario y resultante. En la literatura del pasado, encontramos al ginecólogo que promueve sus reclamos hasta conducir a un auxiliar en Medicina a creer que si los órganos sexuales de las mujeres fueran preservados en la salud, la demencia rara vez ocurriría entre ellas.59


De hecho, algunos creían que las mujeres detestaban las relaciones sexuales. El médico inglés bien conocidoWilliam Acton enseñó que las mujeres no tenían ningún deseo por el sexo en lo más mínimo y sólo tenían sexo con sus esposos para tener niños o para mantener a sus esposos lejos del desvío.60 Admitió que algunas mujeres bajas y vulgares no solamente podrían gozar del sexo sino buscar compañeros sexuales, pero esto era algo que ninguna esposa y madre decente haría alguna vez. Para muchos de los escritores sobre sexo, una mujer que gozó del sexo era ya una criatura enferma o de cualquier forma una mujer imperfecta. Curiosamente es que, muchas mujeres escritoras parecían estar de acuerdo, quizás porque vieron que una de las pocas maneras en que podrían liberar su sexo de las cargas continuas del embarazo y la lactancia era desenfatizando la sexualidad femenina. E. B. Duffy, una mujer casada, escribió que las mujeres reales deberían considerar a todos los hombres adultos no como amantes sino como hijastros para quienes ellas tenían una "sensibilidad" de madre.61
Casi todos los consejos de los escritores recomendaban que la relación entre una pareja casada cesara cuando las mujeres entraran en la menopausia, porque ésta era la manera de la naturaleza de poner un "cese" a las funciones sexuales de la mujer.62 Aquellos hombres y mujeres que persistieron en ocuparse de las relaciones sexuales después de este tiempo se encontrarían exhaustos y propensos al peligro de la enfermedad.63 Por lo tanto, en las "vidas bien reglamentadas", las pasiones sexuales se convertían en menos y menos imperiosas, disminuyendo gradualmente hasta que -a una edad promedio de cuarenta y cinco años para la mujer y cincuenta y cinco para los hombres- estaban rara vez despiertos y raramente satisfechos.64
Quizás la mejor suma de todas estas ideas negativas acerca del sexo fue por Elizabeth Osgood Goodrich Willard, quien acuñó el término Sexología. Sostuvo que el orgasmo sexual era más debilitante para el sistema que un día de trabajo duro. Consideraba el sexo como una cosa más o menos repugnante y fue infeliz de que las personas se generaran bajo un sistema que fue abusado de una forma fácil. Alegó que la humanidad debe detener la energía inútil

 

a través de los órganos sexuales, si tuviéramos salud y fuerza del cuerpo. Así tan seguro como que el abuso excesivo de los órganos sexuales destruyen su poder y uso, produciendo inflamaciones, enfermedad y corrupción, precisamente así de seguro es que una menor cantidad de abuso en la misma proporción relativa, daña la función paternal de los órganos y deteriora la salud y la fuerza de todo el sistema. La acción anormal es el abuso.65
 


Con tales actitudes hacia los peligros del abuso sexual, hubo un esfuerzo decidido por encontrar preventivos para aquellos incapaces de controlar su propia sexualidad. Algunos médicos perforaron el prepucio del pene e insertaron un anillo o cortaron el prepucio con tijeras melladas para reducir las posibilidades del placer masculino. Otros aplicaron ungüentos que harían a los genitales de ambos sexos sensibles al tacto, e incluso otros aplicaron hierros calientes a los muslos internos. En algunos casos, se realizaron clitoridotomías en las mujeres, y en ocasiones, se intentó la amputación del pene para prevenir la masturbación en los hombres. Ocasionalmente se recomendó la castración. Más popular, sin embargo, fueron los dispositivos mecánicos que el interesado podría adquirir; una gran cantidad de éstos fueron enumerados bajo la categoría de artefactos médicos en la Patent Office records de los Estados Unidos, incluyendo diversas clases de dispositivos con dientes metálicos diseñados para prevenir la erección en el hombre y diversas clases de guardias para ser usadas alrededor de los genitales de la mujer. Había dispositivos especiales para los pacientes en instituciones mentales, incluyendo un par de guantes únicos que impedían al paciente tocar sus genitales. Hubo incluso un dispositivo para impedir que el cubrecamas llegara a entrar en contacto con las áreas sensibles.66
Los creadores del sistema estaban intentando usar el conocimiento científico para preservar el status quo de las actitudes tradicionales no sólo hacia los temas sexuales sino también al sexo o a las funciones del género. Las mujeres eran el sexo más débil, apartado por la biología para dar a luz niños como se demostró en sus menstruaciones. Los médicos estadounidenses, en particular, recalcaron que la menstruación en sí hizo a las mujeres creaturas especiales, algo que los hombres médicos podrían declarar con impunidad porque tan poco se conoció acerca de ello. Aunque hubo una creencia creciente de que la ovulación y la menstruación estaban conectadas,67 existía incertidumbre sobre si la aparición de la menstruación determinaba la ovulación o si venía después. Incluso a finales de 1890, cuando la primera obra experimental que conducía a la comprensión de las hormonas humanas estaba teniendo lugar, los médicos estadounidenses estaban todavía tratando la pregunta de si los ovarios desencadenaban la menstruación, si el útero era un órgano independiente y cumplía la función menstrual sin ayuda externa, o si las trompas de Falopio eran responsables del flujo mensual.68
En 1861, E. F. W. Plüger (1829-1910) demostró que la menstruación no tuvo lugar en las mujeres cuyos ovarios se habían extraído, un resultado que reforzó la teoría ovárica pero no concluyó el debate sobre la fisiología de la menstruación, como Pflüger formuló una hipótesis de que había un estímulo mecánico de los nervios por el folículo creciente que era responsable de las congestiones y de la hemorragia menstrual. Esto le llevó a que alegara que la menstruación y la ovulación ocurrían simultáneamente.69 No fue hasta el siglo XX, cuando la fisiología de las hormonas se conoció mejor, que la sincronización de la ovulación y los estímulos implicaba ser comprendida plenamente (ver capítulo 5). Entretanto, la teoría de Pflüger de que la estimulación nerviosa desencadenaba la menstruación fue aceptada ampliamente.
La teoría misma no fue poco razonable, basada en las observaciones de la influencia del estrés y la tensión en la irregularidad menstrual. Pero muchos no estaban contentos sencillamente de ver ésto como una explicación posible de la menstruación. En lugar de eso, lo usaron para erigir nuevas teorías acerca de la naturaleza y la finalidad de la mujer. Los líderes en la teorización eran los hombres que parecían estar la mayoría amenazados por las relaciones cambiantes entre los sexos que estaban teniendo lugar en el siglo XIX. Un indicador de este cambio fue la demanda exitosa por las mujeres por entrar en los colegios universitarios y en las universidades, algo que se les había prohibido anteriormente. Exigencias y cambios similares estaban ocurriendo en otras partes del mundo occidental, y esta nueva generación de mujeres educadas buscó entrar en todas las profesiones de hombres. Las escuelas de medicina se encontraron bajo ataque por fallar al no admitir a las mujeres, y unas pocas mujeres como Elizabeth Blackwell hicieron gestiones para recibir adiestramiento médico, algo a lo que el rango y el archivo de la profesión médica se oponía, algunos de ellos con gran hostilidad. Fue en esta situación que Edward H. Clarke (1820-77), un médico en la Universidad Médica de Harvard se opuso a la entrada de las mujeres en su profesión, dispuesto a demostrar por qué las discapacidades menstruales debían hacer a las mujeres inelegibles para la educación superior.
En 1873, Clarke escribió que aunque las mujeres tenían indudablemente el derecho de hacer todo lo que ellas fueran capaces físicamente, la fisiología de ser mujeres ponía límites naturales en sus oportunidades, incluyendo la de asistir a la universidad. Explicó ésto al declarar que mientras el hombre se desarrollaba en forma sostenida y gradualmente desde el nacimiento a la virilidad, la mujer, en la pubertad, tenía un periodo súbito y único de crecimiento cuando el desarrollo del sistema reproductivo tenía lugar.70 Esto, dijo (siguiendo a Pflüger), involucró exigencias especiales en el sistema nervioso femenino, porque tenía que trabajar no sólo al desarrollar el cerebro, como pasaba en los hombres, sino también al desarrollar los órganos reproductivos. Esto hizo a la mujer diferente del hombre, cuyo sistema nervioso podría concentrarse exclusivamente en el desarrollo intelectual. Luego alegó que porque el sistema nervioso no podía hacer "dos cosas bien al mismo tiempo" era importante para la mujer entre las edades de doce y veinte concentrar la mayoría de su energía en el desarrollo de su sistema reproductivo. Esto implicaba que las mujeres no debían dedicar mucho tiempo a la educación superior, porque si lo hacían, las señales de los órganos de reproducción en desarrollo serían ignoradas a favor de las que provenían del cerebro demasiado activo.
Hubo más para su discusión que este breve resumen, pero Clarke con el tiempo concluyó que las mujeres que se concentraban en la educación en lugar del desarrollo de su sistema reproductivo experimentaban cambios mentales. No poseyendo los atributos físicos de los hombres, tendieron a perder sus instintos maternos y se tornaron gruesas y fuertes, con el resultado de que una clase nueva de seres humanos sin sexo parecidos a los eunucos estaba apareciendo entre las mujeres. Para resolver este problema alarmante, recomendó la separación estricta de los sexos durante la educación, en particular después de la escuela primaria. Instó a que las escuelas femeninas proporcionaran tiempos periódicos de descanso para las estudiantes durante sus periodos menstruales. Las mujeres jóvenes también tendrían horas de estudio más cortas, porque eran por naturaleza débiles y menos capaces de terminar.

 

Una niña no puede gastar más de cuatro, o, en casos especiales, cinco horas de fuerza diariamente sobre sus estudios y dejar el margen suficiente para el crecimiento físico general que ella debe hacer.... Si pone tanta fuerza en su educación cerebral como un niño, el cerebro o el aparato especial [es decir, el sistema reproductivo] sufrirá.71


Inevitablemente, concluyó "renuentemente" que las mujeres no podían ser admitidas en la Harvard Medical School o cualquier competencia intelectual con hombres no sólo por su propia protección sino para la preservación del género humano.
Aunque parece obvio al lector de hoy que Clarke estaba usando sus propias preferencias y prejuicios para construir una teoría de inferioridad femenina, no fue tan evidente para sus contemporáneos que se suscribieron a la verdad desapasionada de la ciencia.72 Incluso aquellos médicos que desafiaron la asociación de la menstruación con el desarrollo del sistema nervioso, lo reemplazaron sencillamente con otras teorías que enfatizaban la inferioridad y la inestabilidad femenina. Éste fue el caso de la teoría de la "onda menstrual" de John Goodman,73 que fue usada por George J. Englemann (1847-1903) en su dirección presidencial antes de que la American Gynecological Society en 1900 instara a que las escuelas para niñas deberían tener cuidado de la "inestabilidad y sensibilidad de la niña durante las ondas funcionales que impregnan su ser completo" al proporcionar descanso durante los periodos menstruales.74
Espantado de que Clarke y otros podrían ser instituciones correctas, educacionales que ya habían admitido a mujeres, como la Universidad de Wisconsin, trató de proteger la feminidad de sus mujeres estudiantes en 1877 al observar oficialmente como Wisconsin hizo que "cada fisiólogo sea bien consciente que en los momentos declarados, la naturaleza impone una gran exigencia sobre las energías de las mujeres anteriores y que en estos momentos debe ser ejercido gran cuidado por miedo a que la lesión ocurra". Aunque la educación para las mujeres se desea, "es mejor que las futuras matronas del estado deban estar sin un adiestramiento universitario a que deba producirse el gasto espantoso de la salud arruinada; mejor que las futuras madres del estado deban ser mujeres robustas, saludables, a que, por medio del estudio, impliquen a través de sus descendientes los gérmenes de la enfermedad".75 Quizás fue debido a los temores despertados en las mujeres jóvenes como un resultado de tales ideas que un número de mujeres fueron las pioneras en la investigación sexual estadounidense. Fue sólo al debilitar las suposiciones estándares acerca del sexo que las mujeres podrían alegar que no eran víctimas de una discapacidad natural.
Dado que la investigación sexual moderna empezó en este entorno, no es por lo tanto sorprendente que uno de los problemas que se tuvo que superar fue esta actitud. Algunos como, que el supuesto investigador sexual tenía que encontrar alguna justificación para desafiar el modelo de creencia predominante sin amenazar su imagen profesional. En un sentido, gran parte de la bibliografía de asesoramiento sexual del siglo XIX podría ser considerada como una reacción a los retos de la industrialización y la urbanización. Era una clase de mitologización de un pasado que nunca había existido combinado con la esperanza y expectativa de que si la tendencia a la inmoralidad sexual tan constante se mantenía en el descaro, el futuro sería mejor. Aunque se reclamó la ciencia como la fuente de sus conclusiones, fue esencialmente una nueva clase de moralización en que el sexo había reemplazado al diablo y se había convertido en el símbolo del mal. Según se indica en la introducción, la urbanización creciente planteó nuevos problemas e hizo a los observadores más conscientes de los pecados de la carne que se manifestaron en las aldeas y pueblos rurales de años anteriores. La concentración creciente de la población permitió lo que podría haber sido un caso aislado en el pueblo convertirse en la conducta de numerosos individuos en la ciudad. Sin duda, aumentó el número de prostitutas, pero también lo hizo más fácil para individuos homosexuales encontrarse unos con otros y darse cuenta de que no estaban solos en el mundo.
La industrialización también condujo a un vasto desplazamiento de personas que carecían del apoyo familiar y grupos de censura de que habían existido en un universo más encapsulado. Las ciudades crecientes no eran al principio centros para la vida familiar; en cambio, atrajeron a nuevos inmigrantes, principalmente masculinos, quienes estuvieron a la altura de sus impulsos sexuales y quienes fueron mucho menos observadores de las prohibiciones intelectualizadas contra el sexo que las mujeres. Es más, fue un tiempo de un doble estándar, e incluso San Agustín, que fue la persona más antisexual, de los primeros padres de la iglesia, había argumentado que la prostitución era un mal necesario; así como tenía que haber alcantarillas para llevar la suciedad de la ciudad, así tenían que existir las prostitutas para llevar lejos los males del sexo, protegiendo de ese modo a las mujeres buenas y previniendo a aquellos que volvían de las prostitutas a mezclarse con los otros. Estos problemas no eran nuevos; habían existido en la Roma del tiempo de San Agustín, habían aparecido en Florencia y Venecia en el siglo XV y habían existido en Londres y París en el siglo XVIII, pero se volvieron mucho más diseminados y universales en el siglo XIX. A los tribunales de la ley se les exhortó a que trataran diversas clases de comportamientos sexuales que hubiesen ignorado anteriormente y acerca de los cuales conocían poco. Los jueces y las autoridades políticas deseaban y necesitaban información, y se dirigieron a la profesión médica para la asistencia. La investigación sexual moderna empezó entonces con lo que las personas de la época llamaron "perversiones" y "degeneración", que, según se recalcó, podrían interpretarse como casi todo el comportamiento sexual. Se creyó que si la ciencia pudiera arrojar luz en estas acciones, podrían eliminarse. Había una conciencia de que la sociedad moderna era de cualquier forma diferente del pasado y que nuevas soluciones podrían ser necesarias.
Uno de los primeros ejemplos en el campo sexual del intento de usar datos científicos fue en el área de la prostitución. Al menos en algunos países, los administradores del gobierno y los cuerpos legislativos, motivados por un nuevo sentido de la responsabilidad del bienestar de la ciudadanía, no sólo al proteger a las mujeres en la comunidad sino al intentar limitar la propagación de las enfermedades de transmisión sexual, habían racionalizado el control de la prostitución a un grado notable. En París, establecieron las normas municipales, los sistemas de registro, y exámenes de enfermedades venéreas, todo bajo la dirección de la policía de moral. Los médicos tomaron parte en el programa de forma discreta al principio, a causa de una decisión administrativa en 1802 de proporcionar establecimientos para examinar a las prostitutas públicas por enfermedades venéreas; poco después de ésto, tales exámenes se hicieron obligatorios. Lo que esta legislación de París hizo fue enlazar el sistema antiguo de toleración del mal necesario con un método organizado del control de enfermedades, se copió ampliamente por otras jurisdicciones gubernamentales europeas.76
No fue suficiente, sin embargo, sencillamente establecer nuevos reglamentos o instituciones; existía también la inquietud de cómo estaban trabajando. El médico era la persona natural para dar respuestas, ya que tanto la inquietud creciente sobre los temas de salud pública y la larga tradición establecida de la redacción médica sobre la sexualidad dieron al médico el estado del experto en una sociedad que fue a menudo ambivalente acerca de las discusiones abiertas de los asuntos sexuales. Tal ambivalencia, sin embargo, no significó que el público no estaba interesado en ganar la información acerca del sexo, que parecía minar la moralidad pública.77
La prostitución especialmente necesitaba un estudio objetivo, y fue la investigacion del médico Jean Baptiste Parent-Duchâtelet (1790-1836) sobre la vida de las prostitutas en París que podría ser considerada como la tentativa pionera de la investigación de la ciencia social moderna en los temas sexuales. Parent-Duchâtelet fue el higienista público principal de la primera mitad del siglo XIX, un miembro del Consejo General de Salubridad de París; y un redactor fundador y colaborador para los Annales d’Hygiène Publique et de Médicine Légale. Aunque principalmente un experto en aguas residuales y eliminación de desechos, Parent-Duchâtelet condujo un estudio de la prostitución que, cuando se publicó póstumamente, hizo su reputación. Inició su estudio en un esfuerzo para ir más allá de la medicina tradicional y, en sus palabras, traer los métodos de la ciencia al estudio de las personas.78
Con este fin, recopiló la información acerca de las 3.558 prostitutas matriculadas de París (excluyó las prostitutas clandestinas, de media jornada y las aficionadas). Encontró que la prostituta inscrita estaba en su adolescencia pasada o a principio de sus veinte, analfabeta, pobre, probablemente ilegítima o de una familia destruída y probablemente se había considerado ella misma como una prostituta durante un periodo relativamente breve. Estaba también dispuesta a dejar la prostitución si algo mejor acontecía, un descubrimiento que había aparecido más o menos sistemáticamente en la investigación sobre la prostitución en la cultura occidental durante más de 150 años. Hoy, este tipo de investigación probablemente sería emprendida por un sociólogo, no un médico, pero la Sociología y las Ciencias Sociales todavía no habían surgido como campos independientes o especializados del estudio, y el médico estuvo en condiciones de explorar tales temas, porque él o ella era el experto en los asuntos sexuales.79 El sexo, después de todo, era una parte de la Anatomía y la Fisiología, y aunque los médicos siempre habían mencionado el tema en sus redacciones, habían compartido la pericia en el pasado con sacerdotes y abogados canónicos. En la nueva era de la ciencia, sin embargo, era el médico como científico que el público recurría para los datos.
Muchos médicos respondieron, como el estadounidense William Sanger posteriormente hizo, porque se interesaban por temas de salud pública, en particular el problema de las enfermedades de transmisión sexual. Aunque era quizás algo estigmatizante para el médico varón quien estudiaba a las prostitutas, no era un tema que provocaría que alguien dudara de su masculinidad. Este no fue el caso de la homosexualidad, no obstante era la homosexualidad más que la prostitución que consolidaba la posición del experto médico. El desarrollo principal en este campo, sin embargo, tuvo lugar en Alemania, y fue como resultado de las consecuencias de estos estudios que puede decirse que la Sexología moderna comenzó.
Los miembros de la comunidad médica de habla alemana habían demostrado ya en el siglo XVIII interés en la conexión entre los trastornos físicos y los problemas sexuales. Este interés estaba sobre una base algo diferente a la de Tissot, porque los médicos alemanes estaban más interesados en clasificar que lo que le interesaba a Tissot. 80 Esto significó que estos primeros investigadores enfrentaban un problema mayor y fue definir el tipo de comportamiento sexual que a ellos les interesaba. Ésto fue particularmente importante para quienes se ocupaban de la Medicina forense, porque ellos fueron exhortados a informar a los tribunales. Johann Ludwig Casper (1796-1864), cuyas redacciones sobre Medicina forense fueron leidas ampliamente y traducidas, describió las dificultades que encontró con el término pederastia, a menudo usado en las trabajos médicos y en los tribunales para describir las actividades del mismo sexo. Casper sostuvo que tal uso era erróneo, porque los deseos y las prácticas del mismo sexo existían entre los individuos adultos y no sólo entre los adultos y los niños. De igual manera, sintió que la palabra sodomia, a menudo usada como un término colectivo en los tribunales y en las redacciones médicas, debería ser limitada a la bestialidad. 81 Aunque siguió sosteniendo que era necesaria más precisión por los médicos para hacer diagnósticos exactos, dejó de incluir cualquier diagnóstico preciso en las diversas ediciones de su manual sobre Medicina forense, probablemente porque él mismo se sintió inadecuado para hacerlo.82
Los mismos escritores médicos fueron impedidos por su falta de conocimiento acerca de las variaciones en el comportamiento sexual, y la mayoría de ellos quienes escribieron acerca de esto fueron lo que quizás se llamen anticuarios de la sexualidad. Reunieron principalmente un número de diferentes casos acerca de diversos fenómenos sexuales, principalmente de la historia y algunos de su propia práctica. Para explicar tal comportamiento, muchos pasaron a mediados del siglo XIX a los criterios filosóficos de Arthur Schopenhauer (1788-1860), quien sostuvo una opinión determinística de la acción y motivación humana. Lo que una persona hizo o hace era necesariamente una expresión de su voluntad interna y por lo tanto fue fija e inalterable. Para Schopenhauer, un acto sexual indebido era un acto en el cual una persona al expresar su propia voluntad negaba o inhibía la voluntad del otro. La justicia constaba de la abstención de tales actos lesivos. Lo que estos primeros sexólogos alemanes no hicieron fue cualquiera de los tipos de análisis asociados con el mejor ejercicio de la Medicina de la época. Sin embargo, incluso el enfoque de Schopenhauer establecía una receptividad para investigar en el área de la sexualidad.
El impulso final para más investigaciones médicas intensas provino de los individuos en la comunidad homosexual alemana. Aunque la actividad y el deseo homosexual han existido, creo yo, en cada sociedad y periodo de tiempo, el concepto de la homosexualidad es uno del siglo XIX. La aceptación de la noción implica que los homosexuales son diferentes de otros, que la homosexualidad es "poseída" por algunas personas y no otros, 83 una noción que se adecúa con las ideas de Schopenhauer.
Muchos de estos hombres y mujeres que estaban atraídos por miembros del mismo sexo acabaron en los tribunales jurídicos por una razón u otra, mientras otros hicieron su apariencia en la consulta del médico.
Tanto el estado como los médicos deseaban respuestas de cómo tratar con tales individuos. En este sentido, las áreas de habla alemana probablemente no eran diferentes de otras áreas de Europa o América. Sin embargo, Alemania estaba en vías de unificación bajo la hejemonía prusiana, y las leyes prusianas sobre la actividad del mismo sexo eran diferentes de las de otras áreas de Alemania. Gran parte de Alemania occidental había sido influida por los cambios en el derecho civil labrado por el código napoleónico, que no dijo nada acerca de las relaciones del mismo sexo pero se concentraba en tales cosas como la edad del consentimiento y el uso de la fuerza para definir la conducta ilegal.84 El código prusiano, por otro lado, hizo de la sodomía un delito, y esto se interpretó por incluir actividades con el mismo sexo. Este temor de un cambio posible en la situación jurídica a través de la incorporación de sus áreas domiciliarias en Prusia alentó a algunos homosexuales a que fueran muy expresivos. La figura principal en centrarse en esta inquietud fue Karl Heinrich Ulrichs (1825-95), quizás "autoproclamado" el primer homosexual moderno del mundo".85 El resultado de sus esfuerzos y sus implicaciones para la investigación sexual son los temas del próximo capítulo.



2
HOMOSEXUALIDAD Y OTROS FACTORES
QUE DIERON LUGAR A LA INVESTIGACIÓN SEXUAL

KARL HEINRICH ULRICHS

Karl Heinrich Ulrichs, la figura seminal que dio lugar al nuevo pensamiento e investigación sobre el amor hacia el mismo sexo, nació el 28 de agosto de 1825, en Westerfeld, Frisia Oriental, en Hanover. Provino de una larga línea de pastores luteranos, y tanto el hermano de su madre como su padre sirvieron como tales y posteriormente una de sus hermanas se casó con un pastor. Su padre era un arquitecto al servicio del gobierno real de Hanover y murió como resultado de un accidente en un sitio de construcción cuando Ulrichs tenia diez años. Ulrichs asistió a la Universidad de Göttingen durante dos años, después que se transfirió a la Universidad de Berlín. En 1847, realizó su examen para convertirse en un funcionario público en Hanover y empezó a ascender en rangos hasta que renunció repentinamente en 1854, probablemente a causa de un incidente homosexual.
Cuando se volvió más consciente de su homosexualidad, él, como muchos homosexuales tanto antes y después de él, empezó una investigación de la atracción hacia el mismo sexo en un intento por encontrar respuestas. Primero intentó explicarlo en términos del magnetismo animal, basando sus ideas en las teorías más tempranas y generalmente descartadas, de Friedrich Anton Mesmer (1733-1815). Mientras más estudiaba, más importante se convertía la investigación en el tema para él. En febrero de 1862, escribió una afirmación autobiográfica que depositó bajo sello en el Freies Deutsches Hochstift für Wissenschaften, Künste, und Algemeine Bildung (Fundación Alemana Libre para la Ciencia, el Arte y la Cultura General) en Francfort, a la cual perteneció. En la información, que ha sobrevivido, recalcó la necesidad de investigar y propagandizar sobre el amor hacia el mismo sexo. El primer paso necesario para él fue dar a conocer su homosexualidad, y en junio de ese mismo año, le dijo a su hermana Ulrike que a él le atraían otros hombres, una afirmación a la cual ella reaccionó inicialmente con considerable hostilidad. No disuadido por su reacción, determinó que tenía que hacer campaña para los derechos de los homosexuales.
Como uno de sus primeros esfuerzos, decidió que debía ir a la defensa de un conocido, Johann Baptist von Schweitzer, quien había sido detenido por una acusación moral. Dos mujeres habían rendido cuentas a las autoridades de que habían oído a Schweitzer hacerle una propuesta sexual a un niño no identificado de catorce años de edad en el jardín de un castillo. Aunque el niño nunca se presentó, Schweitzer fue condenado sobre la base del testimonio de las dos mujeres y sentenciado a dos semanas de carcel.* Ulrichs, inmediatamente después del arresto y sin preguntar a Schweitzer, empezó a planificar una defensa, pero no fue utilizada. Este fracaso sólo recalcaba a Ulrichs que los homosexuales tenían que identificarse ellos mismos públicamente. Aunque su hermana estaba todavía instándole a cambiar sus maneras al buscar la ayuda de Dios, sintió esencial anunciar su homosexualidad a su familia. En septiembre de 1862, le envió otra carta a su hermana, pidiéndole hacerla circular a otros miembros de la familia. En ella defendió su homosexualidad como natural y dijo que porque Dios le había dado su tendencia hacia el mismo sexo, tenía el "derecho de satisfacerla".
1 También empezó a trabajar en la primera de sus monografías sobre el amor hacia el mismo sexo, que se publicó en 1864. Con el tiempo escribió un total de doce folletos. Los cinco primeros fueron escritos bajo su seudónimo, "Numa Numantius", pero los posteriores, a partir de 1868, aparecieron bajo su propio nombre cuando salió públicamente del armario en el cual los homosexuales se habían escondido. El duodécimo folleto apareció en 1879.2 La sincronización de Ulrichs fue fortuita porque muchos en la comunidad científica-médica estaban buscando explicaciones acerca de la variación sexual que iba más allá del modelo del pecado bíblico o que podría explicar mejor las diferencias que la tesis de masturbación de Tissot.

 

* A pesar de su convicción, que quizás haya estado bien motivada políticamente, porque él estaba asociado con la política de izquierda, Schweitzer siguió estando activo en la política. Posteriormente se convirtió en un demócrata social principal así como un escritor prominente de las comedias populares para el escenario.

TEORÍA Y ACTIVIDADES DE ULRICHS

Las redacciones de Ulrichs, que distribuyó a diversos profesionales, sirvieron como la base para los investigadores que estaban esforzándose por comprender la homosexualidad. Ulrichs propuso una mezcla confusa de datos mitológicos, literarios, históricos, fisiológicos y otros, así como sus propias creencias y experiencias personales para explicar el amor y la atracción hacia el mismo sexo. En todas sus redacciones, alegó que lo que con el tiempo llegó a llamarse homosexualidad en los hombres fue debido a un fuerte elemento femenino en tales hombres y este elemento había estado presente en ellos desde su nacimiento. Tal persona con el tiempo llegó a llamarse un urano, un término que derivó del habla de Pausanias en el Simposio de Platón:

 

Todos nosotros sabemos que el amor es inseparable de Afrodita, y si hubiese sólo una Afrodita habría sólo un amor; pero como hay dos diosas debe haber dos amores. ¿Y no estoy en lo correcto al afirmar que hay dos diosas? La anciana, no teniendo ninguna madre, que es llamada la Afrodita celestial -es la hija de Uranus; la más joven, que es la hija de Zeus y Dione- a ella que llamamos común.... El amor que es la progenie de la Afrodita común ... suele ser de mujeres.... Pero la progenie de la Afrodita celestial se deriva de una madre en cuyo nacimiento la mujer no tiene parte.... Aquellos que están inspirados por este amor se vuelven hombres.3


Según la mitología griega, la vida había empezado cuando Gaea (Tierra) y Uranus (Cielo) rompieron el huevo de plata formado en el éter divino. Los dos elementos copularon, dando a luz a Cronos y otros Titanos. Uranus, sin embargo, aborreció a los niños, y a los que nacieron, los confinó en Tartarus, un lugar debajo de la tierra, tan lejos por debajo de Hades como estuvo el cielo anteriormente. Con el tiempo, se rebelaron, y Uranus fue castrado y destronado por Cronos, el padre de Zeus, Poseidón y Hades, entre otros. Uno de los niños de Uranus fue Afrodita, quien provino a la vida de la recolección de espuma alrededor de sus miembros y por lo tanto no nació de una mujer.4
Ulrichs asumió que todos los uranos fueron como él mismo y que cualquier amor que se diriga a un hombre, aunque sea por otro hombre, es necesariamente un amor de mujer. Esto le sugirió a él que la fuente de tal sentimiento en un hombre debe rastrear a un fuerte componente femenino en este hombre. Argumentó que asi como el hermafrodita era una criatura de Dios y parte de la naturaleza, así lo eran los uranos. Sostuvo que los sexos en el útero eran los mismos hasta una cierta etapa del desarrollo, después de la cual ocurría una división triple en masculina, femenina y urano (o urningin, la contraparte femenina), este último grupo que estaba constituído por los individuos que tuvieron las características físicas de un sexo pero cuyo instinto sexual fallaba al corresponder a sus órganos sexuales. El resultado era una inversión de los deseos sexuales. Ulrichs también creía que se había exagerado la línea de la diferenciación entre los hombres y las mujeres; como prueba, señaló que los hombres normales tenían mamas rudimentarias y las mujeres normales un pene rudimentario. Muchas personas, no sólo los hermafroditas, dejaron de desarrollarse a lo largo de las líneas esperadas, y asi parece fácilmente comprensible para él, y pensó que debe ser para otros, por qué una persona quizás tenga el cuerpo de un sexo y el alma de otro.
Aunque sus familiares habían tratado de desanimarlo de la difusión de sus ideas públicamente, explicó,

 

Creo que debo ello a mis pobres camaradas-en-destino y, desde mi punto de vista, inocentemente perseguidos. Compartí mi idea con varios de ellos y creen la publicación una necesidad urgente. Por mi parte, también, siento la necesidad finalmente de presentar abiertamente una justificación de mí mismo contra todas las humillaciones que se han colocado sobre mí hasta ahora, contra lo que no sé que más señalar.5


Ulrichs tenía planes ambiciosos para seguir la publicación de sus primeros cinco folletos con una organización para uranos e incluso un periódico dedicado a las sincronizaciones. Peticionó el congreso sobre la ley alemana celebrado en Graz en 1865, instando la abrogación de los artículos en el código prusiano que trataba la homosexualidad. Esta petición había sido rechazada por los organizadores como no apropiada por la consideración en el congreso.
Sus actividades se interrumpieron mediante la invasión y anexión prusiana de Hanover en 1866. Ulrichs habló claro públicamente contra esta acción y fue dos veces encarcelado. Desterrado de Hanover en su liberación de la prisión en 1867, Ulrichs fue a Munich a reanudar su lucha anterior. No disuadido mediante su negativa de 1865, nuevamente peticionó ser escuchado en el congreso de Munich en 1867 sobre la ley alemana. Aunque se negó su solicitud, le dejaron protestar formalmente la exclusión de su propuesta en la reunión de cierre de la asamblea general el jueves 29 de agosto. Empezó por recalcar la necesidad de uniformidad legal, y con este fin, les instó a los juristas alemanes para seguir el código napoleónico al tratar con una clase específica de personas "a que muchos de los intelectos mayores y más nobles de nuestro y otras naciones han pertenecido". A esta altura, su discurso fue interrumpido por los silbidos, y dejó la plataforma sin presentar formalmente su plan. Después del incidente, sin embargo, Ulrichs descontinuó el seudonimo de Numa Numantius y pasó al uso de su propio nombre, una acción que lo hace el primer hombre homosexual fuera- del anonimato en la historia moderna.6 Sus intentos en los congresos legales alemanes para adquirir el reconocimiento legal para los homosexuales son hoy también considerados por los homosexuales como la marca del comienzo del movimiento público para la emancipación homosexual.7

LA INFLUENCIA EN LA COMUNIDAD MÉDICA

Ulrichs buscó aliados en todas partes, en particular en la comunidad médica. En 1867, creyó que había encontrado precisamente tal aliado en Richard von Krafft-Ebing, quien ya había escrito sobre la necesidad por la investigación científica de aquellos comportamientos sexuales actualmente siendo tratados en los tribunales alemanes.8 Promovido por el tono de la redacción de Krafft-Ebing, Ulrichs le envió sus propias publicaciones sobre homosexualidad, y éstas ayudaron a los conceptos en foco de desarrollo de Krafft-Ebing de la homosexualidad y otros comportamientos estigmatizados. Algunas indicaciones de la influencia de Ulrichs en Krafft-Ebing se indica en una carta que Krafft-Ebing le escribió el 29 de enero de 1879:

 

El estudio de su redacción sobre el amor entre hombres me interesó en el grado más alto. .. desde que usted. .. por primera vez habló abiertamente acerca de estos asuntos. A partir de ese día, -creo fue en 1866 - cuando usted me envió su redacción, he prestado mi atención total a este fenómeno que en el momento fue tan enigmante para mí como interesante; fue sólo el conocimiento de sus redacciones el cual condujo a mis estudios a este campo sumamente importante.9


Carl Westphal (1833-90) también estuvo influenciado por las redacciones de Ulrichs, el médico generalmente dio crédito para poner el estudio de la expresión sexual estigmatizada sobre una base "científica" con su artículo de 1869 en el Archiv für Psychiatrie und Nervenkrankheiten (Archivo para Psiquiatría y enfermedades nerviosas).10Westphal describió con todo detalle dos casos: el primero fue de una mujer joven quien desde sus primeros años gustaba vestirse como un niño y se interesaba por los juegos de niños y que se encontraba ella misma atraída sólo por las mujeres; el segundo fue el de un hombre que deseaba usar la ropa de mujeres y desempeñar la parte de una mujer. En el intento de dar una categoría de diagnóstico a estos casos, Westphal acuñó la frase Konträre Sexualempfindung, generalmente traducido como el "sentimiento sexual contrario". A pesar del nuevo término, Westphal basó sus suposiciones en las teorías de Ulrichs. Citó el trabajo inicial de Ulrichs y conocía el término urano. Westphal también estuvo de acuerdo con Ulrichs que tal "anormalidad" podría ser congénita, no adquirida, y que en tales casos, no debería llamarse una anormalidad. Todavía, Westphal recalcó que era posible sólo en unos pocos casos aislados ser un homosexual sin síntomas patológicos, aunque su ilustración de estos casos permitió más excepciones que podrían aparecer en la superficie. Declaró, por ejemplo, que aunque hay robos, asesinatos y aberraciones sexuales patológicas, hay también casos no patológicos del robo, del asesinato y del comportamiento sexual variante. En realidad, predijo que si alguna vez la sección 143 del código legal prusiano que condenaba la homosexualidad se derogara y el "fantasma" del encarcelamiento se eliminara como una amenaza, muchos más homosexuales vendrían a la oficina del médico para el tratamiento. Aquí, en su opinión, era donde deberían ir en vez de a la prisión. El trabajo de Westphal marca el comienzo de la medicalización de la homosexualidad, y aunque las redacciones de Ulrichs habían servido de base para la información y conceptualización, los científicos como Westphal encajaron aquellas ideas en su propio enfoque orientado a la enfermedad.
Ulrichs con el tiempo llegó a considerar a Krafft-Ebing y Westphal como adversarios, sosteniendo que sus observaciones habían provenido principalmente del trabajo con individuos en manicomios o cárceles y que nunca habían visto uranos saludables. No obstante, ambos adoptaron esencialmente el núcleo de la teoría de Ulrichs, es decir, la naturaleza congénita de al menos algunas formas de la homosexualidad.
Sin embargo, no fue el término de Ulrichs, o las variantes, o aún el concepto de Westphal del instinto sexual contrario que ganó sino, más bien, se desarrolló por otro autonombrado defensor de la homosexualidad: el escritor húngaro alemán Karl Maria Benkert (1824-82), quien en 1847 fue autorizado formalmente a usar el nombre noble de su familia - Károly Mária Kertbeny. Es como Kertbeny que se conoce más en general. La primera apariencia de las palabras homosexualidad y heterosexualidad aparece en el borrador de una carta privada que Kertbeny escribió a Ulrichs el 6 de mayo de 1868.11 De 1869 a 1875, Kertbeny vivió en Berlín, y durante ese tiempo allí también publicó dos folletos anónimos que promovían la derogación de la sección 143 del código legal prusiano y, más importante, se oponían a la adopción de él como sección 152 por la Confederación Alemana del Norte. En estos folletos, usó los términos Die Gleichgeschlechtlichen ("los del mismo sexo") y Der Gleichgeschlechtlicher Akt ("el acto del mismo sexo") así como la palabra homosexual, que acuñó para distinguir a tales individuos de los que fueron heterosexuales.12 Kertbeny no estaba particularmente interesado en qué causada la homosexualidad sino en conseguir las barreras legales contra la homosexualidad eliminada. Escribió, "Tanto como nos orgullecemos de nosotros mismos que el nuestro es un tiempo en que las reglas de la ciencia, en que ningún enigma de la naturaleza se queda sin resolver, debemos admitir con vergüenza precisamente con respecto al enigma evidente de la naturaleza que la investigación científica, con una mojigatería celebrada sólo aquí, no se ha acercado hasta ahora ningúna vez al tema". 13
Kertbeny no probó más exitosamente que Ulrichs al influir los legisladores alemanes y después de la unificación de Alemania en 1871, el párrafo ofensor que se convirtió en la sección 175 del código legal imperial alemán. Pero fue exitoso en otro aspecto. El término homosexualidad, con el prefijo griego injertado sobre la palabra de la raíz latina, fue adoptado y popularizado por Krafft-Ebing, y en consecuencia, el término se distinguió de otras actividades y comportamientos con los cuales había sido agrupado anteriormente, incluyendo la bestialidad, la sodomia y la pederastia. Por un tiempo, el término de Westphal sentimiento sexual contrario fue usado por algunos escritores médicos y científicos, incluido Albert Moll, pero con el tiempo se desistió de este término debido a su imprecisión. Aunque los términos de Ulrichs fueron más precisos, su nomenclatura se había tornado cada vez más complicada a medida que acuñó nuevas palabras para describir varias formas de comportamiento. Sus términos también se asociaron con ciertas suposiciones acerca del amor hacia el mismo sexo con el cual un investigador podría sentirse incómodo. Otros términos también se usaron, como inversión sexual de Havelock Ellis, y por un tiempo, el término tercer sexo fue popular; pero fue homosexualidad que fue adoptado como el término médico, principalmente debido a la influencia de Krafft-Ebing.

KRAFFT-EBING

El escritor médico sobre sexo más significativo de la última parte del siglo XIX fue Richard von Krafft-Ebing (1840-1902). Fue el mayor de cuatro niños nacidos en la aristocrática familia Krafft-Ebing de Mannheim y tuvo el título hereditario de Freiherr ("barón"). Su madre era la hija de un renombrado abogado de Heidelberg, y cuando Krafft-Ebing asistió a la Universidad de Heidelberg, vivió con sus abuelos maternos. Fue durante el tiempo en que vivió allí que desarrolló un interés intenso por los casos criminales que incluían el comportamiento sexual "anómalo", un tema de gran interés para su abuelo también. Para proseguir este interés, Krafft-Ebing cambió la medicina y se convirtió en un psiquiatra, o alienista -un término del siglo XIX usado para describir a aquellos pacientes con tratamiento mental. A la edad de treinta y dos, fue nombrado profesor de Psiquiatría en Estrasburgo y posteriormente ocupó posiciones similares en Graz y, en 1889, en Viena. Murió el 22 de diciembre de 1902, cerca de Graz.14
Edward M. Brecher, quien escribió un estudio popular de la investigación sexual moderna, consideró a Krafft-Ebing como un desastre no mitigado, un psiquiatra que, "sin un desmenuce de pruebas," comparó a un asesino de lujuria con un fetichista quien usó guantes blancos de niños o zapatos de tacón alto. Esto es un decomiso áspero e injustificado de Krafft-Ebing, quien intentó lo mejor para mantenerse al nivel de la última investigación sexual.15
Krafft-Ebing, sin embargo, fue sumamente un hombre de su propio tiempo. Aceptó el valor nominal de la creencia ampliamente reconocida de los peligros de la masturbación y creyéndola ser una fuente de enfermedades mentales y patología sexual. Incluso, como científico, también trató de incorporar en su sistema los últimos descubrimientos. Para hacerlo, combinó varias teorías predominantes del siglo XIX: la idea de que las enfermedades eran causadas por el sistema nervioso físico, la creencia de que había a menudo defectos hereditarios en este sistema (en consecuencia algunas formas de homosexualidad), y el concepto que degeneración puede ser resultado del sobre estresamiento del sistema a través de tales actividades como la masturbación. Distinguió entre las perversiones innatas y las

contraídas, pero con el tiempo sostuvo que las perversiones contraídas incluso podrían existir sólo cuando había debilidad hereditaria en el sistema nervioso, como la epilepsia. Alegó que había una fuerte asociación de un intenso instinto sexual con la epilepsia, que a menudo condujo a la perversidad sexual durante o después de un ataque. Aunque aceptó esta asociación, también recalcó que los que creían que el elemento epiléptico estaba presente en todos los casos de la "peculiaridad" de la vida sexual estaban equivocados.16 De hecho, brevemente antes de su muerte, escribió un artículo en el Jahrbuch für Sexuelle Zwischenstufen en el cual dijo que la homosexualidad no era una manifestación de degeneración o patología sino que podría ocurrir en sujetos normales de otra manera.17
Krafft-Ebing, en breve, estaba luchando para brindar mayor comprensión al campo de la sexualidad humana pero fue mucho más un prisionero de sus propias suposiciones culturales. Así, se podría añadir, fueron la mayoría de los otros científicos del tiempo. Charles Darwin, por ejemplo, también se suscribió a la idea de que el sexo formaba parte del sistema nervioso.18
A su crédito, Krafft-Ebing reconoció temprano la importancia del impulso sexual. La sexualidad para él era el "factor más importante en la existencia social, el incentivo más fuerte para el ejercicio del vigor y adquisición de la propiedad, para la fundación de un hogar, y el despertar del sentimiento altruista, primero para una persona, luego para las progenies y en un sentido mayor para toda la humanidad".19
No obstante, vio la finalidad esencial del sexo como reproducción y creyó que todas las actividades sexuales que carecían de esta finalidad máxima eran "prácticas anormales" y una perversión del instinto sexual, aunque tales perversiones a menudo fueran resultado de las características innatas. Es más, aunque el sexo era importante, la civilización había sido posible sólo por la moderación de la lujuria a través del altruismo y la restricción. La religión, la ley, la educación y la moralidad le habían dado a las personas civilizadas los medios para restringir sus pasiones, no obstante tanto hombres y mujeres estuvieron siempre en peligro de hundirse desde la altura clara del amor puro y casto en el fango de una sensualidad común. Para mantener la moralidad, hombres y mujeres tuvieron que luchar constantemente con los impulsos naturales: "Sólo los caracteres dotados de fuertes voluntades pueden emanciparse completamente de la sensualidad y participar en el amor puro desde el cual brotan las alegrías más nobles de la vida humana".20 Fue precisamente sobre tales suposiciones que Freud colocó la fundación del psicoanálisis, argumentando que en la lucha para emanciparse ellos mismos de la sensualidad, hombres y mujeres reprimieron sus impulsos sexuales en lugar de aceptarlos".
Para ilustrar sus teorías, Krafft-Ebing presentó un número de estudios de casos clínicos, 238 de ellos en la duodécima edición de su Psychopathia Sexualis.21 La homosexualidad fue sólo una de las cuatro categorías amplias de la variación sexual que Krafft-Ebing trató con todo detalle y a las cuales les dio nombres que todavía se usan. Las otras eran fetichismo, sadismo, y masoquismo, y sus intentos por analizarlas fueron similares. Si alguien había dado un nombre a un fenómeno, como lo hizo Kertbeny para la homosexualidad, y parecía un buen término para él, lo mantuvo. Leyó ampliamente lo que otros tenían para decir, recopiló sus historias clínicas y llegó a sus conclusiones.
Fetichismo, por ejemplo, era un término que había sido acuñado inicialmente por el psicólogo francés Alfred Binet (1857-1911).22 Krafft-Ebing adoptó el término pero no todas las suposiciones de Binet. Pasó a describir el comportamiento como la fascinación peculiar o poco razonable y el significado sexual que tenían los objetos, o sus partes o sencillamente sus singularidades, para algunos individuos debido a su asociación a algo más. Gran parte de tal asociación venía de las fantasías de la masturbación, un factor causal en el cual originalmente creyó con vehemencia, pero que posteriormente probó queriendo modificar un poco esta creencia.
Cuando no pudo encontrar ningún otro término apropiado, Krafft-Ebing acuñó el suyo. El término sadismo que pidió prestado de las actitudes expresadas en las novelas del Marqués de Sade (Donatien Alphonse Frangols de Sade, 1740-1814).23 Krafft-Ebing lo definió como un acto de excitación sexual (incluido el orgasmo) producido al infligir dolor. El masoquismo, lo definió como opuesto del sadismo, es decir el deseo de padecer dolor y someterse a la fuerza. Nuevamente se dirigió a una figura literaria para su término, esta vez a las redacciones del austríaco Leopold von Sacher-Masoch (1836-95), quien fue un historiador, dramatista y novelista. Las redacciones novelescas de Sacher-Masoch se convirtieron en estereotipos, casi siempre presentando a una mujer en pieles (tuvo un fetiche por la piel) quien, con un látigo, simbólico de la lujuria, hostigaba a su amante masculino para sus lujurias animales. En su clásico Venus in Pelz, Wanda y Gregor son, respectivamente, los participantes activos y pasivos en la flagelación,24 el vuelco de los rasgos de personalidad tradicionales, porque Krafft-Ebing sostuvo que el sadismo era una intensificación patológica del carácter masculino y el masoquismo una degeneración patológica del carácter femenino.
Krafft-Ebing también dio breves exposiciones sobre satiriasis, ninfomanía, necrofilia, incesto y pedofilia, pero estos temas principalmente se trataron en función de las implicaciones legales. La importancia de Krafft-Ebing para el estudio del comportamiento sexual fue el gran número de actos de variantes que presentó al público e hizo el tema de discusión pública. Esto fue contrario a sus intenciones expresadas, es decir, ayudar a sus médicos compañeros para hacer mejor frente con los problemas sexuales de sus pacientes y ayudar a los tribunales al tratar diversas formas del comportamiento sexual. En realidad, cuando se enteró que no sólo los profesionales estaban leyendo su libro sino también el público en general trató de hacer el libro más "científico" (y ¿oscuro?) al usar lenguaje más técnico y al poner las descripciones específicas de los actos sexuales en latín. Incluso con estos cambios, a menudo fue condenado por ahondar en la sexualidad humana como un científico y médico. La actitud característica, aún entre sus colegas, se expresó en un artículo de fondo de 1893 en la British Medical Journal acerca de una traducción al inglés de Psychopathia Sexualis:

 

Hemos tomado algún tiempo para considerar si debemos hacer mención a este libro o no y, al final, hemos decidido que la importancia del tema y la postura del autor hace necesario referirse a él. Creemos, que es único en la plenitud con que el tema ha sido tratado, pero nos preguntamos si necesita haber sido traducido. Alguien que desea estudiar el tema podría en el momento haber ido al original y algunos pueden estar dispuestos a ir aún más allá y lamentar que en su totalidad no había sido escrito en latín y por lo tanto velado en la obscuridad decente de un idioma muerto. Hay muchos temas moralmente repugnantes que tienen que ser estudiados por el doctor y por el jurista, pero mientras menos de tales temas sean traídos ante el público mejor.25

OTROS INVESTIGADORES MÉDICOS

Una vez que Westphal y en particular Krafft-Ebing establecieron la importancia del estudio médico de la sexualidad, otros médicos, promovidos por su ejemplo, se dirigieron al estudio del sexo a pesar de las manias de muchos de sus colegas profesionales. Alegaron generalmente que era esencial investigar el comportamiento sexual para tratar los problemas de los pacientes. Aunque la mayoría de ellos siguieron mirando gran parte del comportamiento sexual como patológico, no todos ellos estuvieron de acuerdo con la explicación de Krafft-Ebing. Una disconformidad principal surgió entre Krafft-Ebing y Binet, quien, usando el fetichismo como un ejemplo, argumentó que la apelación médica a la naturaleza hereditaria de las perversiones ignoraba la pregunta de cómo tales comportamientos habían sido adquiridos por los ancestros de un paciente dado. La extracción de las historias clínicas de Westphal y Krafft-Ebing así como aquellas de los alienistas franceses, como Jean-Martin Charcot (1825-93), Binet enfatizó las primeras experiencias de la infancia. Aunque reconoció que cada niño podría ser afectado de otro modo por la misma experiencia, sostuvo que había un "estado morboso" congénito en aquellos adultos perjudicados por una experiencia de la niñez.26 Para él, las principales formas de patología sexual - desde la homosexualidad hasta el fetichismo - fueron determinadas específicamente por sucesos de casualidad, y un fetichista podría haberse convertido en un homosexual, dada la exposición a un suceso determinante diferente.
Esta teoría, conocida como asociacionismo, fue posteriormente abandonada por Binet, quien avanzó para desarrollar la escala de inteligencia y convertirse en una persona clave en la Psicología funcional, un movimiento que intentó interpretar los fenómenos con referencia a la parte que ellos jugaron en la vida del organismo más que describir o analizar los hechos de la experiencia o el comportamiento. No obstante, el asociacionismo tenía considerable influencia en algunos de los profesores de Freud así como en otros.27 Por ejemplo, Albert von Schrenck-Notzing (1872-1919), quien adoptó algo de la teoría, sostuvo que podría curar algo la homosexualidad mediante el hipnotismo y la terapia de sugestión. En el Primer Congreso Internacional sobre hipnotismo celebrado en París en 1889, informó sobre un homosexual de una familia infectada a quien se había tratado con éxito en cuarenta y cinco sesiones hipnóticas durante un periodo de cuatro meses.28 Von Schrenck-Notzing siguió sus experimentos, y tres años después informó sobre otros setenta casos de homosexuales y pacientes con otros comportamientos sexuales estigmatizados; sostuvo que él había sido capaz ya sea de curarlos o de reducir sus deseos. Luego sostuvo que si la homosexualidad pudiera ser curada por tales influencias externas, entonces así como otros comportamientos sexuales "patológicos" podrían ser adquiridos a través de las influencias tales como aquellas postuladas por Binet.29 Otros basados en este concepto, recalcando que las experiencias sexuales precoces en la niñez, aunque olvidadas, pueden persistir en el inconsciente y formar en último término la fundación psicológica de la experiencia sexual adulta.30
Krafft-Ebing llegó a creer que la teoría asociacionista tenía alguna plausibilidad, en particular por el fetichismo. Pensó, sin embargo, que era imposible explicar cómo una asociación sexual accidental de la niñez, incluso en el individuo más precoz, podría por sí misma conducir al sadismo o al masoquismo y declaró que en la mayoría de los casos las anomalías sexuales adquiridas eran raras. Este argumento naturaleza -versus- educación también se ató a los criterios evolutivos darwinianos y en este sentido, Krafft-Ebing se vio como un suscriptor a las teorías evolutivas de Darwin y sostuvo la creencia en la transmisión de las cualidades morales marcadas.31
Ellis resumió los acontecimientos en la Sexología hasta el tiempo de Krafft-Ebing:

 

Fue durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando una nueva concepción biológica, bajo la inspiración de Darwin, estaba impregnando lentamente la medicina, que la idea de la "perversión" infantil y juvenil empezó a minarse; por un lado el nuevo estudio científico del sexo, comenzado por el trabajo pionero de Krafft-Ebing a fines del tercer trimestre del siglo, reveló cuan común son tales denominadas "perversiones" en la vida precoz mientras, por otro lado, la concepción de la evolución empezó a dejar claro que no debemos aplicar las normas adultas desarrolladas a las criaturas inexplotadas, lo que es natural en una etapa no es necesariamente natural en la etapa anterior.32


La aceptación gradual de la evolución, sin embargo, condujo a una aceptación creciente de lo que Franco Sulloway, un biógrafo de Freud, llamó los criterios biogenéticos de la homosexualidad. Muchos de los teóricos en esta área fueron estadounidenses quienes recalcaron la bisexualidad original de los antepasados de los seres humanos.33Uno de aquellos que lo puso más claramente fue James G. Kiernan (1852-1923), el superintendente médico del manicomio del condado de Chicago. Escribió:

 

La bisexualidad original de los antepasados del género, manifestada en los órganos femeninos del hombre rudimentario, no podía fracasar al ocasionar reversiones funcionales, si no orgánicas, cuando las manifestaciones mentales o físicas fueran interferidas por la enfermedad o el defecto congénito.... parece cierto que un cerebro que funciona femeninamente puede ocupar un cuerpo masculino y viceversa. Los hombres pueden nacer con genitales externos femeninos y viceversa. Los animales inferiores son bisexuales y los diversos tipos de hermafrodismo son reversiones más o menos completas para el tipo ancestral.34


Otro médico estadounidense que llegó más lejos fue, G. Frank Lydston (1857-1923), quien sostuvo que los peores tipos de perversiones podrían culparse a un desarrollo fallo o detenido, con las aberraciones sexuales más graves haciendo una aparición antes del comienzo de la diferenciación sexual.35 En un sentido, estos estadounidenses estaban reflejando lo que Cesare Lombroso había proclamado antes, es decir, un criterio evolutivo "biogenético" de la criminalidad y la desviación. Lombroso sostuvo que el "tipo criminal" había nacido, no se había hecho, y que el criminal fue un ser atávico que reprodujo en su persona algo del instinto de la humanidad primitiva y los animales inferiores.36 Estos médicos estadounidenses, sin embargo, no estaban adoptando el criterio atávico de Lombroso sino en cambio un criterio de desarrollo que podría ser influenciado por el desarrollo en el útero. En ésto, tuvieron mayor probabilidad de seguir a Ulrichs que a Lombroso. Este criterio fue resumido por Krafft-Ebing brevemente antes de su muerte:

 

En vista de la realización de que la sexualidad contraria es una anomalía congénita, que representa un trastorno en la evolución de la vida sexual hacia la monosexualidad y del desarrollo normal psíquico y somático en relación con la clase de glándulas reproductivas [poseídas por el individuo], ya no es posible mantener la idea de [degenerado] "enfermedad" en este sentido.... No con poca frecuencia se tropieza con predisposiciones neuropáticas y psicopáticas entre los homosexuales, por ejemplo, la neurastenia constitucional y la histeria ... que pueden conducir a las aberraciones más graves del impulso sexual. Y no obstante se puede probar que, relativamente hablando, los heterosexuales suelen ser mucho más depravados que los homosexuales.37

LOS TRES ALBERTS: MOLL, EULENBURG,
Y VON SCHRENCK-NOTZING

ALBERT MOLL

Apoyando a Krafft-Ebing en su criterio cambiante fue Albert Moll (1862-1939), un médico de Berlín quien abrió el camino para un número de investigadores de Berlín en el campo del sexo. En 1891, Moll publicó Die Konträre Sexualempfindung, en que, siguiendo a Krafft-Ebing, diferenció entre la homosexualidad innata y la adquirida. Mucho antes que Krafft-Ebing, pusiera un énfasis en la innata, argumentando que porque todos los órganos y funciones biológicas son susceptibles a las variaciones y anomalías, no hay ninguna razón de por qué el instinto sexual debería ser algo diferente. Describió al homosexual como "un hijastro de la naturaleza".38 Moll fue sumamente crítico de la creencia que la actividad sexual temprana era un correlativo importante de la perversión posterior. Cuestionó los peligros de la masturbación, recalcando que la masturbación mutua fue practicada a menudo en la niñez por individuos que no mostraron ningún signo de inversión.39
Moll abrió nuevos senderos al comparar cara a cara los acontecimientos sexuales normales y anormales porque alegó que fue la falla de los sexólogos estudiar la sexualidad normal que conducía a sus desacuerdos acerca de las formas anormales. Moll postuló que dos instintos principales participaron en el impulso sexual: Detumescenztrieb ("impulso de detumescencia") y Contrectationtrieb ("impulso a tocar, acariciar, o besar el objeto sexual").40 El primero fue individualista fundamentalmente, mientras el segundo fue social. Moll teorizó estos organismos primitivos, los que se reprodujeron de forma asexual por fisión o por brote, poseían sólo el instinto de detumescencia pero estos organismos mayores, que se reprodujeron mediante la conjugación o el sexo, han adquirido el instinto de contrectación también. En animales reproducidos sexualmente, el instinto de la detumescencia ya no fue suficiente para garantizar la reproducción y tuvo que ser suplementado por el instinto de contrectación, asemejándose estrechamente a lo que llamamos el amor. El amor mismo era por lo tanto un subproducto de la evolución del sexo. Cualquiera de los impulsos podría surgir primero, pero ambos impulsos surgieron mucho antes de la pubertad en los individuos sexualmente normales. Él quería "destruir" la creencia "de que la pubertad física es una condición preliminar necesaria para la inclinación sexual del hombre y la mujer. Por el contrario, como ya se ha mencionado varias veces, el elemento psíquico, en algunos casos, puede desarrollarse mucho antes que la pubertad física".41 Admitió, sin embargo, que fue a menudo difícil hacer la distinción entre los sentimientos sexuales y sociales antes de la pubertad, aunque incluso en los casos extremos, el amor del niño para su madre siempre pudo distinguirse del amor sexual del niño para otro".
Mientras la vergüenza, el celo y las expresiones preferentes del amor estén todas afectadas por la sexualidad del niño, 42los niños también pueden tener erecciones y empezar a masturbarse ya en el primer o segundo año de vida, porque tanto la detumescencia como los impulsos de contrectación pueden surgir precozmente en uno y en el mismo niño. Adoptó, con modificaciones, la teoría de dos etapas del desarrollo sexual propuesta por Max Dessoir (1867-1947). Dessoir había llamado la primera etapa la etapa indiferenciada; ésta apareció en las niñas entre las edades de doce y catorce y en los niños entre trece y quince. Durante la primera etapa, el instinto sexual podría expresarse en una manera heterosexual o homosexual o incluso inclinarse hacia los animales, pero ésto fue seguido por la segunda etapa - diferenciación - en la cual las relaciones heterosexuales se convierten en la meta exclusiva de la líbido. Algunos individuos, sin embargo, quedan en un estado embrional y siguen expresando inclinaciones homosexuales, bisexuales u otras inclinaciones como adultos.43Moll insistió en que la etapa indiferenciada regresaba a la infancia precoz, y ésto podría incluir bien el amor hacia el mismo sexo, pero en la pubertad, cuando la diferenciación tenía lugar, la mayoría seleccionaba su objeto de amor de los miembros del sexo opuesto.44 Sintió que el fracaso para desarrollarse normalmente fue debido a la debilidad o la sensibilidad congénita para diversas formas de perversiones, aunque los detalles de estas perversiones quizá sean influídos por los hábitos formados en la vida temprana para que cada uno quizá responda a su debilidad congénita de una manera algo diferente.45 Estos conceptos con el tiempo le llevaron a colocar más estrés en la homosexualidad como una enfermedad. Por 1911, estuvo ofreciendo una curación para la homosexualidad adquirida a través de la terapia de asociación, en la cual reemplazó las asociaciones hacia el mismo sexo con aquellos del sexo opuesto.46 Parte de su opinión cambiante quizá haya sido influída por su oposición a Hirschfeld; con el tiempo se convirtió en el adversario principal de Hirschfeld, según se relata posteriormente en este libro. En realidad, a pesar de sus contribuciones a la teoría sexual y el alto respeto dado por Ellis y otros, en particular por su trabajo inicial, Moll no congenió bien con la generación posterior de los investigadores sexuales. Fue crítico no sólo de Hirschfeld sino de Freud. Podría ser que sus desacuerdos con Freud posteriormente causaron que fuese ignorado por la mayoría de los investigadores sexuales de habla inglesa, porque las ideas freudianas se tornaron tan dominantes en el mundo de habla inglesa en la primera mitad del siglo XX.

ALBERT EULENBURG

Albert Eulenburg, otro médico prominente, escribió primero acerca del sexo en 1895 pero se volvió más profundamente como una figura significativa en la investigación sexual sólo debido a la crítica de sus veintiséis volúmenes Real Encyclopädie für Medizin.47 Esto fue porque su multivolumen resumen integral de medicina fue escogido por Hermann Rohleder en 1901 como un ejemplo de la manera en que la profesión médica todavía procura pasar por alto los temas sexuales.48 Eulenburg respondió a estas críticas al demostrar su pericia en tales asuntos mediante la publicación de una serie de estudios sobre el sadismo y el masoquismo, aunque usó el término algolagnia,49 un término propuesto por otro investigador sexual alemán, von Schrenck-Notzing.50

ALBERT VON SCHRENCK-NOTZING

Von Schrenck-Notzing es quizás característico de este grupo creciente de médicos investigadores en enfatizar que sin el estudio cuidadoso de las circunstancias que asisten al desarrollo de las anomalías sexuales, el médico nunca estaría en condiciones de administrar el tratamiento. Sostuvo que los comportamientos tales como la homosexualidad no eran congénitos sino eran resultado de la sugestión y que el individuo con tal comportamiento estaría abierto a una curación similar por la hipnosis. Alegó haber podido curar a varios homosexuales a través de este método, pero también dijo que ocasionalmente tenía que pasar a los métodos más directos para forzar una nueva dirección en el comportamiento del "invertido". Una de sus curaciones fue llevar a un paciente a un burdel, donde persuadió a las prostitutas a que ocuparan todas sus artes eróticas en un esfuerzo para lograr el deseo heterosexual.

AMBIVALENCIA DE LOS INVESTIGADORES

En general, los investigadores médicos propusieron temas sexuales delicados, conscientes de la ambivalencia social acerca de la sexualidad, aunque no siempre de sus propios prejuicios. El sexo fue algo para ser controlado y no liberado, y el médico tenía que ser consciente de ésto; en realidad quizá haya sido bien el temor al sexo desenfrenado lo que condujo a alguno de ellos a clasificar tantas actividades sexuales como patológicas. El uso de tales términos estigmatizados recalcó que aunque ellos investigaron problemas sexuales, ellos mismos fueron muy conscientes de los males de alguna de la conducta acerca de la que ellos escribieron. Krafft-Ebing, por ejemplo, refleja la ambivalencia de su propia crianza católica alemana del sur en sus discusiones del sexo. Para él, la pasión desenfrenada se asemejó a un "volcán que chamusca y come todo, o un abismo en donde todo está amurallado -el honor, la propiedad, la salud. [Por el establecimiento de los matrimonios monógamos y reforzando los enlaces religiosos] los pueblos cristianos obtuvieron una preeminencia espiritual y material sobre otros pueblos, en particular aquellos del Islamismo".51 Krafft-Ebing sencillamente estaba expresando el dualismo cristiano clásico entre el espíritu y la carne. La carne, de la cual el sexo era una parte, era débil, siempre amenazando tirar a los hombres y las mujeres de la consideración de las cosas mayores del espíritu en el desagüe y los colectores de la existencia de la carne.52 La mente o el espíritu, sin embargo, es capaz de controlar y debería controlar los deseos del cuerpo físico, y la comunidad está en mejor situación si el volcán de la pasión desenfrenada está latente. Krafft-Ebing recalcó la necesidad de la descripción científica de diversas enfermedades sexuales sobre la necesidad de la nueva teoría, porque para conectar otros impulsos y voces del alma con impulsos sexuales tuvo que agrandar la esfera del último y detractarse de la magnificencia del anterior. En verdad, cuando se encontró con las noticias de Freud en 1896 de intentar seguir los orígenes de la histeria al desarrollo sexual de la niñez, Krafft-Ebing respondió que el trabajo de Freud sonaba "similar a un cuento de hadas científico" 53
De hecho, las posibilidades crecientes de un enfrentamiento entre la ideología religiosa tradicional y los nuevos resultados acerca del sexo recalcan otro factor importante en el crecimiento de la investigación sexual: la necesidad de una actitud acerca del sexo que podría ir más allá de la actitud dualística de los cristianos tradicionales que habían influído a Tissot y a sus seguidores y que siguieron siendo dominantes en la mayoría de los estudios del siglo XIX. El ingrediente clave ausente fue una voluntad de aceptar la sexualidad, no sólo la procreación, como un hecho de vida; una voluntad de mirar al sexo como una fuerza física vital que era capaz de hacer más bien que daño; y una voluntad de verlo como uno de los placeres de la vida. Krafft-Ebing había luchado para llegar a términos con una necesidad de cambiar pero no tuvo mucho éxito. Aunque había una clase media creciente dispuesta a aceptar el placer como un elemento importante en sus vidas, la comunidad médica en su totalidad tampoco vio ninguna necesidad de retar o estuvieron renuentes a desafiar la ideología tradicional.54

EUGENESIA

Hubo una creciente demanda por mejor información acerca de la sexualidad que no estuvo tan preocupada por los cambios en las leyes acerca de la homosexualidad como en una mejor comprensión de las relaciones entre los sexos. El británico eugenesista Karl Pearson (1857-1936), por ejemplo, requirió el surgimiento de una nueva "ciencia de sexualogía"(de sexualogy) para ayudar a la sociedad a decidir cuál debería ser el status de las mujeres:

 

No hasta que las investigaciones históricas ... [y] los estudios antropológicos ... hayan sido complementados mediante la investigación cuidadosa de los efectos sanitarios y sociales de las etapas pasadas del desarrollo sexual, no hasta que tengamos una amplia estadística de los resultados médico-sociales de las diversas formas regulares y morbosas de la relación sexual, será posible sentar las bases de una ciencia de sexualogía. Sin tal ciencia no podemos determinar con seguridad adónde nos está conduciendo la emancipación de las mujer, o cuál es la respuesta verdadera que debe darse a la pregunta de la mujer.55


Los eugenesistas en realidad sirvieron como un grupo de presión política, y muchos de los británicos y estadounidenses que escribieron acerca del sexo a finales de siglo tuvieron alguna conexión con el movimiento de eugenesia. Lamentablemente, los eugenesistas eran a menudo defensores de un cierto punto de vista elitista acerca del estado y las condiciones de los pobres, descapacitados, y minorías del mundo, y aunque este antecedente es a veces difícil de reconocer por los sexólogos, no obstante está ahí. El eugenesista representó las actitudes de un segmento grande de los profesionales de clase media, y sus inquietudes ayudaron a hacer resaltar la discusión de la sexualidad en forma pública.
El movimiento había sido fundado por Sir Francis Galton, una figura principal en la ciencia de siglo XIX. Galton, a través de sus estudios de los individuos dotados, vino a creer que la herencia desempeñó un papel esencial en el desarrollo de los individuos de competencia extraña (o sea, genios). Para promover tanto el estudio y desarrollo de políticas, fundó lo que llamó la ciencia de la eugenesia -el estudio de las fuerzas bajo control social que mejoran o deterioran las cualidades congénitas de generaciones futuras. La finalidad de la eugenesia fue un intento deliberado de aumentar de una generación a otra la proporción de individuos con dotación intelectual mejor que el promedio.56
Pearson no sólo fue el fundador de la ciencia de estadísticas del siglo XX sino fue el discípulo y partidario de Galton. Galton quería concentrarse en la élite, pero Pearson censuró la alta tasa de natalidad de los pobres, que creyó era una amenaza para la civilización. Creía que era esencial que las "razas superiores" suplanten a "las inferiores". 57Aunque la Sociedad Eugenésica Inglesa, fundada por Galton, con el tiempo se opuso a los criterios racistas de Pearson, las grandes secciones del movimiento de eugenesia siguieron sosteniendo opiniones racistas y de antipobreza, y el movimiento de eugenesia estadounidense, fundado en 1905, adoptó inicialmente la opinión de Pearson incondicionalmente. 58
Como grupo, los eugenesistas estadounidenses creyeron que la "raza blanca" era superior a otras razas y que dentro de la raza blanca el blanco nórdico era superior a otros blancos. También se supuso que las personas de clase alta tenían cualidades hereditarias superiores que justificaban su ser de clase gobernante. Para documentar esta suposición, los eugenesistas recogieron todas las pruebas posibles que apoyaban su interpretación, incluídos los resultados de las pruebas de inteligencia, que se habían introducido a comienzos del 1900 por Binet. A pesar de la oposición de Binet mismo a lo que él consideraba como un mal uso de sus pruebas, los eugenesistas sostuvieron que tales pruebas midieron la inteligencia innata, genética de los individuos. Sobre la base de tales pruebas, los eugenesistas clasificaron a todas las personas cuyo cociente de inteligencia les daba una edad mental de doce como enfermo mental o imbécil, sin respeto a los antecedentes educacionales o los ambientes desprotegidos que quizá hayan conducido a tales resultados de la prueba. La criminalidad se consideró un concomitante de la enfermedad mental. Las personas insanas, idiotas, imbéciles, enfermas mentales y epilépticas en el impulso de los eugenesistas a menudo fueron esterilizadas -voluntaria o involuntariamente- y así en algunos casos fueron criminales habituales, "depravados morales" y otros considerados socialmente indeseables.59
Aunque el desarrollo de la genética minó muchas de las suposiciones simplistas de los eugenesistas, tales criterios no fueron vencidos. Estos fueron particularmente importantes en la educación sexual en los Estados Unidos, y muchos de los abucheos que trataban con sexo en los Estados Unidos apenas en los años cuarenta fueron publicados por grupos eugenésicos o la prensa de eugenesia. Los eugenesistas en particular estaban preocupados con lo que consideraban como perversión sexual, la que equipararon a las razas y pueblos verdaderos y así se valieron en las ideas de Ulrichs de las causas genéticas para incluir a "los depravados sexuales" en su categoría de inferiores.
Aunque la finalidad de Galton había sido alentar a las "personas mejores" a reproducir más, los eugenesistas también montaron campañas para prevenir los "elementos inferiores" -que son los pobres, negros, inmigrantes y otros- de producir a tantos niños. Gran parte del movimiento anticonceptivo temprano tomó parte inevitablemente con el movimiento de eugenesistas, aunque los individuos como Margaret Sanger no estuvieran de acuerdo con ellos. Aunque la mayoría de las alusiones raciales y de clase han sido eliminadas por mucho tiempo de la generación actual de los programas de planificación familiar, las sospechas prolongadas acerca de la planificación de la familia existen todavía entre alguno de los representantes más militantes de las minorías. Los eugenesistas estaban en general interesados en los anticonceptivos no tanto para las clases superiores sino para las pobres. Debería recalcarse, sin embargo, que había muchos otros individuos y grupos trabajando por mejores anticonceptivos y más educación sexual efectiva quienes tuvieron puntos de vista enteramente diferentes. Muchos de los primeros feministas, por ejemplo, estaban interesados en ayudar a la madre sobrecargada que no deseaba tener más niños y varias personas estaban interesadas en ayudar a las mujeres en general agobiadas lo que se llamó su destino biológico.
Todavía, las actividades de los movimientos de eugenesia en la promoción de ciertas ideas sexuales así como de los esfuerzos de Ulrichs para legitimar la homosexualidad recalcan que gran parte de la investigación acerca del sexo no fue realizada por los científicos desinteresados, desapasionados. La actividad sexual, como se declaró en la introducción, tuvo toda clase de alusiones políticas y al mirar los desarrollos en la investigación sexual, es importante mirar los programas que tuvieron los investigadores individuales y precisamente cuánto influyeron tales programas sus resultados. Afortunadamente, había programas en competencia; los eugenesistas, por ejemplo, fueron contradichos en algo tanto por feministas como radicales, y aquellos que trataban de avanzar los derechos homosexuales contaron con la oposición de los moralistas heterosexuales. Ocasionalmente, se unieron los grupos en competencia, pero es importante y esencial en cualquier discusión de la sexualidad humana para tratar de separar la retórica de los datos.

PORNOGRAFÍA

Esta separación fue más difícil en la última parte del siglo XIX que había sido anterior o que se convirtió en posterior, porque mucha redacción acerca del sexo había llegado a ser clasificada como pornografía por el estado. Aunque la censura no oficial había existido desde que los libros empezaron a circular ampliamente y la censura de la iglesia oficial había existido desde que el índice católico se había establecido a fines del siglo XVI, el estado mismo en general no participó hasta el siglo XIX. Las primeras leyes contra la pornografía en Inglaterra se aprobaron en 1853 y luego se complementaron en 1857 por el acto de Lord Campbell. Las leyes les dieron a los magistrados el poder para ordenar la destrucción de los libros e impresos si, en su opinión, la publicación equivaldría a una "mala conducta propia para encausarse como tal".60 El significado que constituyó la pornografía fue aún más extendido por la denominada Decisión Hicklin en 1868, en la cual Sir Alexander Cockburn escribió que la prueba de la obscenidad fue si la "tendencia del asunto como obscenidad es privar y corromper aquellos cuyas mentes están abiertas a tales influencias inmorales y en cuyas manos una publicación de esta especie puede caer".61 Lamentablemente, tal decisión significó potencialmente que si algo fue o no pornográfico dependería de si un niño podría leerlo o, en los tiempos victorianos, si una mujer por ventura quizá lo vería.
Casi de inmediato, los folletos que daban la información del control de natalidad fueron atacados como pornográficos, como sucedió con muchos tratados sobre sexo, incluídos por un tiempo aquellos escritos por Ellis. En los Estados Unidos, la persona más identificada con la nueva represión de información acerca del sexo fue Anthony Comstock (1844-1915), quien, con sus defensores, no sólo procuró ejercer presiones políticas a través del congreso una ley que gobernaba el depósito de "materiales obscenos" en el correo de los Estados Unidos sino también consiguió él mismo nombrar un agente especial de la oficina de correos. No toda publicación sobre sexo era obscena para Comstock, porque aquellas que "adecuadamente" condenaban la actividad sexual no se censuraron; sin embargo, graves discusiones de la anticoncepción, la prostitución y otras facetas del sexo que se apuntaron hacia el público general fueron consideradas por él como obscenas. A menudo las descripciones muy detalladas de tales cosas como masturbación fueron aprobadas por él si fueron lo bastante negativas.
Aunque Comstockery, el movimiento con el que él fue identificado y como llegó a ser nombrado en los Estados Unidos, puso serias dificultades en el camino de cualquier discusión abierta del sexo, Estados Unidos en muchos aspectos permaneció más liberal en sus políticas de publicación que Inglaterra, proporcionando tal bibliografía no registró los correos o a través de ciertos puertos de entrada, en la ciudad de Nueva York en particular, donde Comstock estaba estacionado. Comstockery fue más que Comstock mismo y quizá se tome como símbolo de los temores que muchos estadounidenses tenían acerca del mal creciente creído estar presente en las ciudades en rápido crecimiento donde la moralidad tradicional estaba bajo ataque. Comstock parece haber sido algo inocente, básicamente sin conocimiento de muchas formas de la sexualidad y en un sentido, fue como el pequeño niño holandés mítico, poniendo su dedo en el dique para mantener las inundaciones de la sexualidad bajo control.

OSCAR WILDE

A veces la respuesta al sexo a finales del siglo XIX, llamado popularmente Victorianismo, fue como los tres monos que no vieron ningún mal, no hablaron de ningún mal y no oyeron ningún mal. Esto no significó que el mal no existía, y que tampoco dijo el Victorianismo que la sexualidad y la sensualidad no estaban presentes. En realidad, hubo algunos sucesos que trajeron lo inmencionble a la atención pública, a pesar de todos los esfuerzos de un Comstock para prevenir ésto. Uno de dichos sucesos en el mundo de habla inglesa fueron los cargos de homosexualidad nivelados contra Oscar Wilde (1854-1900). Su juicio posterior recibió atención pública generalizada en todo el mundo occidental. Wilde, poeta, novelista, dramaturgo y fundador de un movimiento estético del "arte para el beneficio del arte," tenía el pelo largo, usó ropas extravagantes y como Andy Warhol casi un siglo más tarde, fue un excelente auto-publicista. Su comportamiento que consiguió atención le condujo a ser satirizado en la opereta Gilbert y Sullivan Patience en 1881 y en tales revistas como el Punch. También lo hizo un conferenciante popular. En 1891, se involucró sexualmente con Sir Alfred Douglas, el atractivo hijo del Marqués de Queensberry, ahora recordado por sus reglas de boxeo. Creyendo que Wilde había conducido a su hijo a la homosexualidad, el marqués ultimó el asunto en febrero de 1895 al dejar su tarjeta para Wilde en el Albemarle Club, al cual ambos hombres pertenecían, con la notación: ¡"Para Oscar Wilde, pretendiendo ser un somdomita! [sic]" Esta misiva mal deletreada condujo a Wilde a llevar a juicio a Queensberry por difamación criminal.
Siguieron tres juicios. El primer juicio fue el iniciado por Wilde, pero cuando los demandados recogieron suficientes pruebas para apoyar el alegato del marqués de que Wilde en verdad se dedicaba a las relaciones homosexuales, Wilde retiró su juicio. Sobre la fuerza de las pruebas recogidas contra él, Wilde mismo fue puesto en juicio, y cuando el jurado en el segundo juicio no pudo estar de acuerdo con un veredicto, se celebró un tercer juicio. Fue encontrado culpable de varios actos de indecencia y sentenciado a dos años de trabajo duro.62 Fue en parte su intento de ser más astuto que lo llevó a su convicción, porque había procurado negar todo hasta que desatinó al decir que nunca besó a un cierto niño porque él era muy feo.

RICHARD BURTON

Aunque Wilde fue una víctima de los prejuicios de su tiempo, la publicidad dada al caso abrió un mundo de sexo completamente nuevo para muchos. Deseaban más información y había varios individuos en alguna parte dispuestos a ponerla al alcance, aunque fue mucho más seguro hacerlo al mirar las culturas no occidentales. Un misionero para nuevas actitudes hacia las actividades sexuales fue Richard Burton (1821-90), el explorador y conocedor de muchas materias. En sus notas para su traducción de Las mil y una noches, resumió las actitudes occidentales hacia la sexualidad al recontar la historia del esposo recién casado que vino al dormitorio en su noche de boda para encontrar a su novia cloroformizada y una nota adherida en su almohada que decía: "Mamá dice que usted puede hacer lo que desee".63 Esta fue una actitud que Burton creyó que tenía que desafiar.
El padre de Burton era un teniente coronel jubilado en el ejército británico, y su madre provino de una acaudalada familia de Herefordshire. A principios de su vida, los padres de Burton se mudaron a Tours en Francia, porque su padre pensó que la caza era buena, los precios eran baratos, y los establecimientos educacionales estaban disponibles para sus niños. Burton se matriculó en la Universidad de Trinidad, Oxford, pero no se graduó y se convirtió en cambio en un cadete en el ejército indio. Encontró su nicho cuando fue asignado para hacer una encuesta del área Sind en la India. Ésto le dejó sumergirse en la vida india, vivir entre los nativos, aprender nuevos idiomas, escribir libros letrados acerca de sus experiencias y tener todo tipo de aventuras. Como parte de su encuesta en Sind, compiló información sobre los burdeles homosexuales en Karachi, y su informe para su oficial comandante en la India, Sir Charles Napier, contenía tal detalle que cuando fue más tarde circularon secretamente entre alguno de sus amigos oficiales su carrera en el ejército se arruinó. No fue tanto que personalmente se sospechara de su homosexualidad sino que demostró tal juicio deficiente al tratar tal tema así desapasionadamente. Se recomendó su destitución, y aunque ésto no sucedió, salió de la India para una vida de aventura y publicación.
Hizo un peregrinaje a la Meca enmascarado con el supuesto nombre de Al-Haz y posteriormente publicó un cuento acerca de ello. Fue explorando en busca de la fuente del Nilo con John Harming Speke, visitó a los mormones en Salt Like City, sirvió de cónsul británico a diversas ciudades del Medio Oriente y dió conferencias e hizo publicaciones ampliamente. La proeza de Burton le dió casi un nombre conocido, pero fue más antropólogo que explorador. Había dominado veinticinco idiomas además de numerosos dialectos; escribió una gramática del dialecto Jataki en la India; compiló diccionarios en Hagar, Dahomey y Brasil; e hizo transliteraciones de proverbios en diez jergas africanas diferentes. Tradujo obras del sánscrito, portugués, italiano napolitano y del latín así como del árabe y persa. También produjo unos cuarenta y tres volúmenes sobre sus viajes y exploraciones, los cuales generalmente incluyeron información acerca de las costumbres sexuales y matrimoniales de los pueblos que había visto.64
Burton escribió sobre prostitución, homosexualidad, pederastia, castración e infibulación -gran parte de ello ocultó en informes monográficos. En 1863, había fundado la Sociedad Antropológica de Londres con la esperanza de que su revista proporcionaría un medio académico para publicar más de tales estudios. Aunque publicó sus notas sobre un hermafrodita allí, el tema asustó tanto a los redactores que Burton tuvo que encontrar otros medios de publicar material sobre los temas relacionados sexualmente. Su investigación, así como su ensayo sobre la homosexualidad que se basó en su estudio de Sind por mucho tiempo reprimido, apareció como un suplemento a su traducción de el libro de Las Mil y una Noches, originalmente publicado en diez volúmenes en 1885.65
La publicación de este trabajo fue parte del esfuerzo de Burton para traducir y publicar erótica, un esfuerzo en que estuvo ocupado desde 1876 hasta su muerte en 1890. Con sus amigos Foster Fitzgerald Arbuthnot y H. S. Ashbee, Burton concebió la idea de una editorial seudónima con una sede ficticia. Esto condujo a la formación del Kama Shastra Society de Londres y Benares (India), aunque la lista de Benares fue sin sentido, porque la impresión real de los libros tuvo lugar en Stoke Newington en Inglaterra.
Burton había acumulado una gran biblioteca de las obras sobre el arte del amor y la práctica sexual y pudo escribir acerca del sexo en un idioma que no parecía obsceno a ningúno sólo a los lectores más inocentes. Además de sus traducciones de Las noches, tradujo y publicó el Kama Sutra, el clásico hindú que ofrece asesoramiento sobre las muchas formas de satisfacer a las mujeres sexualmente y una descripción de las diversas posiciones posibles en las relaciones sexuales. Esto estuvo seguido de la publicación del Ananga Ranga, que da recomendaciones explícitas para el mejoramiento del matrimonio así como el asesoramiento sobre cómo seducir a una nueva pareja. Entre otras cosas, también publicó El Jardín Perfumado del Cheikh Nefzaoui, que contiene historias atrevidas y mucho asesoramiento sobre cómo tener mejores relaciones sexuales y una traducción al inglés (del latín) de Priapei or The Sportive Epigrams of Divers Poets on Priapus.66

OTROS DIVULGADORES

Burton no estaba solo al tratar de educar al público acerca de la sexualidad. Particularmente influyente en este sentido fue el ginecólogo alemán Hermann Ploss (1819-85), quien fue proclamado por uno de sus contemporáneos por haber fundado "una división nueva de la ciencia llamada Ginecología antropológica y etnográfica". Su trabajo de dos volúmenes sobre mujeres en la naturaleza y cultura, Das Weib, contuvo discusiones actualizadas de la anatomía y la fisiología de las mujeres, junto con leyendas, mitos, rituales y creencias que fueron influyentes al configurar las vidas de mujeres. Recaudó una vasta cantidad de datos en cuanto a cada aspecto de la mujer conocidos en ese momento, labrando a través de los datos antropológicos, filosóficos y psicológicos así como a través de la investigación en Fisiología y Estética. En un sentido, quizá se le consideró un pionero en los estudios de mujeres.67 En una edición póstuma revisada posteriormente editada por Max Bartels, la compilación se amplió considerablemente, ayudado por las notas de Ploss. Con el tiempo se agregaron ilustraciones. Aunque una comentarista feminista se ha quejado de que Das Weib no era una historia natural de mujeres sino una historia de mujer como un "objeto sexual",68 todavía se considera un importante esfuerzo para tratar algunos de los temas sexuales que los sexólogos emergentes del siglo XIX creyeron fueron importantes.
Quizás el más influyente de los investigadores al usar los datos históricos y antropológicos fue el dermatólogo alemán Iwan Bloch (1872-1922). Aunque gran parte de la primera bibliografía de la investigación sexual había incluído estudios de historias clínicas, Bloch abrió nuevos caminos al defender el establecimiento de la sexualwissenschaft ("Sexología"), que fue para incluir datos no sólo biológicos y psicológicos sino información cultural, social e histórica también. Uno de sus primeros esfuerzos en este sentido fue Beiträge zur Aetologie der Psychopathia Sexualis, publicado en dos volúmenes en 1902 y 1903. Bloch sostuvo que se encontraron perversiones en cada cultura y en cada periodo histórico. Una de las fuentes más ricas, que encontró, fueron las redacciones religiosas. La religión para él fue un museo de creencias sexuales e instituciones en la cual todo varía desde la prostitución sagrada al fetichismo a los cultos fálicos al exhibicionismo y podría encontrarse la discusión letrada sobre tales temas como el sadismo, el masoquismo y la homosexualidad . De sus datos, Bloch concluyó que cada órgano sensorial podría funcionar como una zona erógena y de ese modo formaría la base para un impulso sexual perverso.69 La maravilla no fue que había personas con instintos sexuales perversos sino que muchos de nosotros no presentamos tal comportamiento.
En este trabajo, criticó la noción de Krafft-Ebing de psicopatía sexual congénita (posteriormente cambió su opinión, al menos sobre homosexualidad) y sostuvo que las "aberraciones" fueron debidas a la necesidad de estímulos sexuales variados así como la influencia ejercida sobre el instinto sexual por las "condiciones accidentales externas". Estas tres palabras -condiciones accidentales externas- constituyeron el descriptor que usó para explicar la perversión que surgía en la niñez, mientras la necesidad de estímulos variados explicaba aquellos que surgían en años posteriores de la edad adulta.70 Bloch examinó la sexualidad de la niñez en algunos detalles y observó la gran frecuencia de intentos copulativos y otras formas del juego del sexo entre los niños del pueblo primitivo. Recalcó que los mayores en estos grupos no miraban tales actividades de la niñez como anormales o indecentes.71
Su estudioThe Sexual Life of Our Time and Its Relations to Modern Culture en su original alemán es quizás la mejor encuesta general del conocimiento sexual en ese momento.72 Bloch se convenció por sus estudios anteriores de que la clave de los problemas actuales de la sexualidad humana fue un entendimiento histórico. Con este fin, Bloch emprendió un estudio principal de la prostitución, un tema, declaró, que le permitió estudiar la función y el estado de las mujeres así como muchas formas aberrantes del comportamiento sexual.* A pesar de sus limitaciones, el estudio de Bloch de la prostitución fue el estudio más integral del tema hasta su tiempo. Lamentablemente, nunca lo completó y por lo tanto nunca pudo sacar las conclusiones que él creyó fueron tan importantes.73
Del mismo modo, alegó que el problema de las enfermedades venéreas, en particular la sífilis, era emblemático de los problemas de la sexualidad en la sociedad y que una vez que los problemas médicos propuestos por la sífilis pudiesen ser superados, la humanidad podría esperar un futuro más brillante.74 Es importante señalar que las pocas obras de él que se tradujeron al inglés generalmente se condensan en gran medida y no son indicativas de la amplitud de su saber.
Hirschfeld, después de leer a Bloch, creyó por primera vez que era posible para la Sexología ser una ciencia real y comenzó la Zeitschrift für Sexualwissenschaft, la primera revista dedicada a la ciencia sexual. Rohleder, también impresionado por el concepto de Bloch de la ciencia sexual creó una categoría especial de "ciencia sexual" en la Reichsmedizinalanzeiger, revista médica que él editó.75Freud reconoció a Bloch por haber reemplazado el enfoque patológico al estudio de la inversión sexual con uno antropológico.76
Bloch estuvo sin duda más interesado en los círculos científicos y académicos que Burton, pero ambos fueron significativos al desafiar las ideas tradicionales acerca del sexo. También ocupado en el trabajo de recoger datos etnográficos-históricos fue Friedrich S. Krauss, en quien Bloch dependió en parte y quien influyó tanto en Freud como en Hirschfeld. En 1904, Krauss fundó la revista Anthropophyteia para publicar la investigación en curso en la historia y la etnología de la moralidad sexual. Entre otras cosas, realizó un estudio de la homosexualidad en Japón.77 Un estudio etnográfico de la homosexualidad fue también hecho por E Karsch-Haack, esta vez en diversas culturas primitivas.78
Aumentaron los recursos para encontrar datos también. Simbólica de este nuevo esfuerzo para perseguir información sexual es la colección bibliográfica de los libros prohibidos por Pisanus Fraxi (seudónimo de Ashbee), que apareció primero en 1877. Describió muchos de los clásicos eróticos subterráneos disponibles en el Museo Británico y en otro sitio y fue, se cree, el autor de una extraordinaria memoria sexual anónima de once volúmenes, My Secret Life, en que describió los amoríos con más de doscientas mujeres.79
Los novelistas y otros estaban también desafiando la mojigatería del tiempo, no siempre con éxito. George Eliot (el seudónimo de Mary Ann Evans) fue reprendido en el Saturday Review el 26 de febrero de 1859, por tratar el embarazo con todo detalle en Adam Bede. Gustave Flaubert se encausó legalmente por publicar Madame Bovary, según fue Charles Baudelaire para Las Flores del Mal. E incluso Alfred, Lord Termyson se increpó en 1855 por su énfasis en el adulterio, fornicación y suicidio en su "monodrama" "Maude." 80

 

* Bloch fue importante tanto al hacer definiciones como al recoger datos. A veces parece como si él fuese un vacío, succionando la información de los registros históricos, médicos y legales. Dicen que él había poseído una biblioteca personal de ochenta mil volúmenes, pero los lectores de Bloch cuidadosamente deberían comprobar sus citas, quizás porque tendió a citar las cosas de memoria. Muchas de sus notas no se mantuvieron.

LA INFLUENCIA JUDÍA

Dentro de la comunidad médica-científica, había un número creciente de individuos que estaban dispuestos a recalcar los placeres de la sexualidad, incluídos Hirschfeld y Ellis (quienes seran tratados más plenamente en el capítulo 3). Incluso, aquellos no exactamente dispuestos a ir tan lejos como Hirschfeld y Ellis, sin embargo, creyeron importante prestar atención a la sexualidad humana, si sólo para ayudar a sus pacientes. El número más grande de tales profesionales médicos a finales de siglo estuvo en las áreas de habla alemana, en particular Austria y Alemania. Cabe destacar, que la generación de médicos después de Krafft-Ebing en las discusiones médicas de la sexualidad fueron principalmente aquellos con antecedentes judíos, quizás porque este segmento de la comunidad médica fue algo más libre que la ideología cristiana acerca de ciertas formas del sexo.81
La influencia real o alegada de los médicos judíos en la investigación sexual es algo polémica por una serie de razones. Una de las dificultades es al determinar quién es y quién no es judío; tal tema también presenta las memorias dolorosas de la época nazi. Con la excepción de Enoch Heinrich Kisch (1841-1918), un ginecólogo quien escribió sobre la sexualidad femenina,82 pocos de los médicos con antecedentes judíos incluídos en la investigación sexual fueron judíos practicantes. Eulenburg, aunque de descendencia judía, había sido bautizado cristiano cuando tenía siete años.83Dessoir, quien recalcó los orígenes psicológicos de la sexualidad así como la capacidad de los hombres y mujeres para reconfigurar sus propias almas y mundo,84 tuvo un padre judío pero se había convertido en un protestante.85 De hecho, la mayoría de aquellos médicos con antecedentes judíos, incluso el políticamente más conservativo tal como Moll, fueron muy seculares y sólo los nazis los clasificarían como judíos.86 Esto plantea la pregunta de si este "nuevo" criterio del sexo formó parte de un secularismo creciente o si estaba restringido a personas con antecedentes judíos. La prueba favorece la primera más que la segunda explicación, porque los criterios judíos ortodoxos del sexo fueron tan hostiles a la actividad no heterosexual como los criterios cristianos. Es más, Eulenburg, si se preguntó, probablemente habría contestado que fue su objetividad científica más que sus orígenes judíos que condujo a sus intentos de comprender la sexualidad humana. En su libro sobre sadomasoquismo, Eulenburg escribió, "es desde luego imposible para mí como doctor tirar moralmente las piedras críticas al viviente así como al muerto".87 Por otro lado, hubo alguna conciencia de una diferencia en las actitudes judías hacia el sexo que fue expresada por algunos de los que escribieron acerca de ello en una fecha algo posterior. El sexólogo judío Max Marcuse (1877-1963), por ejemplo, escribió, "los cristianos tienden a dar a la vida sexual del hombre un estigma sin base que no es para nada el caso de la comunidad judía."88 Es más, algunos de los médicos judíos quizá bien hayan tenido alguna hostilidad hacia el conservatismo cristiano acerca del sexo. Fritz Wittle, por ejemplo, un médico judío que era un miembro de un grupo psicoanalítico seguidor de Freud, admitió a principios del siglo XX que era "su deleite extremo lanzar la importancia del sexo en los dientes de la sociedad".89
En conjunto, no fueron probablemente las actitudes tanto judías acerca del sexo que representaron el número desproporcionadamente grande de médicos judíos en el campo sexual como el hecho de que a diferencia de la mayoría de las áreas del ejercicio de la medicina había poca hostilidad para los médicos judíos que entraban en este campo algo estigmatizado, porque había sido principalmente pasado por alto por otros médicos. Aunque por la ley (originalmente firmada el 3 de julio de 1869) los judíos podrían competir oficialmente por cualquier ocupación que ellos eligieron en Alemania,90 existen amplias pruebas para indicar que tuvieron dificultad para conseguir la administración pública alta y las posiciones universitarias. Pudieron, sin embargo, convertirse en médicos, y un número desproporcionado de judíos que entró en las profesiones estudiaron así medicina. Aunque había dificultades al entrar en ciertas especialidades médicas, en investigación y práctica en las áreas del comportamiento sexual no estuvieron entre ellos. Obviamente, también había interés público cada vez más generalizado en diversos aspectos de la sexualidad humana, según demostraba la explosión de la literatura sobre el tema. En Viena, gran parte del estudio de la sexualidad llegó a ser asociado con Freud y el psicoanálisis, y la mayoría de los primeros seguidores de Freud fueron judíos. En otras áreas de habla alemana, el movimiento sexológico era mucho menos psicoanalítico, pero la presencia judía era todavía muy fuerte.
La presencia judía en el movimiento sexológico alemán fue recalcada por los nazis, que clasificaron la Sexología como una ciencia judía. Sexólogos como Hirschfeld se encontraron entre las primeras personas que atacaron cuando tomaron el poder. Lamentablemente, gran parte de la información y los recursos que habían sido recogidos por estos primeros investigadores judíos fueron perdidos o se destruyeron deliberadamente: se quemaron libros y los sexólogos huyeron, murieron bajo paro residente (como hizo Moll) o se enviaron a los campos de concentración. Ha sido sólo en los últimos veinte años que la primera contribución judía alemana a la investigación sexual moderna ha empezado a ser mejor comprendida.
Dos de los tres gigantes de la investigación sexual moderna en la primera parte del siglo XX -Hirschfeld de Alemania y Freud de Viena - fueron judíos, y aunque el movimiento psicoanalítico de Freud encontró un refugio en los Estados Unidos, el trabajo de Hirschfeld fue generalmente pasado por alto y destituído. La otra figura principal, Ellis, fue británica, y fue Ellis, aún más que Freud o Hirschfeld, quien llevó el mensaje de la nueva clase de Sexología al mundo de habla inglesa. Cada vez más, el estudio del sexo en el siglo XX se tornó más amplio, moviéndose desde su primer foco en la Psicopatología hasta el comportamiento sexual general. Es a este tema, como se centró alrededor de las vidas y obras de Hirschfeld, Ellis y Freud, que el próximo capítulo está dedicado.



3
HIRSCHFELD,
ELLIS Y FREUD

Tres hombres dominaron la Sexología durante los primeros años del siglo XX: Magnus Hirschfeld (1868-1935), Havelock Ellis (1859-1939) y Sigmund Freud (1856-1939). Hirschfeld y Ellis podrían ser llamados los recolectores de datos empíricos, mientras que Freud era un fabricante del sistema quien, sobre la base de su sistema, desarrolló una nueva terapia para aquellos aquejados de problemas sexuales y otros. Aunque cada uno conocía el trabajo de los otros y tenía contacto con los otros, Freud cada vez más se distanció no sólo de Hirschfeld y Ellis sino de otros investigadores sexuales para dedicar su energía al desarrollo de su propio modelo.
Por un tiempo, al menos en los Estados Unidos, las ideas freudianas acerca de la sexualidad fueron las dominantes. Una de las razones de ésto es que Freud, a través de sus modalidades de tratamiento, proporcionó un camino para aquellos interesados en la Sexología para ganarse la vida. Hirschfeld fue independientemente adinerado, y aunque practicó la Medicina y trató pacientes, su investigación fue apoyada por sus propios fondos. Ellis, si bien también un médico, se apoyó él mismo casi enteramente mediante sus propias redacciones, muchas de las cuales estaban fuera del campo del sexo. Freud, por otro lado, ganó su vida como médico practicante y como tal estuvo mucho más interesado en el tratamiento que los otros dos. Por lo tanto, si bien los datos que recopilaron Hirschfeld y Ellis eran inestimables, estos hombres no necesariamente proporcionaron modalidades de tratamiento que un médico practicante usaría para ayudar a los pacientes. Inevitablemente, Freud, el nuevo creador del sistema, se convirtió en el modelo para gran parte de la comunidad médica, en particular en Estados Unidos, donde el campo en desarrollo de la Psiquiatría vino a dominar no sólo el tratamiento de los pacientes sino la redacción y la investigación acerca de la sexualidad humana hasta bien entrada la mitad del siglo XX.
El psiquiatra o el psicoanalista vió pacientes que buscaron ayuda a sus problemas y luego el profesional publicaba generalmente los antecedentes del caso, incluído el análisis y el tratamiento. El resultado era casi un proceso circular: dado que los freudianos dominaron las publicaciones que trataban los problemas sexuales, recibían a los pacientes con tales problemas. Si bien el urólogo y el ginecólogo pudieron tratar algunos aspectos de la sexualidad, el psiquiatra y el psicoanalista tuvieron una construcción teórica en la que todos los aspectos de la sexualidad podían incluirse. Es más, las teorías freudianas se difundieron inevitablemente a muchos otros elementos en la comunidad intelectual, agregando aún más el predominio de sus ideas. Aunque las generaciones subsiguientes de psicoanalistas y discípulos de Freud agregaron o modificaron levemente las teorías freudianas, el sistema mismo fue desafiado sólo como una nueva generación de recolectores de datos empíricos que aparecieron, principalmente en las universidades, un entorno anteriormente no receptivo a los investigadores sexuales excepto en las ciencias biológicas. La nueva generación tuvo cabida a catédras, que les proporcionaron la seguridad financiera que Ellis nunca logró a través de sus redacciones y que Hirschfeld tuvo desde su nacimiento. También les permitió desafiar el predominio médico de la investigación sexual.

MAGNUS HIRSCHFELD

El más descuidado, al menos en Estados Unidos, de los tres hombres tratados en este capítulo es Hirschfeld. Indudablemente influido por su propia homosexualidad y travestismo, no pretendió, al menos al principio, ser el reportero desapasionado de las variedades de la sexualidad humana como Krafft-Ebing alegó ser. En cambio pareció, en particular en sus primeros años, haber tenido un entusiasmo casi misionero para traer a todos la "verdad" acerca de la sexualidad. Aunque Hirschfeld comenzó como un propagandista político para la homosexualidad, con el tiempo se convirtió en un investigador significativo dentro de la sexualidad humana. Una razón principal de su descuido comparativo, sin embargo, es que muchos de sus contemporáneos nunca se olvidaron del hecho de que había sido un fuerte defensor de la homosexualidad y que a veces, en su entusiasmo, tendía a caer en el exceso. En su vida posterior, también fue un radical en la política, creyendo que sólo mediante el cambio del sistema podrían tener lugar los cambios bastante retrasados en las leyes acerca de la sexualidad. Hubo otras razones también.
Los escritos de Hirschfeld, por ejemplo, fueron a menudo mal organizados y desde el principio no se analizaron tan bien, aunque tendió a mejorar con la edad. Sacó a la luz una variedad de libros y artículos, algunos de los cuales fueron sobresalientes y algunos de los cuales parecen haber sido apurados en la producción para satisfacer las fechas de entrega o llenar espacio. Su propio modo de vida también trabajó contra él y estuvo preparado para luchar cada vez que sintió que los derechos de los homosexuales estaban siendo amenazados. A veces parecía carecer de sentido común. Una buena ilustración de esto último es su participación en el juicio de Harden-Eulenburg, una acción causada por los enemigos del emperador Wilhelm II y el tribunal imperial.

EL ASUNTO HARDEN-EULENBURG-VON MOLTKE

Los críticos de las políticas del emperador Wilhelm tenían miedo de atacar al emperador abiertamente y por lo tanto buscaron atribuir a un grupo de amigos de sus asesores, algunos de quienes se creyó eran homosexuales, aquellas acciones de la política a que se opusieron. Un grupo pequeño de adversarios llegó a creer que un ataque contra la homosexualidad alegada de sus asesores forzaría al emperador a destituirlos, lo que luego daría lugar a un cambio de política. La semilla para tal ataque provino del apoyo del emperador a su amigo Friedrich Krupp (1854-1902), quien a la edad de treinta y tres había heredado el control del imperio industrial Krupp. Aunque casado, Krupp vivió gran parte del tiempo en la isla de Capri fuera de la costa de Nápoles, lejos de su esposa. Allí trajo al parecer a pescadores jóvenes, arrieros de mulas y otros, algunos de quienes eran legalmente menores, para ocuparse de las relaciones sexuales con él. Aunque las actividades homosexuales en sí mismas no estaban en contra de la ley italiana, la corrupción de menores sí lo fue, y Krupp, después de ser declarado persona non grata, fue expulsado de Italia por su alegada participación con menores. En el escándalo que sobrevino, Krupp murió, probablemente cometiendo suicidio, pero el emperador trató de calmar la conmoción del público y defender la casa de Krupp al darle a su amigo un funeral estatal.1
Precisamente cuánta influencia los enemigos del emperador tuvieron al animar a los italianos a presentar cargos está poco claro, pero sus adversarios vieron los esfuerzos del emperador para reducir al mínimo el escándalo como una oportunidad para reclamar que su tribunal se acribilló con la homosexualidad. Los asuntos llegaron a una crisis cuando Maximilian Harden, editor de un periódico de Berlín, Die Zukunft, y un adversario de las políticas imperiales, acusaron que el emperador estaba rodeado por un grupo de catamitas que estaban pervirtiendo la política de Alemania. Cuando esto no surtió efecto en traer una respuesta, Harden mencionó dos individuos por el nombre: el Príncipe Philip Fürst zu Eulenburg, anterior embajador para Austria-Hungría y el conde Kuno von Moltke, comandante militar de Berlín. En octubre de 1907, von Moltke lanzó un juicio de difamación contra Harden, pero Harden produjo extensos datos acerca de las tendencias homoeróticas alegadas de von Moltke, y Hirschfeld prestó declaración como un "testigo experto" de que von Moltke era un homosexual sobre la base de tales pruebas. Harden fue absuelto, pero von Moltke fue apelado. En el segundo juicio, Harden fue declarado culpable y sentenciado a cuatro meses de cárcel y se demostró que gran parte de las pruebas producidas en el primer juicio contra von Moltke eran fraudulentas. Eulenburg, quien fue inicialmente acusado de perjurio por negar su homosexualidad, nunca fue llevado a juicio.
Aunque Hirschfeld pudo haber pensado que sólo estaba realizando un servicio profesional al prestar declaración, su testimonio jugó en las manos de los que deseaban rotular a los homosexuales de altos cargos como un peligro para la patria y ni la convicción original ni la absolución final ayudaron a la causa de la homosexualidad. También ocasionó duda en la habilidad de Hirschfeld y más importante, recibió el anatema del emperador y su tribunal, cuyo apoyo era esencial si la homosexualidad tenía que legalizarse.
Algunos de sus críticos también se opusieron a Hirschfeld por motivos más profesionales. Sexólogos como Moll, aunque inicialmente algo partidario de las ideas de Hirschfeld, finalmente acabó en oposición abierta tanto por sus teorías como por la naturaleza de su investigación. Los desacuerdos entre Moll y Hirschfeld en sus años posteriores, sin embargo, fueron más que controversias científicas o académicas, aunque los desacuerdos tenían una base profesional, los hombres parecieron cada vez más haber sido motivados por hostilidades y rivalidades personales. Su conflicto obligó a muchos en el campo de la Sexología a optar por uno de los dos.
Freud también había elogiado inicialmente a Hirschfeld, y de hecho, Hirschfeld se había unido con Karl Abraham al fundar la Sociedad Psicoanálitica de Berlín en 1911, en el Weimar Congress of the Psychoanalytical Association, Freud trató a Hirschfeld como un invitado honrado y lo describió como la autoridad de Berlín sobre homosexualidad.2 Cuando Hirschfeld, sin embargo, dejó la Sociedad poco después del Congreso en Weimar, Freud lo degradó, llamando su "partida como ninguna gran pérdida" y a Hirschfeld "un compañero débil, indeseable, incapaz de aprender algo".3 Esta degradación freudiana no típica de sus críticos o "desertores" significó que muchos psicoanalistas, en particular aquellos activos en los Estados Unidos, posteriormente ignoraran el trabajo de Hirschfeld.

LOS PRIMEROS AÑOS DE HIRSCHFELD

Hirschfeld era el hijo de Hermann Hirschfeld, un conocido médico y filántropo en la Costa de Kolberg en Pomerania, y de Frederika Mann, miembro de una prominente familia judía de Pomerania. Él, como sus dos hermanos, decidió seguir los pasos de su padre y comenzó su educación médica en Estrasburgo. Pronto salió de allí para Berlín, luego se mudó a Munich. Hirschfeld también estudió en Heidelberg y finalmente regresó a Berlín para completar sus estudios. Su tesis de grado fue sobre los efectos de la influencia en el sistema nervioso. Luego visitó los Estados Unidos y regresó pasando por Marruecos, Argel e Italia.
En 1894, abrió una oficina en su pueblo natal como médico general y obstetra, pero dos años después se mudó a Berlín donde se convirtió en un especialista en Hidropatía. Fue en Berlín que lanzó su carrera como un investigador sexual. Su primera entrada en el campo fue un folleto de treinta y cuatro páginas titulado Sappho und Socrates, Wie erklärt sich die Liebe der Männer und Frauen zu Personen des eigenen Geschlechts? (Sappho y Sócrates, ¿Cómo puede explicarse el amor de los hombres y mujeres para individuos del propio sexo?). Hirschfeld escribió el folleto poco después de enterarse del suicidio de uno de sus pacientes, un oficial homosexual joven que se mató de un tiro en la cabeza en la víspera de su matrimonio. Apenas antes de hacerlo, le había enviado a Hirschfeld una carta en la cual anunciaba que se mataba porque se sentía muy torturado por la doble vida a que se vio obligado a llevar. Instó a Hirschfeld a que les contara a otros su trágica historia con la esperanza de que podrían comprender mejor las dificultades bajo las cuales vivían los homosexuales. Escrito bajo el nombre de Th. Ramien, Hirschfeld argumentó que la homosexualidad formaba parte de la sexualidad humana, que tanto sus causas como sus manifestaciones deberían ser objeto de la investigación científica y que las leyes penales contra la homosexualidad deberían cambiarse para el interés de la sociedad.4
El folleto se inició con una cita de Friedrich Nietzsche -"lo que es natural no puede ser immoral"- y despertó más interés del que podría haber sido esperado debido a la publicidad generada por el juicio de Oscar Wilde en Inglaterra. Hirschfeld, dependiendo en gran medida del trabajo de Moll, 5 y en menor grado de Krafft-Ebing, declaró que todas las ciencias habían demostrado que los homosexuales compusieron un tercer sexo. Luego fue más allá que Krafft-Ebing, sin embargo, y declaró que la homosexualidad era sencillamente una variedad de la sexualidad humana. La clave de su teoría yació en la embriología (como lo era la de Ulrichs), aunque no estuvo plenamente consciente de lo que Ulrichs había escrito. Intentó una escala de 10 puntos para clasificar a las personas basada en sus tres principios básicos del desarrollo, en realidad hubo seis principios, porque pensó que las mujeres y los hombres pasaron por la mismas tres fases pero con diferencias leves.

LA TEORÍA DE HIRSCHFELD

Según Hirschfeld, la mayoría de las personas eran originalmente bisexuales, pero en el curso de su desarrollo natural, perdían su deseo por los miembros del mismo sexo. Estas personas eran los heterosexuales que amaban a los miembros del sexo opuesto. La segunda categoría de individuos estaba constituída por los psicohermafroditas -hombres y mujeres cuyos órganos sexuales se habían desarrollado normalmente pero cuyos centros de sentimiento para uno u otro sexo eran imperfectos y como resultado, estas personas podrían amar a individuos de ambos sexos. La tercera categoría consistía en aquellos individuos cuyos órganos sexuales se desarrollaron normalmente pero en quienes el deseo por individuos del mismo sexo en el centro del sentimiento dejó de alejarse. Los resultados eran hombres que amaban a hombres y mujeres que amaban a mujeres. Hirschfeld siguió modificando su teoría de las causas de la homosexualidad durante los próximos cuatro decenios pero nunca llegó realmente a una formulación satisfactoria, probablemente porque nada de lo que dijo pudo ser probado realmente.
El folleto Sappho und Socrates representa los puntos fuertes y débiles de gran parte del trabajo posterior de Hirschfeld. Destituyó totalmente a aquellas personas que difirieron de él, fue descuidado en sus datos históricos ( hizo que Sappho se matara debido al amor no requerido por una mujer) y fue rápido al denunciar figuras históricas anteriores como homosexuales o lesbianas sin muchas pruebas. También dio por sentado que su explicación para la homosexualidad era la única correcta, una denuncia que fue retada rápidamente por otros homosexuales. De hecho, casi inmediatamente después de la aparición del folleto de Hirschfeld, otro folleto fue sacado a la luz por el mismo editor, Max Spohr. El autor anónimo de este folleto sostuvo que la homosexualidad no era una condición congénita sino que se adquiría a través del paso por la vida de un individuo. El problema, sin embargo, no estaba en el individuo que se convirtió en un homosexual sino que la sociedad castigó al homosexual, cuando realmente debería aceptarlo o aceptarla.6
Muchas de las ideas en este segundo folleto fueron similares a aquellas expresadas por Benedict Friedländer y Adolf Brand, quienes se opusieron a la noción de Hirschfeld de un tercer sexo y pudieron haber sido bien escrito por ellos. Friedländer posteriormente alegó que las teorías como las de Hirschfeld hacían a todos los homosexuales afeminados (o en el caso de las lesbianas, masculinas), mientras que ellos consideraban la homosexualidad como un aspecto idealizado de los lazos de los hombres tal como habían existido en la Grecia antigua. Para ellos, el amor homosexual era espiritual y no un deseo físico o animal; en otras palabras, las relaciones sexuales no tuvieron ningún lugar en tal relación. Friedländer y Brand observaron que las relaciones sexuales podrían tener lugar ( y así fue ), pero en circunstancias en que el amor idealizado entre dos de tales individuos condujo a una participación íntima de los fluídos corporales, el acto era diferente del amor animal.7 Este criterio fue posteriormente desarrollado más plenamente por Hans Blüher, quien dividió a los homosexuales en tres tipos: el hombre heroico, el invertido afeminado y el homosexual suprimido.8 Aunque Friedländer y pensadores similares reconocieron que la sociedad estaba organizada principalmente alrededor de la familia y el estado -una base heterosexual - también creyeron que tenía una base secundaria en los lazos masculinos, los cuales incluyeron los sentimientos homoeróticos; esta fue la función principal para el hombre heroico.

HOMOSEXUALIDAD Y POLÍTICA

Esta división sobre las posibles teorías posibles para la existencia de la homosexualidad fue más allá de las hipótesis que ningún lado pudo probar o refutar; fue una división política también -y Hirschfeld fue mucho más que un político. En su vigésimo noveno cumpleaños, el 14 de mayo de 1897, Hirschfeld fundó el Wissenschaftlich-Humanitäre Komitee (Comité Humanitario Científico) para dar nueva vida a la lucha comenzada anteriormente por Ulrichs y otros para la derogación de la provisión antihomosexual, para ese entonces la sección 175 del código penal imperial según se adoptó en 1871. La ley imperial impuso un máximo de dos años de encarcelamiento por la "conducta obscena y anormal" entre hombres. Como parte de su campaña, los miembros del comité circularon las peticiones para ser firmadas por los defensores del cambio legal y muchas personas prominentes en la vida pública firmaron. Por un tiempo, la causa fue adoptada por alguno de los partidos políticos. August Bebel, líder del Partido Social Demócrata Alemán, habló sobre el hemiciclo del Reichstag a favor de la petición. Como resultado de sus esfuerzos, la petición fue puesta en el programa, aunque no se trató oficialmente hasta 1905, en tal momento fue eliminada lentamente.9 Mientras aguardaban tal discusión, Hirschfeld y el comité persuadieron a los fiscales en varias de las ciudades alemanas más grandes a abstenerse de la prosecución si estaba involucrado el sexo consensual.
El fracaso del comité para alcanzar sus metas políticas tendió a acentuar la división entre los seguidores de Hirschfeld por un lado y Friedländer y Brand por el otro. La unidad del grupo estaba aún más dañada debido a los juicios Harden-Eulenberg-von Moltke, aunque Hirschfeld continuó incitando para reformar todo de su vida.
Más importante a la larga que las actividades políticas del comité fueron sus actividades académicas en nombre de la homosexualidad, en particular la publicación del Jahrbuch für Sexuelle Zwischenstufen (Anuario para intermedios sexuales ), iniciada en 1899, título que reflejaba los conceptos de Hirschfeld acerca de un tercer, o intermedio, sexo. Hirschfeld editó los veintitrés volúmenes que aparecieron (bajo títulos algo variados) entre 1899 y 1923. Muchos de aquellos publicados durante la Primera Guerra Mundial, cuando el racionamiento de documentos era severo, fueron más pequeños que los boletines informativos, y varios números se combinaron en uno. La serie se revivió brevemente de forma más fuerte después de la guerra, sólo para plegarse con el colapso monetario de Alemania a principios de los años veinte. La revista era una mezcla de artículos académicos, reimpresiones de los artículos clásicos tales como los folletos anteriores de Kertbeny, piezas de propaganda, ensayos políticos, estudios biográficos y alegato especial. Aunque en sus primeros números tenía contribuyentes significativos como Krafft-Ebing, la revista en general fue ignorada por la ciencia oficial y la erudición en Alemania. Para alguien que estudiaba la historia del sexo, sin embargo, las series permanecieron inestimables.

HIRSCHFELD EL INVESTIGADOR

Hirschfeld también empezó a llevar a cabo encuestas sexuales, y su informe de 1903 en el que el 2,2 por ciento de todos los encuestados eran homosexuales llevó a Moll a romper con Hirschfeld sobre lo que creyó que eran estadísticas exageradas. Aunque lo que Hirschfeld sostiene parece notablemente preciso considerando el conocimiento actual, esto no trajo nada más que hostilidad a Hirschfeld y sirvió como una excusa más para sus enemigos para atacarlo.10
La negativa de la petición para la reforma de las leyes sexuales y en particular la deserción de diversos grupos del comité de Hirschfeld, forzó un replanteamiento por parte de Hirschfeld. Aunque había sostenido que la ciencia había demostrado que la homosexualidad no era patológica, pocos habían estado de acuerdo con él, y sus redacciones sobre el tema habían sido mucho más polémicas que objetivas. Por un tiempo, creyó que la ciencia no estuvo de su parte, debido a los diversos desacuerdos entre ambos, sus seguidores y sus adversarios. Fue en este entorno que se dirijió a Iwan Bloch, quien había estado enfatizando la sexualwissenschaft, o la ciencia sexual. Fue a través de esta nueva clase de ciencia sexual que Hirschfeld procuró trasladar la discusión del sexo del escenario político al académico, científico disciplinario, y en el proceso, esperaba proporcionar soluciones a los problemas sexuales.
Hirschfeld se rededicó rápidamente a encontrar una base científica para sus creencias, y aceptó el nuevo criterio de Bloch de sexualwissenschaft. Uno de los primeros actos de Hirschfeld fue empezar a publicar en 1908 una revista nueva dedicada a la Sexología como una ciencia: Zeitschrift für Sexualwissenschaft. El primer número de esta revista contenía un artículo de Freud titulado "Hysterical Fantasy and Its Relation to Bisexuality", y los números posteriores presentaron trabajos originales de Alfred Adler, Karl Abraham, y Wilhelm Stekel, entre otros. Hirschfeld, en ese momento, realizó un esfuerzo significativo para incluir el movimiento psicoanalítico austríaco como parte del estudio legítimo de la ciencia sexológica. Hirschfeld también viajó a Italia para solicitar personalmente los artículos de Paolo Mantegazza y Lombroso, una indicación que esperaba que la Sexología podría convertirse en una nueva ciencia internacional.
Hirschfeld también promovió la controversia. Helene Stöcker, una de las primeras feministas de Berlín, contribuyó con un artículo sobre las diferencias entre las vidas amorosas de las mujeres y los hombres; esta era una respuesta a un artículo chauvinista sobre más o menos el mismo tema de Wilhelm Stemberg. Stöcker estaba algo perturbada por la diversidad de criterios en la revista y regañó a Hirschfeld por publicar el artículo de Stemberg, en que dijo lo que era contrario a los propios criterios de Hirschfeld sobre el tema.
Los artículos de la revista provinieron de una variedad de disciplinas, y durante el primer año, los artículos trataron los aspectos históricos, filológicos, pedagógicos, biológicos, médicos y etnológicos. Sirviendo con Hirschfeld como coeditores de la revista, el etnólogo vienés Friedrich Salomon Krauss y el médico Hermann Rohleder de Leipzig, contribuyeron a expandir el concepto de la investigación sexual.
Lamentablemente, los planes fueron mucho más ambiciosos que los fondos. Después de sólo un año de publicación, la revista se fusionó con Sexual Probleme, una revista más popular y menos académica. La amalgama resultante apareció con el título Zeitschrfit für Sexualwissenschaft und Sexual Politik y posteriormente bajo aún diferentes títulos, así como otros intentos se hicieron para revivirla.11 Impávido por el fracaso de la revista, Hirschfeld, por su parte, continuó aplicando lo que creyó que fue su renovada objetividad científica para su investigación. Su primer trabajo para calificar como una contribución principal fue Die Transvestiten (1910), un término que acuñó. Este clásico pasado por alto (se tradujo al inglés sólo en 1991) desafió el criterio de que todos los cross-dressers fueran homosexuales, ya que Hirschfeld descubrió que muchos de tales individuos fueron heterosexuales. Después de examinar posibles correlaciones del cross-dressing con la homosexualidad, el fetichismo y el masoquismo, dijo que incluso cuando todos podrían tener alguna relación, el travesti era diferente. La diferencia entre el hombre homosexual y el hombre travesti (también incluyó algunas mujeres) no estaba en el comportamiento sino en el foco del placer. Los travestis se diferenciaban de los fetichistas, porque los fetichistas tendieron a adjuntar el objeto de fetiche a una persona amada, mientras que los travestis se centraron en sí mismos y en su ropa. Si bien había algunas tendencias masoquistas, ya que los cross-dressers heterosexuales masculinos tendieron a buscar mujeres masculinas, creyó que esto no era un factor causal principal.12 Sus observaciones y datos sobre el cross-dressing, si no su teoría, no se armonizaron hasta el último decenio del siglo XX.
Hirschfeld luego publicó Die Homosexualität des Mannes und des Weibes (1914), en el cual repitió sus ideas, resumidas anteriormente, con leves modificaciones. Su uso del término homosexualidad lo consolidó en la comunidad.13 Lo que es sumamente valioso acerca de Hirschfeld es la cantidad de datos compilados acerca de la homosexualidad, el travestismo y otras formas de actividad sexual. Sostuvo que una variedad de comportamientos sexuales eran normales, y estuvo más interesado en describir esta variedad que en condenarla.
Hirschfeld no estaba contento de depender exclusivamente de su práctica o de las historias clínicas transmitidas por otros; se propuso buscar información de una gran variedad de informantes. Poco después de 1900, desarrolló lo que llamó un cuestionario psicobiológico, que contenía unas 130 preguntas y que administró a más de diez mil hombres y mujeres. Sobre la base de este, escribió lo que llamó su primer libro sexobiológico, Naturgesetze der Liebe, el cual marcó una conquista en su investigación: ya no estuvo más interesado en lo "patológico" sino en el comportamiento sexual en general. Este estudio estuvo influenciado firmemente por el biólogo evolutivo alemán Ernst Haeckel (1834-1919), quien provocó estrés sobre la ley biogenética fundamental que la ontogenia recapitula la filogenia, o que el organismo en su desarrollo demuestra, en gran medida, los cambios morfológicos que ocurrieron durante la evolución de las especies. Haeckel, quien desarrolló una teoría llamada monismo, sostuvo que la base material de los fenómenos de vida verdadera - nutrición y reproducción - fue debido a una interacción química compleja y dijo que un "quimiotropismo erótico" era la mera fuente del amor.
Hirschfeld adoptó esta creencia y afirmó que algún tipo de secreciones internas, lo que ahora llamamos hormonas, eran la fuente principal de los sentimientos de amor y de la atracción sexual. Sostuvo que los testículos secretaban una sustancia química que llamó "gandrin" y los ovarios, algo que llamó "gynecin", aunque tales sustancias todavía no habían sido aisladas.14 Parte de la dificultad con Hirschfeld es que, como su biógrafo, Charlotte Wolff dijo, "tocó a la puerta de la ciencia moderna pero no pudo conseguir abrirla".15 Quiso encontrar una explicación biológica para todos los tipos de comportamiento sexual, y cuando la ciencia de la época no pudo dársela, formuló una hipótesis sobre tales explicaciones. A menudo estuvo en el camino correcto, pero a veces sus ideas se basaron sobre errores. En su defensa, ocasionalmente pareció darse cuenta de que había dificultades con sus conceptos, como la existencia de un tercer sexo, porque admitió que las personas físicamente normales podrían ser homosexuales o bisexuales, pero todavía insistía en un tercer sexo.
Parte de la dificultad de Hirschfeld se derivó de su uso de la teoría monista, que yace en el núcleo de ambas teorías, la suya y la de Moll. El monismo tendió a despojar la idea de la sexualidad de su significado tradicional, limitado. Según Lawrence Birken señaló, la teoría evolutiva planteó un dilema para los sexólogos, porque al relacionar todas las formas de deseo unas con otras, les dio una unidad genérica que subertió la diferencia. No obstante, al mismo tiempo, recalcó la posibilidad de controlar estos deseos al relacionarlos unos con otros en una jerarquía del desarrollo. En la Sexología, las mujeres y los niños se sexualizaron incluso como ciudadanos asexuados de la inocente sociedad competitiva mundial externa. La sexualidad fue simultáneamente universal y la función del hombre adulto solitaria. El problema fue la necesidad de defender la idea de la diferencia con una teoría que recalcaba la diferenciación de una igualdad común. Mientras el acento estuviera sobre la diferenciación, podría mantenerse la diferencia; pero había una tendencia gradual a desplazar el énfasis a la igualdad común que es la base de la diferencia evidente. En la Sexología, esto vio un cambio desde la idea de una sexualidad masculina adulta hacia una de una sexualidad universalmente definida.16 Birken sostuvo que "los orígenes filogénicos de la sexualidad en el deseo indiferenciado prístino socava cualquier intento para distinguir lo sexual de lo no sexual. En este contexto, las energías sociales quizás aparezcan como nada más que una forma rarificada de energía sexual. En otras palabras, lo social apareció como una etapa mayor de lo sexual, surgiendo pero en oposición al deseo prístino".17
Fue Freud quien descubrió esta dificultad, reemplazando la diferencia entre el deseo social y sexual con un concepto por el que el amor social y sexual se distinguen desigualmente unos con otros. Al reemplazar diferencia por diferenciación, Freud pudo explicar precisamente cómo las relaciones dentro de la familia estaban conectadas a las relaciones fuera de la familia en un orden jerárquico. El complejo de Edipo de Freud, en un sentido, era una defensa contra una idea aún más insoportable, la disolución del orden jerárquico de los sexos.
Hirschfeld, sin embargo, nunca visualizó nada de este debate como un problema y por lo tanto nunca lo trató. Permaneció interesado en la organización, tratando continuamente de extender la red de sexólogos e informar al público. El comité humanitario, a pesar de las desafecciones de algunos, siguió luchando en favor del cambio, pero Hirschfeld también deseaba más datos e información. En 1913, contribuyó a la fundación de la Ärtzliche Gesellschaft für Sexualwissenschaft und Eugenik (Sociedad Médica para la Ciencia Sexual y la Eugenesia), que fue concebida como el comienzo de un movimiento mundial para la reforma sexual. Esto condujo a un renacimiento de la Zeitschrift für Sexualwissenschaft bajo la edición de Eulenburg y Bloch.
La Primera Guerra Mundial resultó ser un contratiempo importante para el movimiento sexológico alemán. Hirschfeld, que por mucho tiempo había sido un pacifista, se dedicó inicialmente al empeño de la guerra alemana, y en su tendencia a exagerar, la cual siempre lo plagó, se convirtió en el patriota alemán supremo. En su certidumbre absoluta de que Alemania estaba en lo correcto, hizo afirmaciones que nunca deberían haberse hecho. Cuando sus pasiones empezaron a enfriarse, abandonó rápidamente su primer entusiasmo por la guerra, terminando de involucrar en el movimiento para expulsar al emperador y establecer un gobierno democrático en Alemania. Para el resto de su vida, fue firmemente de izquierdas -probablemente, al menos por un tiempo, un comunista- y esto influyó la recepción de sus ideas acerca del sexo.
Durante la guerra empezó a publicar Sexual Pathology, que consideró como una actualización de Krafft-Ebing. Aunque tiene un gran número de observaciones excelentes, se debilita ya sea por la teoría deficiente o por los comentarios desafortunados. Sin embargo, una de sus contribuciones más importantes fue desafiar las creencias perniciosas de Krafft-Ebing en los efectos de la masturbación. Ampliando los estudios del sexólogo alemán Rohleder, quien había informado que el 90 por ciento de todas las personas menores de veinte años se habían masturbado,18 Hirschfeld encontró que si todo esto era una reticencia e informó que en su estimación el 96 por ciento lo habían hecho así. Escribió que lo inofensivo y las consecuencias de la masturbación habían sido enormemente exageradas. "En la mayoría de los casos el temor exagerado de las consecuencias nocivas de la masturbación es mucho más nocivo para la salud que el acto mismo. Una cierta lasitud e incapacidad para concentrarse pueden, desde luego, ser inducidas por la masturbación excesiva pero pasarán muy rápidamente de sí mismas si el modo de vida del individuo es natural y normal".19
Hirschfeld, sin embargo, no pudo superar completamente los temores de la masturbación del siglo XIX y creyó siguiendo a otros, que existía tal cosa como la autogratificación hiperactiva y recomendó la esterilización de los hombres y la clitorectomía en las mujeres para prevenirla.20
En términos generales, su Sexual Pathology es un considerable adelanto sobre lo que había pasado anteriormente y cuando escribió sobre las anormalidades cromosómicas o anormalidades hormonales, estaba informando sobre la vanguardia de la investigación conocida, pero cuando avanzó sus creencias acerca del psicoendocrinismo -la interacción de factores orgánicos y psicológicos- estaba yendo más allá de lo que la ciencia del día podría confirmar. La ciencia no había avanzado lo suficiente para dar la clase de respuestas que él trató de dar, y lamentablemente, no siempre distinguió entre lo que creía y lo que las pruebas existentes podrían demostrar. Cuando los datos estaban haciendo falta, recurrió a las teorías que, al final, demostraron no ser válidas. En muchas áreas, sin embargo, fue muy cauteloso. Por ejemplo, aunque rechazó la teoría de Freud acerca de la sexualidad en sí, estuvo de acuerdo con Freud acerca del origen sexual de muchas neurosis y con su énfasis sobre ello en la histeria y las ideas obsesivas. No estuvo de acuerdo con Freud sobre las influencias y complejos psíquicos o con la experiencia infantil.21
En 1919, Hirschfeld finalmente hizo realidad un sueño a largo plazo con la fundación de su Instituto de Ciencia Sexual en Berlín; allí pudo consolidar y extender sus datos y almacenar su biblioteca de más de veinte mil volúmenes y treinta y cinco mil imágenes que apoyaron su investigación. Usando su cuestionario psicobiológico, siguió su estudio a gran escala de los hábitos sexuales. Estableció un servicio de orientación de matrimonios, repartió asesoramiento sobre la anticoncepción y los problemas sexuales y continuó su redacción prolífica (él mismo afirmó 187 trabajos).22 Cada vez más, Hirschfeld y sus colegas se ramificaron en los estudios de la sexualidad femenina, el matrimonio, los anticonceptivos y la prostitución, interesándose menos en la variación sexual y preocupándose más de los problemas sexuales generales.

CONGRESOS INTERNACIONALES DE SEXOLOGÍA

Sin embargo, Hirschfeld cada vez más sintió que la clave para comprender la sexualidad era la Endocrinología. En 1921, sus sueños de tener un movimiento sexológico internacional se realizaron con la Conferencia Internacional de la Reforma Sexual basada en la Ciencia Sexual, que tuvo lugar en Berlín desde el 15 al 20 de septiembre. El tema de la conferencia fue la importancia de las secreciones internas para la sexualidad humana, pero los documentos de los treinta y seis conferenciantes fueron muy amplios y no siempre sostuvieron el tema. Incluídos en la audiencia estuvieron médicos de Alemania, Finlandia, la Unión Soviética, Checoslovaquia, Hungría, Italia, Suecia, Dinamarca, Noruega, Holanda, Francia, Estados Unidos, Argentina, China y Japón así como los Estados Bálticos independientes emergentes. Cuatro de los participantes fueron mujeres. El hecho de que Hirschfeld fuera el anfitrión y orador principal solidificó su posición en la comunidad sexológica y fuera de esta reunión con el tiempo llegó a la Liga Mundial para la Reforma Sexual. Las dificultades económicas de la posguerra en Alemania y otras dificultaron ocuparse de ésto hasta 1928, cuando J. Leunbach de Copenhague organizó la segunda reunión, esta vez conocida como el Congreso de la Liga Mundial para la Reforma Sexual. Asistiendo al congreso desde los Estados Unidos estuvieron Harry Benjamin, Margaret Sanger y William Robinson, quienes permanecieron todos activos en las reuniones sexológicas internacionales; en un sentido, estos estadounidenses participaron en el desarrollo transitorio de un ala del movimiento sexológico.
Nuevamente Hirschfeld dio el discurso de apertura, y la Liga llegó a estar formalmente organizada con tres copresidentes: Auguste Forel de Suiza, Ellis del Reino Unido y Hirschfeld. Los puntos principales de la política de la Liga fueron una promoción de la causa de la educación sexual, la igualdad sexual de los hombres y mujeres, la reforma del matrimonio y de las leyes de divorcio, el estímulo de la anticoncepción y el control de la natalidad, la reforma de las leyes sobre el aborto, la protección de la madre soltera y el niño ilegítimo, la prevención de las enfermedades de transmisión sexual, la eliminación de los factores económicos que condujeron a las mujeres a la prostitución, la promoción de una actitud racional hacia las personas sexualmente "anormales" y la reforma de las leyes en lo referente a los delitos sexuales. En resumen, la plataforma combinó las ideas de Hirschfeld de la reforma e investigación sexual pero el énfasis estuvo en la reforma.
El III Congreso Internacional, celebrado en Londres, vio nuevamente a Hirschfeld dar el discurso de apertura. Estaba seguido de otros cien conferenciantes incluídos profesionales no sexólogos como el filósofo Bertrand Russell, el dramaturgo John van Druten y el escritor Desmond MacCarthy. Muchas de las conferencias estuvieron dedicadas a la anticoncepción y se caracterizaron por un esfuerzo de aquellos presentes para tratar de distanciarse algo del movimiento eugenésico.
En el IV Congreso Internacional, celebrado en Viena en 1930, Hirschfeld dio nuevamente el discurso inaugural, todavía uno de los tres copresidentes (Norman Haire del Reino Unido y Leunbach fueron los otros). La conferencia tuvo menos participantes que las anteriores, y muchos de los conferenciantes programados, tales como Ellis y Benjamin, no pudieron asistir, aunque sus conferencias se imprimieron en el libro de los documentos del congreso.
El V Congreso se había planificado originalmente para Moscú y luego para París pero terminó, en 1932, en Brno, Checoslovaquia. Este congreso fue importante porque, a diferencia de los otros tuvo lugar en una atmósfera académica, en una universidad. También tuvo el auspicio del presidente Checo, Jan Masaryk. Muchos de los participantes transmitieron sus discursos a sus propios países a través de la radio. A pesar del golpe de tales relaciones públicas, el congreso fue el último que se celebró, en parte debido a la rápida disminución del movimiento sexológico alemán pero también debido a las fuertes diferencias entre Haire y Leunbach. Leunbach quería que la Liga se asociara con el movimiento de los trabajadores revolucionarios, pero Haire quería mantener toda actividad revolucionaria fuera de la Liga y concentrarse en los proyectos educacionales. El resultado final fue la disolución de la Liga.23

HIRSCHFELD, LOS NAZIS Y SU MUERTE

El congreso de Brno marcó el final de una fase de la investigación sexual europea de otras maneras también. Al cabo de un año de su conclusión, los matones nazis promovidos por el gobierno nazi recién legitimatizado, el 6 de mayo de 1933, irrumpieron en el Instituto de Hirschfeld en Berlín. Destruyeron la mayor parte de su colección y datos y sacaron los libros de la biblioteca y los quemaron públicamente. Hirschfeld estaba de viaje en el momento y se enteró de la destrucción en París, donde, en un cine, vio con sus propios ojos la destrucción de gran parte del trabajo de su vida. Trató de comenzar nuevamente en Francia, pero murió en Niza el 14 de mayo de 1935 -su cumpleaños número 67.
Este retrato de Hirschfeld insinúa a las controversias en el campo sexológico de la época pero no hay suficiente espacio para amplificar todas las diferencias. Las distinciones fueron fuertes y Moll en particular fue rápido al contrarrestar casi todo movimiento que Hirschfeld hizo. Cuando Hirschfeld organizó su Sociedad de Médicos para la Ciencia Sexual y la Eugenesia, Moll lo compensó con la formación de su Sociedad Internacional para la Investigación Sexual. Cuando Hirschfeld organizó la primera conferencia internacional sobre Sexología en Berlín, Moll planificó otra. Las condiciones económicas en Alemania aplazaron la conferencia de Moll hasta 1926, cuando el Congreso Internacional de la Investigación Sexual se celebró en Berlín, al cual Hirschfeld no fue invitado intencionalmente.24 Moll sostuvo que si hubiera invitado a Hirschfeld, muchos de los otros no habrían asistido, porque, declaró, que Hirschfeld era visto como un apologista para la homosexualidad. La mayoría de los que asistieron a la conferencia de Moll no supieron hasta después, que Hirschfeld había sido dejado fuera. Moll y Hirschfeld estuvieron en lados opuestos de casi todos los temas. Hirschfeld mismo, sin embargo, apeló con frecuencia a Moll a que dejara aparte sus diferencias personales y le pidió a Moll unirse a él en la búsqueda de la verdad científica, que Hirschfeld creyó que podría encontrarse. Hirschfeld nunca pudo comprender por qué Moll se opuso tanto a él. Sabía que ellos diferían, pero creyó que en último término la ciencia daría las respuestas.
Hirschfeld fue errático, a veces extravagante en sus reclamos y no siempre analizó sus acciones; fue izquierdista, muy cercano del partido comunista y homosexual. Moll fue cauteloso y conservador, un nacionalista alemán, heterosexual, y muy preocupado de que investigadores homosexuales tales como Hirschfeld "infectarían" la investigación sexual. Moll desafió la creencia de Hirschfeld de que podía diagnosticar la homosexualidad en los niños, fue crítico de su teoría de los intermedios sexuales y no pudo conformarse con la creencia de Hirschfeld de que los homosexuales tuvieran virtudes especiales y fueran más democráticos y altruistas que los heterosexuales.25 Moll en particular estuvo molesto por el reclamo de Hirschfeld de que la ciencia de la Sexología había sido fundada por Bloch y en cambio insistía en que Krafft-Ebing merecía tener el crédito.
Haire, que había estudiado brevemente con Hirschfeld en Berlín y que sirvió posteriormente como copresidente del Congreso Mundial, fue amigo de Hirschfeld. Sin embargo, encontró que Hirschfeld era a menudo difícil de tratar. Escribió, "Como el resto de nosotros, él tuvo sus imperfecciones. No siempre fue discreto. No siempre se detuvo a pensar cómo sus acciones podrían ser interpretadas por las personas de mala voluntad. Pudo ser muy egoísta y exigente en asuntos sin importancia. Su apariencia fue, pienso, antipática".26
La importancia máxima de Hirschfeld para la investigación sexual no es tanto su teoría, aunque tuvo apreciaciones importantes, sino su recopilación de datos y su capacidad de organización. Aunque muchas de las fuentes para sus datos fueron destruídas por los nazis, había publicado cantidades significativas de sus datos, y las generaciones posteriores de investigadores han encontrado sus casos inestimables. La denominada investigación sexual había comenzado principalmente como opiniones y teorías letradas, basadas en los datos históricos y culturales y unos pocos pacientes, pero el crecimiento de las historias clínicas y la capacidad para comparar los antecedentes de diferentes pueblos (como Moll y Hirschfeld lo hicieron) abrió nuevos horizontes en la investigación sexual y condujo a desafiar y modificar las ideas tradicionales. En general, sin embargo, el estado del conocimiento en la naturaleza biológica de los seres humanos no era todavía lo bastante avanzado como para ir más allá de ésto. El hecho de que algunos investigadores, como Hirschfeld, estuvieron desafiando abiertamente las actitudes sociales y amenazando debilitar las ideas tradicionales fue un factor principal en la oposición a Hirschfeld como expresado por Moll y otros.

HAVELOCK ELLIS

Más afortunado y mucho menos dogmático y antagonista fue el sexólogo inglés Havelock Ellis, cuyos Studies in the Psychology of Sex (1896-1928) popularizaron el concepto del relativismo individual y cultural en el sexo. En un sentido, Ellis fue un naturalista, que observó y recopiló la información acerca de la sexualidad humana en vez de juzgarla. Siempre cauteloso, evitó las teorías unitarias. Enfrentado con la pregunta de si la homosexualidad era congénita o adquirida, física o psíquica, sintió que había quizás alguna verdad en todos los criterios. Aunque tendió a creer que las diferencias sexuales fueron congénitas y no patológicas, estaba dispuesto a asentir que quizás había un mayor número de neuróticos entre los desviados que entre otros grupos. Esto, sin embargo, también calificó, al declarar que la neurosis sea quizá debido a factores sociales en lugar de factores biológicos.
Esencialmente, el trabajo de Ellis fue un alegato por la tolerancia y por aceptar la idea de que las desviaciones de la norma fueron inocuas y ocasionalmente quizás incluso valiosas. Él, como Hirschfeld, fue un reformador sexual quien instó a la sociedad a reconocer y a aceptar las manifestaciones sexuales en los menores y para darse cuenta de que la experimentación sexual formó parte de la adolescencia. Ellis sostuvo que fue importante abolir las listas sobre la anticoncepción así como las leyes que prohibían la actividad sexual entre adultos consentidos en privado.27
Sabemos mucho acerca de Ellis de su autobiografía, incluyendo el hecho de que tuvo una fascinación con el acto de la micción, que llamó urolagnia. Esta fascinación creyó, resultó al observar a su niñera orinar en un parque público en su presencia. Estaba empujando su cochecito de niño cuando se detuvo repentinamente, seguida de una pausa y luego "oyó un sonido misterioso como de una corriente de agua que descendía a la tierra". 28 Esto fue en los días cuando no había ningún inodoro público y las mujeres usaban faldas largas y ningún pantalón; las aceras del parque estaban hechas de piedra prensada para permitirles responder a la llamada de la naturaleza.
Su padre capitán de mar, Edward P Ellis, estuvo ausente durante gran parte de la juventud de Havelock y fue criado principalmente por su madre, Susannah Wheatley Ellis, quien a la edad de diecisiete había experimentado la conversión a los principios evangélicos de John Wesley. Realizó grandes esfuerzos para protegerle y a sus otros hijos de los peligros constantes del mal, enviándolos regularmente a los servicios religiosos. El medio de Ellis de escapar de su vida rígidamente circunscrita fue a través de la lectura en la biblioteca de sus abuelos, quienes le permitieron elegir lo que deseó leer. Parece haber sido algo afeminado como niño con lo que fueron llamadas las "sensibilidades muy finas", y fue objeto de considerable intimidación por sus compañeros de clase.
A los dieciséis, acompañó a su padre en parte a un largo viaje de mar que concluyó para él en Australia. Había estado mareado en gran parte del viaje, y cuando desembarcó en Sydney, fue diagnosticado como demasiado débil para seguir con su padre a Calcuta. En vez de ésto, Ellis se quedó atrás, sosteniéndose él mismo como asistente de un maestro de escuela, un trabajo en el cual no fue particularmente exitoso. Lejos de su familia por primera vez, se encontró muy confundido por los impulsos sexuales que no comprendió. Para aceptarlos, Ellis creyó necesario "explorar el peligroso océano del sexo".29 Mientras hojeaba en una librería de Sydney, se encontró con un libro anónimamente escrito, The Elements of Social Science; Or Physical, Sexual and Natural Religion, que lo influyó enormemente.
El autor fue el médico George Drysdale (1825-1904), quien fue un pionero al señalar los regocijos del sexo de una manera que podía evitar a los censores victorianos. Drysdale, sin embargo, fiel a las normas de su tiempo, sostuvo que las cantidades excesivas de actividad sexual eran peligrosas, y expresó horror en las variadas formas de la sexualidad. Incluso, recalcó que las relaciones sexuales podrían y deberían ser una cosa deliciosa. Sostuvo que el obstáculo principal para gozar del sexo era la posibilidad constante de crear niños, y fue este temor lo que causó a los hombres dirigirse a las prostitutas y a otras formas de sexualidad y las mujeres se volvieron sexualmente inhibidas. Un neo-maltusiano, también creyó que la superpoblación fue una causa de pobreza. Todos estos problemas podrían superarse mediante el uso de anticonceptivos.30
Drysdale no fue muy victoriano al creer que el sexo mismo debía ser un tema central en el futuro. El amor, para él, fue una necesidad en lugar de un lujo, y las virtudes morales eran, en último análisis, sencillamente asuntos de higiene mental. Aunque Ellis posteriormente fue crítico de gran parte del libro, a la vez influyó en él. En la introducción a sus series sobre la Psicología del sexo, escribió:

 

El origen de estos estudios, data de muchos años atrás. Como joven estuve enfrentado, como otros lo están, con el problema del sexo. Viviendo en parte en una ciudad australiana donde las formas de vida fueron vistas sencillamente, en parte en la soledad del arbusto, estuve en libertad para contemplar y meditar muchas cosas. Una resolución surgió lentamente dentro de mí: una parte principal de mi obra debería ser poner de manifiesto los problemas del sexo.31


Después de su regreso a Inglaterra, Ellis siguió enseñando, pero demostró menos éxito en cada trabajo. Siguió confundido por el sexo, y buscando en su alma se comprometió a dedicarse a una vida de ciencia. Se propuso convertirse en un médico, la única profesión mediante la cual creyó que podría dedicarse con seguridad al estudio de tal tema prohibido. En ésto, también se influyó firmemente primero por las redacciones y luego por la amistad con James Hinton, quien, como Ellis, había estado confundido sobre lo que hacer con su vida y había seguido la Medicina. Hinton también había empezado a estudiar el comportamiento sexual.
Ayudado económicamente en parte por una herencia de su madre y un préstamo de la hermana de Hinton (las mujeres estaban viniendo continuamente al rescate de Ellis), Ellis empezó sus estudios médicos. Para ayudar a mantenerse volvió a escribir, una ocupación que le dio un sustento para el resto de su vida. Aunque completó la escuela médica, nunca practicó realmente la medicina y utilizó su entrenamiento principalmente para darle el estado oficial a sus escritos sexuales. En diciembre de 1891, Ellis se casó con Edith Lees, y aunque se consumó el matrimonio, el sexo posteriormente no desempeñó una función significativa en él. Su esposa tenía fuertes tendencias lesbianas y ni Ellis ni ella desearon nungún niño. Después de unos pocos años de matrimonio, la pareja acordó no ocuparse de las relaciones sexuales, aunque ambos se embarcaron en asuntos extramatrimoniales. Por un tiempo, Ellis fue impotente. Su ama de casa, Françoise Delisle, con quien finalmente se sintió él mismo potente, escribió un relato de su relación con él en el que relató acerca de algunas de las dificultades sexuales que él tenía.32
Ya que su éxito como autor y redactor aumentó, empezó sus primeros esfuerzos hacia un estudio del sexo con la publicación de Man and Woman (1894), en la cual propuso investigar qué grado de diferencias sexuales eran artificiales o biológicas. Concluyó que los hombres fueron creados para hacer historia y las mujeres para hacer niños, una relación que dijo mantuvo un "perfecto equilibrio".33 Esto fue porque la civilización fue la creación de personas mental y físicamente "anormales" y como más hombres que mujeres tienen cabida a esta descripción, la civilización extrajo su inspiración desde los hombres. Este criterio conservador de la importancia de las mujeres fue criticado firmemente por el eugenesista y estadístico Karl Pearson. Otros criticaron el libro, entre otras cosas, por su descripción lúcida de la menstruación.
No obstante, su estudio sobre las relaciones hombre-mujer despertó suficiente atención que ganó el coraje para proceder aún más con su estudio del sexo, aunque siguió escribiendo sobre una variedad de otros temas. Ellis estaba sumamente impresionado por la manera en la cual los temas sexuales habían sido tratados por los autores como Nietzsche, Émile Zola, y Giacomo Casanova. Cada vez más en sus esfuerzos literarios generales, empezó a hacer ataques suaves contra la hipocresía de la moral moderna, un tema que apareció también en todos sus estudios sexuales. La homosexualidad le parecía ser una clave para la comprensión de la naturaleza de la sexualidad humana, y a medida que empezó a investigar el tema, se dio cuenta de que varios de sus conocidos eran homosexuales, particularmente John Addington Symonds y Edward Carpenter.
Ellis investigó sus temas a través de la literatura y la historia, complementado por una colección bastante fortuita de autobiografías sexuales individuales, lo que quizá se llamen historias clínicas. Muchos de sus amigos no sólo le escribieron sus propias autobiografías sexuales sino solicitaron a sus amigos y contactos sexuales a hacerlo también. Preguntó a su esposa acerca de sus amigos homosexuales, y aunque esto le alteró, cumplió con su pedido de solicitar información biográfica de ellos.
Otros antes que él habían recopilado información de la misma manera, en particular su amigo Symonds (1840-93), mejor conocido por sus estudios de Italia del Renacimiento. Symonds, un homosexual quien estaba casado y era padre de cuatro niños, había escrito dos libros anónimos sobre la homosexualidad: uno era un ensayo largo sobre la homosexualidad en la Grecia Antigua llamado A Problem in Greeks Ethics (1883), y el otro, un resumen histórico titulado A Problem in Modern, Ethics (1891). Había hecho mucha investigación sobre el tema.34 Cuando Ellis comprendió el grado de la investigación de Symonds, le propuso colaborar en un estudio de la homosexualidad.35 Symonds había usado el término inversión para describir la homosexualidad en sus estudios publicados, como hizo Ellis por un tiempo; sin embargo, Ellis lo descartó finalmente por el término homosexualidad.

HOMOSEXUALIDAD

La colaboración fue incómoda, porque los dos hombres difirieron el uno del otro, quizás porque Symonds, quien estuvo mucho más interesado emocionalmente en el tema que Ellis, sostuvo tales opiniones fuertes. Symonds negó que la masturbación era una causa de la homosexualidad y que la homosexualidad quizá sea congénita. En cambio, tenía nociones románticas acerca de los lazos masculinos similares a los de Friedländer, Brand y Blüher, tratados anteriormente en este capítulo. Mientras que Ellis estuvo de acuerdo con Symonds acerca de la inocuidad de la masturbación, tenía dudas acerca de las nociones románticas de los lazos masculinos y en cambio sostuvo que la herencia desempeñaba una parte importante. Symonds tampoco creyó que la homosexualidad era una condición morbosa o pervertida, y aunque Ellis pudo aceptar ésto, sostuvo que los invertidos eran amenudo neuróticos.
Tampoco el método del hombre era particularmente científico. Ellis mismo dirigió rara vez entrevistas a fondo de temas de sus historias clínicas, a menos que fueran amigos cercanos, personales. En cambio, gran parte de su material eran relatos escritos de segunda mano dados a él por los individuos mismos o por intermediarios, y Ellis no hizo ninguna investigación más. Es más, un desproporcionado gran número de casos que él usó habían sido reunidos por Symonds, quien no fue siempre el observador o cronista más desapasionado. Para complicar aún más los datos, Ellis, para disfrazar las identidades de sus sujetos, a veces suprimió los detalles y cambió los hechos. La historia clínica de su propia esposa, por ejemplo, está registrada bajo el título "Miss H.", y descuida mencionar los factores cruciales en su vida.
Aunque el convenio hecho entre Ellis y Symonds estipulaba que Ellis escribiría la introducción y los estudios clínicos y Symonds, los antecedentes históricos, Symonds murió antes de que el proyecto estuviese completo. Ellis, sin embargo, ganó el permiso para usar gran parte del material de Symonds, y formó una parte significativa del libro.36 El libro apareció en 1896 en alemán, Das Konträre Geschlechtsgefühl (para evitar problemas de censura británica) bajo los nombres de ambos autores y se programó para una versión en inglés en 1897. Antes de que la edición en inglés se distribuyera, sin embargo, la familia de Symonds, para sorpresa de Ellis, pidió eliminar su nombre de la publicación, ya que no deseaban ninguna asociación pública del nombre familiar con la homosexualidad. Dado que ya se había impreso el libro, a la familia se le dejó adquirir todas las copias de la primera edición en inglés y las destruyó. También aseguraron un convenio con Ellis de que si se publicaba cualquier edición adicional el nombre de Symonds se eliminaría de la portada.
Si bien Ellis aceptó estas condiciones, sintió que tendría dificultad para conseguir un editor para su trabajo revisado en Inglaterra. Su libro fue finalmente aceptado por Watford University Press. Esta nueva edición en inglés, publicada bajo el título Sexual Inversion, pronto se tropezó con problemas de censura, no tanto por su contenido sino debido a su editor. Esto fue porque la Watford University Press también fue la editora para la Legitimation League, un grupo que defendía el divorcio mediante el consentimiento mutuo así como la eliminación de cualquier estigma de ilegitimidad en los niños nacidos fuera del matrimonio. La policía de Londres creía que tal promoción de la causa era una indicación de una conspiración por los anarquistas para minar la moral británica, y vigilaron cuidadosamente un tramo de la librería cerca de la Liga. Un agente secreto vio el libro de Ellis sobre los estantes de la tienda, y la policía decidió usar lo que creyeron que era un libro indecente para suprimir la Liga, el editor y los anarquistas que estaban promoviendo el divorcio. A pesar del apoyo considerable de figuras literarias como George Bernard Shaw, Franco Harris, y Edward Carpenter, el vendedor de libros se declaró culpable y fue multado con £100. Ellis, ansioso por librarse de su polémico editor, devolvió sus derechos, transfirió la publicación a los Estados Unidos y sólo posteriormente puso en circulación el libro en Inglaterra.
Esta discusión de las primeras dificultades de la publicación de Ellis recalca lo que podría ser llamado gran parte del tema de la vida y el trabajo de Ellis: un deseo de transigir, de evitar la asociación con dogmáticos y de evitar controversia innecesaria. A diferencia de Hirschfeld, quien activó su camino a través de los obstáculos a toda velocidad, Ellis trató de ganarse a las personas por su criterio. Cuando tenía que elegir entre declarar que la homosexualidad era congénita o adquirida, dijo que había verdad en ambos criterios. Finalmente, sin embargo, trató de distinguir entre la homosexualidad, que involucraba cualquier relación física o sexual entre dos personas del mismo sexo y la inversión, que tuvo orígenes congénitos definitivos. Sostuvo que la homosexualidad congénita era inevitable y, por consiguiente, socialmente aceptable, en cuanto la homosexualidad adquirida esté quizás dispuesta a la curación y por lo tanto, no es aceptable. Después de admitir ésto, se concentró en la inversión congénita y así evitó el tema de tratar con la homosexualidad adquirida.
Concluyó su estudio sobre la homosexualidad al tratar cúal debería ser la actitud de la sociedad hacia el invertido sexual congénito. Normalmente, creía que la respuesta correcta reside evitando los dos extremos.

 

Por un lado, no puede esperarse tolerar al invertido quien se burla de su perversión en su cara y supone que, ya que preferiría tener su placer con un soldado o un policía que con sus hermanas, él es de arcilla más fina que la vulgar muchedumbre. Por otro lado, evitaría el choque con la ignorancia no discernida bajo una carga de vergüenza el tema de una anormalidad que, como hemos visto, no se ha encontrado incapaz de usos finos. La inversión es una aberración del curso de la naturaleza. Pero el choque de elementos en conflicto que a menudo deben marcar los antecedentes de tal desviación que resulta ahora y nuevamente -de ninguna manera con poca frecuencia- en las actividades más nobles que aquellas producidas por la gran mayoría que nacen para consumir los frutos de la tierra. Soporta, en general, su sanción en la estructura de su propio organismo. Estamos abocados a proteger a los miembros indefensos de la sociedad contra el invertido. Si vamos más lejos y buscamos destruir al invertido mismo antes de que ha pecado contra la sociedad, excedemos la orden de la razón y haciéndolo así, quizás, podamos destruir también aquellos niños del espíritu que poseen a veces un mayor valor que los niños de la carne.37


Aunque Ellis usó los términos aberración y desviación en este pasaje, en general, luchó para evitar cualquier idioma de patología. Aunque a menudo usó la palabra anormal, lo hizo en el sentido netamente estadístico de "no común". También usó el término anomalía, a veces sport (coqueteo) y otras veces variación. Para recalcar la naturaleza biológica de la homosexualidad, informó que la inversión parecía reaparecer en diferentes miembros de las mismas familias e implicó que bien podría ser heredado. Él además, a diferencia del autor de cualquier estudio que ya había aparecido, intentó recalcar el logro de los homosexuales. Aquí, usando los materiales reunidos por Symonds, identificó un gran número de individuos históricos, incluídos los humanistas del Renacimiento quienes Symonds había estudiado en detalle, como el francés Marc-Antony Muret (1526-25), el "príncipe de los humanistas" Desiderius Erasmus (1466-1536), el artista y poeta Michelagniolo Buonarroti (Miguel Ángel) (1475-1564), el culto Leonardo da Vinci (1452-1519), y una serie entera de hombres de letras británicos desde Cristobal Marlowe a Francis Bacon hasta Oscar Wilde. Incluídos en su lista estuvieron también científicos como Alexander, barón von Humboldt (1769-1859).
Ellis insistió en que la homosexualidad no era una enfermedad sino aquella ambivalencia sexual, lo que ahora se llama bisexualidad, persistió en casi todos en algún grado. Sostuvo que una conciencia de nuestra constitución hermafrodita compartida ayudó a tornar la homosexualidad comprensible. Como Hirschfeld, fue más allá de la embriología y argumentó que las secreciones internas podrían con el tiempo proveer la clave, pero, aunque cauteloso, sintió que los científicos todavía no tuvieron la respuesta final.38 Rechazó la posibilidad de una curación para la homosexualidad y difirió con los análisis freudianos de los mecanismos psíquicos, como el complejo de Edipo, según sean factores en la homosexualidad, pero acordó que había una tendencia por la homosexualidad para surgir en las personas heterosexuales quienes se colocan en condiciones en que el ejercicio de la sexualidad normal es imposible.39 Concluyó sencillamente que la doctrina de la inversión adquirida era difícil de documentar, ya que quizá sólo sea un caso de diferenciación retrasada.
Ellis prestó más atención a la homosexualidad femenina, el lesbianismo, que otros antes de él, pero limitó su discusión a un único capítulo. Cabe destacar, en su discusión de la homosexualidad masculina, no afirmó que los homosexuales congénitos fueran siempre afeminados, pero sí señaló que los homosexuales femeninos tenían más temperamentos viriles que otras mujeres.40 También sintió que el lesbianismo estaba especialmente fomentado por aquellas condiciones que mantuvieron a las mujeres en asociación constante, no sólo de día sino a menudo de noche, sin la compañia de los hombres. Aunque recalcó que la homosexualidad era tan común en las mujeres como en los hombres, sus formas pronunciadas estuvieron con menor frecuencia en las mujeres que en los hombres. También parecía dar por sentado que los vibradores eran de uso común entre las lesbianas, y desenfatizó la importancia del clítoris.41 Ellis declaró que

 

la pasión homosexual entre las mujeres encuentra expresión más o menos completa al besar, dormir juntas, y en abrazos íntimos, como en lo que a veces se llama "cucharas falsas", cuando una mujer yace en su lado con su espalda vuelta a su amiga y la abraza por detrás, adecuando sus muslos en el recodo de las piernas de su compañera, para que su Monte de Venus esté en estrecho contacto con las nalgas de la otra, y el movimiento leve luego produce un eretismo leve. También puede yacer en el cuerpo de la otra o quizá haya masturbación mutua.42


Recalcó, sin embargo, que el contacto mutuo y la fricción de las partes sexuales parece ser comparativamente poco común.
Gran parte de este trabajo es similar a lo que Hirschfeld dijo pero sin los excesos de Hirschfeld y con mucho más cuidado. Su estudio homosexual es mucho menos detallado que sus volúmenes posteriores y marca una incertidumbre en Ellis acerca de su objetivo real. Este estudio fija el modelo para su redacción posterior, al tratar de evitar alguna de las controversias principales de su época, argumentando todo el tiempo por la tolerancia y la comprensión.

MODESTIA Y OTROS ESTUDIOS

Es en el segundo volumen, que más tarde será registrado como el primer volumen en las series completas revisadas que Ellis dio su gran paso. Este volumen está dedicado al estudio de la modestia, la periodicidad sexual y el autoerotismo, y Ellis siguió el mismo modelo como hizo en su estudio sobre la homosexualidad, recurriendo a la Historia, la Antropología, la Literatura y la Biología para las respuestas. Nuevamente trató de extraer el estigma sobreviviente en el uso de los términos anteriores al buscar los más neutrales. Quizás la clave para el volumen es su estudio de la masturbación, a la cual está dedicado la mayoría del volumen. Ellis creyó que si pudiese eliminar el temor y la ansiedad que prevaleció en gran parte de la redacción científica sobre sexualidad cuando se llegó a la masturbación, podría fijar el estudio de la sexualidad humana en un curso nuevo.
Para describir los fenómenos que agrupó bajo la masturbación, Ellis inventó el término autoerotismo, que definió como

 

el fenómeno de la emoción sexual espontánea generada a falta de un proceso de estímulo externo por otra persona, directa o indirectamente. En un sentido amplio, lo que aquí no puede ser completamente pasado por alto, es que el auto-erotismo puede decirse, incluye aquellas transformaciones de la actividad sexual reprimida, que son factor de algunas condiciones morbosas así como de la manifestación normal del arte y la poesía, y, de hecho, más o menos colorean la vida entera.43


Al definir la masturbación como el autoerotismo, logró reunir un número de fenómenos psicosexuales diferentes, incluyendo los sueños eróticos, las fantasías diurnas, el narcisismo, la histeria y la masturbación y sostuvo que la forma más característica es el "acontecimiento del orgasmo sexual durante el reposo".44 En palabras de Paul Robinson, por lo tanto "a través de una inferencia que quizá se llame inocencia por asociación, la masturbación se transformó de un vicio maligno a una inevitabilidad benigna".45 Ellis, sin embargo, no destituyó la posibilidad de que la masturbación quizá dé lugar a algunos trastornos nerviosos leves, y creyó que en su forma extrema marcó la separación de las dimensiones físicas y psicológicas de la expresión sexual. No obstante, la eliminó de la categoría de enfermedad.
Lo que es interesante en los acontecimientos de la investigación sexual en este periodo es ver cómo cada uno de los investigadores interactuaron con los resultados de los otros. Freud, por ejemplo, estaba trabajando con la histeria y su asociación con la sexualidad y Ellis también; cada uno conoció el trabajo del otro. Los investigadores de la época -Hirschfeld, Ellis, Freud y otros- también estaban sumamente complacidos cuando otros se referían a ellos favorablemente.46 Es más, cada uno pidió prestado de los otros.
Una de las claves para los conceptos fisiológicos de Ellis fue la teoría de la tumescencia y detumescencia, que había adoptado de Moll. Para Ellis, sin embargo, la tumescencia describió la "acumulación" de la energía sexual durante la excitación y la detumescencia, la "descarga" de esta energía en el momento del "clímax".47 La idea es similar a la teoría de la líbido de Freud, porque Ellis reconoció que la detumescencia podría descargar su fuerza de maneras diferentes a las sexuales.
Lo que hizo a Ellis diferente de los otros sexólogos de su época fue su mayor énfasis en el amor y el cortejo. Él mismo sostuvo que sus estudios fueron diferentes a los de los investigadores anteriores principalmente en la atención que él dedicó a la sexualidad normal como distinta de la anormal. Es más, trató sistemáticamente de relacionar lo que podría ser anormal de lo normal. Por ejemplo, en su análisis del sadismo y el masoquismo, Ellis alegó que el principal elemento en ambos fue la asociación de amor con dolor, algo que él también observó en los animales.48 Por este motivo, procuró eliminar las dos categorías, combinándolas en sadomasoquismo, usando el término algolagnia. Concluyó argumentando que la completa psicología sexual, incluyendo sus diversas desviaciones, se derivó de las exigencias del cortejo.49 De igual manera, incluyó en último término otras formas de variación sexual -fetichismo, exhibicionismo, bestialidad, travestismo (que llamó eonismo), urolagnia, coprolagnia y otras- en el mismo esquema. Consideraba la mayoría de estas anomalías como congénitas, y podía relacionar cada una con algún aspecto de la vida sexual normal. La coprolagnia, por ejemplo, estaba relacionada con la atracción de las nalgas femeninas; el exhibicionismo, al orgullo del hombre por sus genitales; la bestialidad, a la creencia primitiva de que los animales fueran realmente hombres disfrazados, y así sucesivamente. Incluso los así llamados hombres y mujeres normales tenían fijaciones extrañas. En el simbolismo erótico, argumentó que todas las desviaciones sexuales involucraron una imitación tanto de las acciones y emociones de la relacion sexual normal.50
Ellis recalcó que las mujeres eran criaturas sexuales y demostró que la creencia victoriana de que las mujeres carecían de emociones sexuales era principalmente una idea del siglo XIX sin fundamento empírico. Argumentó que las mujeres tenían un deseo sexual no menos intenso que el de los hombres y que la capacidad de las mujeres para el aprovechamiento sexual era comparable con el de los hombres.51 Concluyó, sin embargo, que el impulso sexual en las mujeres difería del de los hombres, porque en las mujeres (1) el impulso era más pasivo, (2) el impulso era más complejo y menos espontáneo, (3) el impulso aumentó en fuerza después de que la relacion sexual se había establecido, (4) el comienzo del exceso era menos fácil de alcanzar, (5) la esfera sexual era más grande y más disipada, (6) había más periodicidad, y (7) había mayor variación -tanto entre mujeres y dentro de una mujer soltera.52 Gran parte de esto era debido al hecho de que la excitación sexual en los hombres estaba completamente contenida en un único suceso, la erección del pene. Aunque la erección clitoral ocurrió en las mujeres, Ellis creyó que detrás del "clítoris" había un mecanismo mucho más extenso de la vagina y la matriz, ambas de las cuales demandaban satisfacción. Ridiculizó la idea de Freud de que el sexo femenino fuese exclusivamente vaginal y sostuvo que podría haber sido promovido sólo por alguien que carecía de cualquier conocimiento directo con la experiencia sexual de la mujer. Mientras que toda la sensibilidad erótica en el hombre estaba concentrada en el pene, en las mujeres se difundía a varias áreas no genitales como el pecho. Ellis concluyó que las mujeres eran seres muchos más sexuales que los hombres. Era esta naturaleza difusa de la sexualidad de las mujeres lo que hizo el cortejo necesario y esencial.
En general, la meta de Ellis era estudiar e identificar las diversas formas de la expresión sexual sin estigmatizarlas. Cuando estudió el cross-dressing, encontró que el término de Hirschfeld, travestismo, estaba tan reducido y estigmatizado e instó el uso del término eonismo, después de Chevalier d’Éon, aunque este término nunca lo tomó. Siguiendo a Hirschfeld, sin embargo, reconoció que los travestis eran diferentes de los homosexuales, y que muchos podrían ser heterosexuales. Concluyó, sin embargo, que la explicación "causal" máxima resida quizás en un desajuste del sistema endócrino, algo que él, como Hirschfeld hizo, apoyó más firmemente a medida que fue más mayor.53

LOS PUNTOS FUERTES Y DÉBILES DE ELLIS Y DE HIRSCHFELD

Ellis fue esencialmente empírico, pragmático y tolerante. Aunque se preparó como médico, sus métodos estuvieron realmente relacionados más estrechamente con las humanidades que con las ciencias. Los datos históricos proveyeron una parte significativa de su base de datos, como lo hicieron los datos transculturales. En el fondo, fue un reformador sexual y apoyó firmemente la lucha para ganar mayor información anticonceptiva, reforma matrimonial y derechos para las mujeres y minorías sexuales.
Según se indica al comienzo de este capítulo, una de las dificultades tanto de Ellis como de Hirschfeld planteadas a la comunidad médica fue que ya que presentaron tantas formas del comportamiento sexual dentro de la variedad normal de posibilidades para todos los seres humanos, ofrecieron poco para el médico. Ellis y Hirschfeld pudieron permitirle al médico hacer un mejor diagnóstico y dar explicaciones para las variaciones sexuales, pero no proporcionaron ninguna función para el tratamiento. Los médicos, incluso los liberales, fueron renuentes a contar a sus pacientes preocupados que sus comportamientos sexuales eran más o menos parte del ser humano.
Quizá sea ésta bien una de las barreras para la aceptación de Ellis y Hirschfeld por la comunidad médica fue su voluntad para ir más allá de la audiencia médica, aunque Hirschfeld a veces escribió específicamente para los médicos. Hirschfeld también mantuvo una consulta médica y retuvo más de una creencia en un modelo médico que Ellis, al menos para las finalidades del tratamiento. Ellis fue un médico que nunca practicó la medicina y escribió para el público general, a pesar de los reclamos legales necesarios en contra de aquellas zonas geográficas en que la censura permitiría los libros de sexo a ser distribuídos sólo a los profesionales.
Esta apelación al público en general fueron los puntos fuertes y débiles de Ellis y de Hirschfeld. Ninguno desarrolló el tipo de discípulos que fue tan común entre las principales figuras médicas de su época y ya que no se asociaron con una universidad y tampoco desarrollaron un grupo de seguidores estudiantes. Hirschfeld fue sin duda más consciente de la necesidad de continuidad que Ellis, pero no pudo poner en práctica sus planes ambiciosos. Ellis creyó que sus redacciones serían suficientes.
Fue Freud quien mantuvo más eficazmente el modelo médico y esto le dio una ventaja en la comunidad profesional. También cultivó cuidadosamente a los discípulos que creían en su trabajo y en sus modalidades de tratamiento. Reclamó que los que adoptaron su punto de vista podrían curar a sus pacientes, y aunque Ellis podría leerse fácilmente y estaba ampliamente disponible (Hirschfeld mucho menos), fueron las ideas freudianas las que dominaron el mundo del tratamiento de la primera mitad del siglo XX. Ellis, Hirschfeld y otros quizá bien hayan sido los donantes del permiso, pero fue Freud quien promovió la teoría y el tratamiento. Esto es algo que la comunidad médica organizada podría aceptar, incluso si el tratamiento se pone finalmente en manos de un especialista en lugar de un generalista.

SIGMUND FREUD

A diferencia de Ellis y Hirschfeld, Freud no se propuso ser ni un reformador sexual ni un investigador sexual, aunque acabó como ambos. Nacido en Moravia, Freud se mudó con su padre a Viena en 1859, donde pasó gran parte del resto de su vida. Un estudiante brillante en la escuela primaria, fue a estudiar en la Universidad de Viena, donde llegó a estar particularmente interesado en la Fisiología. Por un tiempo breve, después de su graduación en 1881, siguió su trabajo de investigación en la Fisiología, pero cuando se involucró románticamente con su prima, Martha Bernays, Freud decidió pasar a la práctica de la Medicina para mantenerse él mismo y su anhelada familia. Luego se internó en el Hospital General de Viena, ocupando gran parte de su tiempo en la división psiquiátrica. En 1885, la universidad le otorgó una beca ambulante que le permitió estudiar en París con el famoso neurólogo Charcot, que había demostrado el valor de la hipnosis en pacientes en tratamiento. En 1886, Freud empezó a practicar en Viena como un especialista en las enfermedades nerviosas y unos pocos meses más tarde se casó con Bernays.
En el año 1880, los especialistas en enfermedades nerviosas que tenían prácticas privadas en general trataron a los pacientes que eran neuróticos y sólo ocasionalmente alguien que fuese psicótico. El psiquiatra vió pacientes con enfermedades nerviosas como el sufrimiento de la degeneración hereditaria o de las lesiones en el sistema nervioso central. Esto significó que el profesional estuvo más o menos indefenso, porque el tratamiento, tal como luego la popular cirugía cerebral, a menudo dio lugar a la muerte del paciente. Freud, impresionado por Charcot, adoptó medidas tentativas hacia el uso de la hipnosis como una técnica de tratamiento y originalmente fue promovido más allá en esta dirección por las experiencias de Josef Breuer (1841-1925). Breuer sostuvo que los síntomas neuróticos eran expresiones físicas de las emociones reprimidas y que tales síntomas desaparecerían si la experiencia dolorosa era recordada y la emoción tardía expresada. El resultado de esta colaboración inicial fue Studies on Hysteria,54 del cual tomó el término inconsciente de la literatura y la filosofía romántica alemana y lo unió con represión, conversión y contrareacción, un término empleado por los psicoanalistas para el proceso de liberar una emoción reprimida al revivir la experiencia original en la imaginación.55

PSICOANÁLISIS Y SEXUALIDAD

Hay una vasta literatura sobre el desarrollo del pensamiento de Freud, demasiado amplia para cubrir en un breve resumen. El foco aquí está sobre el psicoanálisis y la sexualidad, y no en los conceptos freudianos en general. Las teorías sexuales de Freud surgieron gradualmente y cambiaron con el transcurso del tiempo. Al principio de su práctica, por ejemplo, adoptó la creencia de que aquellos individuos que sufrían neurastenia (ansiedad nerviosa) eran masturbadores. Por un tiempo, incluso creyó que las emisiones nocturnas fueron tan perjudiciales como la masturbación. Gradualmente, cambió su opinión, 56 influído por el trabajo de Moll, Ellis y otros quienes demostraron que la masturbación formó parte de la experiencia de la sexualidad de la niñez. Su trabajo más importante en este sentido fue su documento de 1908 titulado "Civilized' Sexual Morality and Modern Nervousness", en el cual criticó la teoría de la neurastenia de Beard (tratada en el capítulo 1) así como restó importancia a los peligros exagerados de la masturbación. Recalcó aún más que el instinto sexual en los seres humanos servía para los fines de la procreación y este placer y gratificación deleitoso eran aspectos naturales del desarrollo del niño.57 Cerca de la misma época, Freud también había abandonado sus ideas acerca de la influencia de las seducciones de la niñez en el desarrollo de comportamientos posteriores tal como la homosexualidad.58
Cada vez más, de hecho, la sexualidad surgió como la clave de gran parte del pensamiento de Freud, y llegó a sostener que cada neurosis tenía una causa sexual específica. La sexualidad, en palabras de Frank Sulloway, se convirtió para Freud en la fundación orgánica imprescindible para la explicación científica de la enfermedad mental.59
La transición en su enfoque teórico puede datarse de 1899, cuando empezó a explorar las etapas del desarrollo sexual. Sostuvo que la autoerótica fue la primera etapa del desarrollo y que precedió al alloeroticismo (homoerotismo y heteroerotismo) pero que sobrevivió como un tendencia independiente.60
Gran parte del cambio de ideas fue resultado de su propio autoanálisis intenso. Al final de esta experiencia (cerca de 1902), surgió con la convicción de que había descubierto tres grandes verdades: que los sueños son el cumplimiento disfrazado del inconsciente, principalmente de los deseos infantiles; que todos los seres humanos tienen un complejo de Edipo en el cual desean matar al padre/madre del mismo sexo y poseer al padre/madre del sexo opuesto; y que los niños tienen sentimientos sexuales. Posteriormente agregó dos ideas a estos principios emergentes del pensamiento psicoanalítico, es decir, la división de la mente humana en superego, ego e id y el concepto del instinto de la muerte (thanatos).
Freud no era ningún partidario de la libertad sexual, aunque con el tiempo creía que las energías sexuales tenían que ser dirigidas, no reprimidas. Esto le condujo a postular esta variante del comportamiento sexual que provino de los impulsos sexuales que estaban maldirigidos en su objetivo u objeto. La causa de esta mala dirección yace en el sistema nervioso y la mente mediante la cual actuó el impulso instintivo. Aunque Freud prestó comparativamente poca atención a la mayoría de las formas de la variante del comportamiento sexual, sus seguidores tomaron sus conceptos para recalcar, mucho más de lo que Freud mismo hizo, las causas ambientales y accidentales de los impulsos de la variante. Behavioristas posteriores, quienes recalcaron el aprendizaje y la condición de los animales y los seres humanos, llevaron estas determinaciones ambientales y accidentales al extremo, pero el resultado práctico tanto del freudianismo y de las psicologías de aprendizaje fue sugerir que todos tenían el potencial para canalizar sus impulsos hacia cualquier forma de gratificación y con cualquier objeto. El efecto principal de tal conclusión fue minar la suposición de que ciertas formas del sexo fueran contra la naturaleza, para la naturaleza misma -el impulso instintivo- se visualizó como ser capaz de expresarse a sí mismo en muchos aspectos.
Freud llegó a apoyar la creencia de que todos los seres humanos son bisexuales, y recalcó la importancia de esto en el desarrollo psicosexual humano. También extendió un paradigma filogénico más general del sexo para abarcar muchos otros "impulsos componentes" del instinto sexual humano, tales como el sadismo, el masoquismo y la coprofagia (amor al excremento). Como resultado, Bloch describió a Freud como de haber "ido más allá que cualquier otro escritor en la derivación biofisiológica de las perversiones sexuales".61
También recalcó la función del ambiente, aceptó la ubicuidad de los impulsos sexuales perversos y recibió con beneplácito los esfuerzos de los antropólogos y los historiadores culturales en la recopilación de los datos sobre diversas formas de comportamiento sexual. No fue sólo el ambiente social y cultural que influyó el comportamiento sexual sino también el ambiente del individuo según él o ella crecía. Freud observó cómo las fantasías patógenas se desarrollaron fuera de los gérmenes de las fantasías sexuales infantiles. Su hipótesis del efecto de las experiencias eróticas de la niñez reprimidas o inconscientes resultaron ser una conquista principal al explicar ciertas formas de comportamiento sexual. Esto fue porque aclaró por qué una forma específica del fetiche, por ejemplo, un fetiche de zapatos, quizá se desarrolle en algunos individuos, mientras que un fetiche de látex o de cuero se desarrollaría en otros. La influencia de los sucesos de la casualidad en la niñez sobre el fetichismo posible ya había sido propuesta por Binet y desarrollada por otros, pero la teoría había sido criticada por Moll porque siguió estando poco claro para él porqué una clase de comportamiento se desarrolló y no otro o porqué experiencias similares no se efectuaron en todos de la misma manera. El concepto de Freud de la represión y las conversiones inconscientes ofreció una lógica salida de este estancamiemto.
Freud era un partidario de la naturaleza y la crianza, contando con ambas para explicar la patología psicosexual. Admitió la posibilidad de la predisposición de herencia pero también reconoció el determinismo ambiental. Su enfoque le dejó adoptar y explotar las mejores ideas teóricas avanzadas mediante los dos campos opuestos.62
La orientación homosexual exclusiva, por ejemplo, fue concebida por Freud como una mezcla compleja de los factores biológicos (potencial bisexual) y los psíquicos. Se opuso firmemente a una distinción estricta entre las características congénitas y las adquiridas, ya que, en la práctica, encontró una mezcla y matiz de ambas.63 Además de la idea de la homosexualidad congénita, Freud consideró algunos otros factores causales potenciales, incluyendo el complejo de Edipo, el temor de la castración, la regresión a un estado autoerótico primario, los obstáculos puestos en el camino de la satisfacción sexual ordinaria, el odio de un padre o un hermano y la fijación en la noción que las mujeres tienen de un pene. También trató de distinguir entre la homosexualidad manifiesta, latente, objetiva-inhibida y la sublimada.64
Posteriormente, declaró que el psicoanálisis había establecido dos factores en la etiología de la homosexualidad masculina. El primer factor era la fijación de las necesidades eróticas en la madre. El segundo fue que incluso si el individuo más normal es capaz de elegir el objeto del mismo sexo y si lo había hecho en algún momento en su vida, o lo adhiere a ello sin embargo en su inconsciente o lo protege él mismo contra ello mediante contraactitudes enérgicas.65 En resumen, en algunos individuos, la inversión es posible sencillamente porque los seres humanos tienen la capacidad de ser atraídos por individuos del mismo sexo bajo ciertas circunstancias psíquicas o sociales.
Freud rechazó la idea de un tercer sexo, aunque reconoció la posibilidad de los factores biológicos o genéticos. El problema, pensó, fue explicar porqué la homosexualidad prevaleció sobre el potencial heterosexual de la bisexualidad humana.66 Freud se opuso a cualquier esfuerzo en separar a los homosexuales del resto de la humanidad como constituyendo una clase especial ya que todos los seres humanos son capaces de una elección del individuo homosexual. Al menos dos veces en su carrera, Freud recalcó que las personas homosexuales no estaban enfermas. La primera vez fue en 1904, cuando fue entrevistado por el redactor del periódico de Viena Die Zeit, a quien declaró que el homosexual no pertenecía al tribunal de justicia y que él o ella no estaba enfermo.67 Posteriormente, en 1935, escribió a una madre cuyo hijo era homosexual, indicando que no podía erradicar la homosexualidad en una persona y que era una gran injusticia encausar tal comportamiento en los individuos. Le recomendó que leyera a Ellis sobre el tema.68
La creencia de Freud en las fuerzas biológicas fundamentales involucradas al formar el comportamiento específico sexual era un factor principal en su concepto de homosexualidad latente. Esto le llevó a igualar la feminidad con la pasividad, la delicadeza y la timidez y a implicar que las mujeres quienes eran ambiciosas, atléticas, agresivas, o de otra manera masculinas estaban mostrando la homosexualidad latente y perdiendo su feminidad. Tales suposiciones han sido criticadas en gran medida por algunos feministas modernos, muy particularmente y no caritativamente por Kate Millet69 pero la dificultad al criticar a Freud es que dijo diferentes cosas en diferentes momentos en su carrera.

LA MEGA TEORÍA

A medida que su pensamiento teórico maduró, Freud se trasladó de lo específico a la teoría grandiosa. Finalmente, concluyó en la civilización y en su descontento de los problemas en el desarrollo sexual se atribuyeron al desarrollo de la civilización. Ampliándose sobre Krafft-Ebing llegó a sostener que las raíces más profundas de la represión sexual que avanzaban junto con la civilización, yacen en el esfuerzo humano para superar una existencia animal anterior.70 Freud parecía estar suscribiéndose a una clase de teoría orgánica de la historia, en la que había sólo una cantidad limitada de energía vital en cada cultura y las pérdidas sufridas a través del sexo no podrían reemplazarse. Un aspecto de esta línea de pensar era la necesidad de controlar la sexualidad y especialmente la sexualidad femenina. Freud creía que la mujer tenía grandes sentimientos de inferioridad por la falta de genitales masculinos, mientras que el hombre, consciente de su posesión de tal parte corporal importante, temió que las mujeres desearan castrarlo. En resumen, la negativa narcisista de la mujer por el hombre se mezcla liberalmente con temor y desdén.71 Este aspecto, sin embargo, fue desarrollado aún más por algunos de los seguidores de Freud, quienes pusieron la necesidad de subyugación femenina al extremo.72

SEXOLOGÍA

Freud, sin embargo, no puede ser culpado por los excesos de sus discípulos, y las teorías que él desarrolló parecían capaces de responder a muchas de las preguntas que enfrentaba la sociedad. Resultaron particularmente atractivas para aquellos involucrados en el estudio de la Literatura, la Antropología y algunas de las otras ciencias sociales. Como Marx y Engels o en realidad John Locke, Freud postuló un estado original de la naturaleza en que lo sexual supuso gran importancia. Sugirió que la civilización se desarrolló según aprendió a controlar lo sexual. Esta era una formulación radicalmente diferente de aquellas avanzadas por Ellis y Hirschfeld, que fueron menos ambiciosos en sus explicaciones. Fue la naturaleza grandiosa de la respuesta freudiana -que, desde luego, no estaba sujeta a ninguna clase de comprobación empírica- lo que apeló a tantos. Aunque había basado fuertemente sus ideas en la Biología, dio libre variedad a su imaginación cuando la dejó.
Durante gran parte de su primera carrera, dependió en gran medida de muchos de los primeros sexólogos, pero con el transcurso del tiempo tendió a no citarlos, ignorando o denigrando a Hirschfeld, Moll y otros sexólogos, incluyendo a muchos de quienes había dependido en sus primeras redacciones. Lo que hizo fue valerse de pruebas seleccionadas e históricamente transitorias y generalizarlas en ley universal. Se desplazó de lo sucesivo causal a la teoría causal fundamental en sus esfuerzos para lograr una solución sintética, psicobiológica para el problema de la mente. En el proceso, empezó a pasar por alto resultados posteriores de la investigación de algunos de sus colegas sexólogos y fue por cuenta propia a basar su teoría entera del psicoanálisis en la sexualidad, su "premisa imprescindible". Freud mismo efectuó contribuciones importantes a la investigación sexual y su concepto del inconsciente fue una conquista importante. Su énfasis en los factores tanto biológicos como psicológicos es también importante, aunque algunos de sus discípulos tendieron a pasar por alto lo biológico. Quizá su mayor importancia es que hizo una comprensión de la sexualidad clave para el entendimiento de la naturaleza humana. Sus redacciones, mucho más lejanas que las de cualquiera de sus contemporáneos, quebraron las barreras contra la discusión del sexo, por lo tanto, promovieron a otros a considerar seriamente la sexualidad humana.
Según envejeció, Freud se volvió más insistente de que estaba en lo correcto, llevando una camarilla de discípulos individuales que aceptaron en general lo que dijo sin mirar lo que estaba diciéndose fuera del escenario psicoanalítico. El ascenso de los nazis dispersó a estos discípulos a otros países, donde promovieron las ideas de Freud, no las de los otros sexólogos alemanes contemporáneos. En el mundo de habla inglesa y en particular en los Estados Unidos, gran parte de la investigación sexológica precedente de Freud y contemporánea con Freud fue descuidada o ignorada por los psicoanalistas orientados en Freud, quienes dominaron los escritos terapéuticos y académicos sobre el sexo.
Con la muerte de Freud y Hirschfeld y en particular con el ascenso del nazismo, las áreas de habla alemana perdieron su preeminencia en la investigación sexual. Ellis en Inglaterra había sido aislado cada vez más por su mala salud, y nadie de su nivel se levantó para continuar su tradición. En cambio, el liderazgo en la investigación sexual pasó a los Estados Unidos y es el comienzo de tal investigación en los Estados Unidos que forma el tema del próximo capítulo.



4
LA EXPERIENCIA
ESTADOUNIDENSE

Hasta el presente en este libro, ha habido un énfasis sobre la homosexualidad como un factor principal en la investigación sexual. Krafft-Ebing, Hirschfeld y Ellis estaban preocupados por esta variante de la sexualidad, y los primeros trabajos de cada uno de ellos la trataron, aunque Krafft-Ebing lo hizo menos detallado que los otros. Freud no estaba tan preocupado por la homosexualidad en sí, pero muchos de sus seguidores psicoanalíticos le prestaron una considerable atención. Una razón para esta atención, según se indica anteriormente, fue un conocimiento público creciente de la existencia de los individuos que aman a miembros de su propio sexo más que los del opuesto. Otra razón de la inquietud por la homosexualidad fue el rápido crecimiento de las ciudades y los retos planteados a los modelos y las suposiciones tradicionales de vivir. Parte de esta preocupación de los investigadores sexuales por la homosexualidad, como en el caso de Hirschfeld, fue probablemente también conseguir una mejor comprensión de ellos mismos.

INVESTIGADORES MÉDICOS

Los observadores médicos estadounidenses fueron conscientes de parte de la investigación que tenía lugar en Europa, pero en general, no hicieron ninguna investigación principal sobre temas sexuales en el siglo XIX, aunque hacia el final del siglo, contribuyeron a historias clínicas y discusiones de diversas prácticas sexuales "desviadas", incluido el comportamiento homosexual.1 Probablemente el escritor médico estadounidense mejor informado sobre el tema fue Lydston de Chicago (tratado en el capítulo 2). Reconoció la complejidad del fenómeno de la "perversidad" y la dificultad al determinar la causa. Creyó que era posible que una persona nazca quizá con una tendencia hacia la perversión debido a una deformidad física o cerebral (los idiotas, por ejemplo) o los genitales (como los hermafroditas) o debido a impulsos congénitamente mal dirigidos. Mantuvo su creencia en los peligros de la masturbación, insistiendo en la posibilidad de que la homosexualidad era un resultado de la "estimulación evidente de la sensibilidad sexual y de los centros sexuales receptivos, incidental a los excesos sexuales y a la masturbación." 2
Lydston, sin embargo, fue una excepción. En general, de hecho, la mayoría de los médicos estadounidenses que consideraron el sexo lo hicieron para recalcar sus peligros, como Beard hizo con su concepto de neurastenia (ver capítulo 1). Una razón de ésto es que los médicos estadounidenses en la última mitad del siglo XIX estaban esforzándose por profesionalizarse y por mejorar sus normas para competir con aquellas de Europa Occidental. En tal entorno, la investigación de la actividad sexual no se vió como respetable. En cambio, el médico respetable se esforzó en ser tanto un guardián de la moral tradicional según él o ella fuera médico practicante. Un resultado fue el cumplimiento de un estado prudente más o menos oficial entre los miembros de la cada vez más potente American Medical Association (AMA). Simbólica fue la reacción al documemto de Denslow Lewis "Hygiene of the Sexual Act", que en 1899 se presentó en la sesión del AMA. Aunque a Lewis le fue permitido leer su documento, el famoso ginecólogo de la Johns Hopkins University, Howard Kelly, objetó tal presentación alegando que "la discusión del tema es tratada con suciedad y nos ensucia a nosotros mismos al tratarla en público". Posteriormente, el redactor de la Journal of the American Medical Association rehusó publicar el documento porque se opuso a la publicación de "esta clase de literatura". 3
Por una parte supuestos médicos investigadores del sexo podían vencer tales demandas para la respetabilidad que fue hacer juicios negativos sobre lo que ellos observaron, por lo tanto imponiendo normas de moralidad, que en un sentido es lo que Lydston hizo. Otra manera fue expresar sobresalto y sorpresa de que podrían existir diversos fenómenos sexuales poco comunes. Por lo tanto, el siguiente comentario por el médico Louis St. C. H. Hughes, un especialista en enfermedades mentales y nerviosas quien aparentemente estaba enterado de alguna de las investigaciones europeas sexuales del momento. En 1893, publicó una breve descripción titulada "An Organization of Colored Erotopaths", en la cual escribió: me han informado creíblemente de que hay, en la ciudad de Washington D.C., una asamblea anual de hombres negros denominados los drag dance, la cual es una orgía de libertinaje lascivo más allá del poder encerrado de la descripción. Del mismo modo, estoy informado de que una organización similar fue recientemente suprimida por la policía de la ciudad de Nueva York4. Hughes, en breve, no sólo logró expresar sorpresa sino, al recalcar que sólo fueron "de color" quienes se vieron implicados, desplazando el estigma de tal conducta a los que él claramente consideraba como una raza inferior.
Otro ejemplo de aversión del establecimiento médico estadounidense para tratar la sexualidad de cualquier manera seria es recalcado por el crítico anónimo estadounidense en 1902 del estudio de Ellis sobre la inversión sexual. Mientras que halagando a Ellis para proseguir sus estudios de sexo a un nivel científico, el crítico concluyó que Ellis era demasiado propenso a rellenar sus libros "con las fantasías pornográficas de mentes pervertidas más que con hechos fríos, y los datos que se recopilan son aparentemente de poco valor. Si cualquier resultado práctico puede provenir de tal trabajo es dudoso".5
Anteriormente, William Noyes había examinado la primera edición alemana del mismo trabajo al protestar

  contra la aparición de tal trabajo como este en una biblioteca (serie) destinado principalmente para la lectura popular. Incluso Krafft Ebing [sic], aunque escribió exclusivamente para la profesión, ha sido severa y justamente criticado por el énfasis innecesario y la importancia que él ha dado a este tema por sus artículos sobre perversiones de sentido sexual y nada más que perjuicios puede seguir si la bibliografía popular sufre un diluvio similar.6


Noyes sostuvo que la publicidad dada a diversas clases de actividad sexual no procreativa sólo permitió a los pervertidos reconocer su condición, y ya que el entendimiento no los llevó a su mejoramiento, hubiera sido mejor no haberlos mencionado en absoluto.
Sin embargo, la discusión de las formas variantes de la sexualidad apareció ocasionalmente en revistas médicas, generalmente de casos aislados entre la población de pacientes de un médico y se notificaron en la esperanza de que la acumulación de tantos hechos como posible quizá conduzca a conclusiones científicas. En términos generales, el establecimiento médico estadounidense creía que la "degeneración" fue congénita y probablemente causada por una debilidad física hereditaria de alguna clase. Los informes de casos destacan las peculiaridades del cerebro y los genitales, tanto antes y después de la muerte. Indudablemente, esta clase de notificación sirvió para confirmar la tendencia a pensar que los individuos involucrados según fueran pervertidos quienes estaban en casos aislados así como los minusválidos físicos.
Hubo excepciones. Por ejemplo, en 1886 Randolph Winslow informó sobre un brote de propagación de gonorrea a través del coito rectal en la institución correctiva de menores de Baltimor. Encontró que la relación anal era común en tales instituciones y recalcó la dificultad de eliminar tales actividades. Los chicos más jóvenes, dijo, vendían sus favores a los mayores por beneficio económico y cuando preguntó acerca de ello, los chicos justificaron su conducta mediante la existencia de la prostitución en el mundo exterior.7 Aunque Winslow y otros sabían que los investigadores europeos habían informado sobre una tendencia entre los homosexuales de agruparse juntos, los observadores ignoraron en general la vida real alrededor de ellos y fueron rara vez más allá de los hechos de un caso específico ante ellos.
El psicólogo G. Alder Blumer, que había leído la literatura europea, notificó un caso de "instinto sexual pervertido", pero clasificó a su paciente como insano y posiblemente epiléptico. Esta descripción se aplicó con frecuencia en la literatura médica estadounidense a aquellos que se apartaban de las normas aceptadas en el comportamiento sexual. Agregó que sus pacientes homosexuales le dijeron que fueron "capaz de reconocer al otro", pero no explicó cómo ocurrió esto.8 Lydston nuevamente fue la excepción, escribió,

 

En cada comunidad de cualquier tamaño hay una colonia de pervertidos sexuales; generalmente se conocen entre sí y les gusta agruparse entre ellos. A veces actuan de acuerdo con algún plan definitivo y concertado en busca de un sujeto con el cual satisfacer sus impulsos sexuales anormales....al médico raramente le habían llamado la atención estas cosas y ante la evidencia de su existencia era capaz de recibirlas con excepticismo. 9


Pero no fueron sólo los médicos quienes estuvieron poco dispuestos a aceptar la existencia de tal variante de comportamiento sexual sino también otros profesionales. Para ellos tal comportamiento era moralmente equivocado. Un miembro del Filadelfia Bar, por ejemplo, le dijo a J.Richardson Parke que rehusaría defender a alguien acusado de inversión por motivos de decencia social y profesional. Parke mismo no tuvo tales inquietudes y sostuvo que la inversión sexual había sido "sensiblemente estimulada en nuestras ciudades más grandes y en nuestra población nacida nativa, particularmente, por el deseo cada vez mayor de escapar teniendo niños" 10.
John Burnham alegó que los médicos estadounidenses de este periodo rehusaron reconocer los aspectos sociales del comportamiento,11 y hasta que lo hicieron, observó que la homosexualidad así como otras formas variantes del comportamiento sexual permanecerían sólo una serie de estudios de casos. Allan Mane Hamilton fue uno de los principales psiquiatras de finales del siglo, y señaló, según tuvo sus contrapartes continentales cincuenta años antes, que la falta de tales estudios impidió gravemente al tribunal tratar con casos que llegaron a su atención. El resultado fue que el tribunal trató con estos individuos al clasificarlos como mentalmente poco insanos y los agrupó con los dementes".

 

La actitud de la ley hasta el presente es muy severa en cuanto al castigo de los agresores de esta clase cuando son detectados, cuando suelen ser marcadamente responsables y rara vez reconoce alguna circunstancia atenuante y mientras posiblemente esta restricción sea mejor para la sociedad, no hay ninguna duda de que en casos donde una infección congénita existe, debería proporcionarse algun grado de protección a los poseedores de debilidades mentales, quienes suelen ser víctima de las personas de su propio sexo.12


Había apenas algunas cosas que los estadounidenses no deseaban pensar. Por ejemplo, en 1889, A. B. Holder, quien había vivido y ejercido en Montana escribiendo en una revista médica, describió la costumbre del berdache entre los Crow Indians donde los hombres adoptan el rol y la ropa de las mujeres e incluso toman otro hombre como marido.13 No obstante, veinte años después un curandero indio Zuni, un berdache, podría ser tomado por un antropólogo hacia Washington, D.C. e introducido como una mujer sin o el antropólogo o la sociedad de Washington consciente del sexo biológico del individuo.14 Obviamente los estadounidenses tenían dificultad en creer que tales personas podrían existir y tener un rol importante en cualquier sociedad.

MORALIDAD CIVILIZADA

Las actitudes oficiales de la sociedad estadounidense se caracterizaron por lo que ha sido llamada moralidad civilizada, definida por Mark Connelly según el sistema prescriptivo de los valores morales y culturales, los roles sexuales y económicos, las sanciones religiosas, las reglas higiénicas y los patrones de conducta idealizados que surgieron en el periodo Jacksoniano e influyeron la vida estadounidense de clase media hasta el comienzo de la I Guerra Mundial. En el mundo ideal de la moralidad civilizada, todos los valores morales fueron absolutos y eternos, los roles masculinos y femeninos se definieron de forma aguda y demarcada y la sexualidad fue vista como una fuerza potencialmente destructora.15
Los creyentes en esta moralidad civilizada sostuvieron que la viabilidad del código dependió en un

 

esfuerzo continuado para extirpar todas las oportunidades para el lapso moral. Esta comprensión proveyó la pureza cruzada del tardío siglo XIX, particularmente los embustes de Anthony Comstock y los individuos animados por los mismos sentimientos quienes estuvieron determinaron para proteger la sociedad estadounidense de los libros salaces, las prostitutas, el pokér y otras formas de desenfreno mental o físico. En un sentido, la pureza cruzada fue un intento de forzar la realidad de las condiciones sociales dentro de la línea con los dictados de la moralidad civilizada.16


Dos componentes fundamentales de esta moralidad civilizada eran la conspiración del silencio17 y el doble estándar.18Institucionalizando el cumplimiento de esta moralidad fue la American Purity Alliance, la cual se había formado en 1895 a través de una fusión de grupos de pureza locales y estatales.19 Inevitablemente, tales actitudes dieron a los estadounidenses que hacían la investigación sexual una perspectiva diferente que algunos investigadores tenían en el continente. Para ponerlo sencillamente, los estadounidenses fueron más prudentes en su discurso público. Aunque leen a Ellis, y las obras de Freud fueron alcanzando una audiencia estadounidense, las actitudes hacia la discusión pública estaban cambiando sólo lentamente. La mayoría de los estadounidenses que escribían públicamente acerca del sexo en el periodo antes de la Primera Guerra Mundial permanecieron prisioneros de las suposiciones de la moralidad civilizada; o sea, consideraron la discusión pública de las materias sexuales como no exactamente respetable. Sin embargo, para luchar con lo que ellos creyeron ser los males causados por la actividad sexual, los investigadores estadounidenses lo consideraron necesario para estudiar y comprender tales temas. Fue con esta clase de justificación que el análisis serio de la sexualidad comenzó en los Estados Unidos.

MUJERES Y PROSTITUCIÓN

Básico para gran parte de la primera investigación sexual estadounidense del siglo XX fue la prostitución porque tantos males parecieron estar relacionados con ella: la explotación de niños, la pornografía, las enfermedades y el crimen. 20 La prostitución fue llamada el "gran pecado de las grandes ciudades", 21 pero como William E. H. Lecky observó con sensatez en su History of European Morals (1869), fue la prostituta, el mayor símbolo de degradación y maldad, quien resultó finalmente ser "la guardiana más eficiente de la virtud."22 Por eso quería decir que sólo al tolerar la clase de doble estándar que la prostitución implicó, podría la mujer buena -la mujer no sexual- ser preservada en su castidad".
Pero las mujeres en la segunda mitad del siglo XIX estaban empezando a desafiar algunas de las suposiciones masculinas tradicionales. Su arma fue su misma debilidad, la suposición de que de cualquier forma fueron menos sexuales que los hombres (a menos que alguna fuerza mala les excitara tanto que dejaran de ser gentiles) y, por consiguiente, más puras; como tal, se consideraron las guardianas designadas de la virtud familiar. La castidad fue la señal de la gentilidad, y aunque la castidad o su falta quizá sea difícil de probar, las suposiciones de la castidad no lo fueron. Una vez que las mujeres estaban casadas, sin embargo, fue la maternidad lo que contó.
A las mujeres o al menos a las mujeres decentes, se les enseñó a que pensaran de sí mismas como una clase especial, y a ser conscientes de su identidad sexual única, no pudiendo ya aceptar por mucho tiempo de forma no crítica las definiciones de la función formuladas por ellas. La maternidad llegó a elevarse dentro de una mística que Freud puso dentro de una base pseudocientífica de existencia. Incluso aunque la concepción victoriana de las mujeres como criaturas macilentas, etéreas y espiritualizadas tiene poca relación con el mundo real en el que las mujeres manejaron máquinas, trabajaron los campos, lavaron ropa a mano y se afanaron sobre las grandes cocinas de gas, este criterio fue apoyado tanto por la ciencia estadounidense como por la religión. Incluso la moda conspiró al mismo final, para los polisones, aros, corsés y los finales de las faldas en los cuales las mujeres se encerraron durante gran parte del siglo XIX puede verse, retrospectivamente, haber sido diseñados para prevenirlos de entrar a formar parte del mundo de los hombres.23
A un nivel, la prostitución preservó esta inocencia femenina oficial, pero a otro nivel, amenazó con destruir la inocencia debido a los peligros de la enfermedad. Fue este tema el que causó que tantas personas condenaran la prostitución. El uso de las prostitutas como compañeras sexuales fue bastante generalizado en la segunda mitad del siglo XIX, y los protectores provinieron de todas las clases. Una buena ilustración es el caso del reverendo William Berrian, pastor de la Iglesia de Trinidad de la ciudad de Nueva York, probablemente la parroquia más adinerada en los Estados Unidos, si no en el mundo, en esa época. En un sermón predicado en 1857, proclamó virtuosamente que durante un sacerdocio de más de cincuenta años, había estado en una casa de mala reputación no más de diez veces.24 Si tal guardián de la moral de cualquier forma podía visitar una prostituta, se tiene que concluir que un gran número hizo así, al menos en algún momento en sus vidas. De hecho, la prostitución fue tan generalizada durante la segunda mitad del siglo XIX, que Ellis pensó que la prostitución era un producto necesario de la civilización y la vida urbana.25

ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL

La dificultad con la prostitución fue más allá de la moral debido a su estrecha relación con la enfermedad. Aunque Ricord había conspirado las tres etapas de la sífilis poco después de la mitad del siglo XIX, la repercusión total de la enfermedad empezó a ser comprendida sólo a finales de siglo. Para entonces, numerosas condiciones patológicas fueron reconocidas como el resultado de la sífilis, incluyendo la aparición de llagas en la piel, en los huesos y en los órganos vitales; el debilitamiento de los vasos sanguíneos; y la destrucción de diversas partes del sistema nervioso. Aunque el conocimiento de las secuelas de la enfermedad fue importante, fue la realización de que la enfermedad pudiera transmitirse a esposas inocentes y a niños que probó un mayor reto a la moralidad civilizada.26 La dificultad fue multiplicada por el hecho de que, no hasta bien entrado el siglo XX, los médicos podrían ofrecer poca esperanza terapéutica para aquellos afligidos con sífilis. La mayoría de los médicos trataron la sífilis con mercurio, ya sea por vía oral, en baños de vapor o tópicamente. El mercurio se usó tanto por razones mágicas como para cualquier prueba de curación, porque la justificación de su uso original se había basado sobre teorías antiguas de humor y salud, el cual a finales del siglo XIX se había descartado en otras áreas de la medicina. El tratamiento de mercurio fue ampliamente usado, y el elemento fue dado en tales dosis que la terapia misma fue a menudo letal. De hecho, muchos de los síntomas luego atribuidos a la sífilis se creyó que han sido el resultado de la intoxicación de mercurio.27
La otra enfermedad venérea principal siendo diagnosticada en esa época fue la gonorrea. El tratamiento para ello dependió en gran parte de los medicamentos orales, y se creyó, que cuando los medicamentos fueron ingeridos en cantidad suficiente, tenían un efecto antiséptico según fueran excretados a través de la uretra. Ricord, sin embargo, había recalcado qué poco el médico podía ayudar cuando observó: "La gonorrea empieza y sólo Dios sabe cuando terminará."28
Inevitablemente, las infecciones venéreas fueron elevadas, aunque los cálculos de los números varían ampliamente. Quizás la determinación más exacta de la prevalencia de las enfermedades venéreas entre hombres jóvenes en los Estados Unidos es una de 1909 basada en los reconocimientos médicos del ejército de los Estados Unidos; el ejército encontró una tasa de uno de cada cinco. Algunos grupos médicos fijan las altas tasas de infección basadas sobre sus propias prácticas. Un comité de médicos de Nueva York calculó que hasta el 80 por ciento de los hombres en la ciudad habían estado infectados en algún momento en sus vidas con gonorrea y del 5 al 18 por ciento habían sufrido sífilis. Un médico de Boston durante el mismo periodo encontró que más del 33 por ciento de una muestra de pacientes del hospital masculinos tenía infecciones gonorréicas".29 La prostitución fue inevitablemente culpada, y crecieron los temores, especialmente según se dieron cuenta de que la gonorrea podría conducir a la esterilidad de las mujeres y a la ceguera de los lactantes y esa sífilis podría cruzar la barrera placentaria. El ejército estaba también preocupado porque la gonorrea en particular estuvo temporalmente discapacitando así a los hombres y les mantuvo inadecuados para la batalla desde diez días a dos semanas y ocasionalmente incluso más. Algunos de los cálculos de la tasa de infección son sólo conjeturas.
En 1904, Fritz Schaudinn y Erich Hoffmann identificaron el agente causal de la sífilis. Poco después, August Wasserman, Albert Neisser y Carl Bruck desarrollaron pruebas de diagnóstico que dependieron de una reacción complemento-fijación; estas pruebas permitieron a los médicos hacer diagnósticos exactos. Teóricamente la gonorrea podría diagnosticarse mucho más fácilmente examinando bajo el microscopio un portaobjetos manchado con la supuración, pero pocos médicos tuvieron las facilidades técnicas para hacer esto hasta después del primer decenio del siglo XX.
Con el aislamiento de la sífilis espiroqueta, hubo una búsqueda inmediata para una curación. En 1910, Paul Ehrlich y Sahachiro Hata anunciaron el descubrimiento del salvarsán, un compuesto de arsénico, que fue el primer tratamiento eficaz contra la sífilis. Fue el compuesto 606 que Ehrlich y Hata habían probado sobre los conejos sifilíticos, y su éxito marcó el comienzo de los quimioterapéuticos modernos.30 Aunque el salvarsán fue aclamado como un medicamento milagroso, tuvo graves efectos secundarios, y muchos individuos sucumbieron a la alta toxicidad del tratamiento ya que fue una carrera para ver si el espiroqueta o el paciente moriría primero, y muchas veces el paciente perdió.
Ehrlich siguió experimentando con otras sustancias, y en 1912, encontró lo que llamó el neosalvarsán, o nr. 914, una sustancia menos tóxica, pero un medicamento menos efectivo que el original. Esto finalmente dio al médico una modalidad de tratamiento sobre la sífilis y entafizó aún más la importancia de la medicina al estudio de la sexualidad. Este control médico fue fortalecido mediante el descubrimiento del sulfanilamidas por Gerhard Domagk en 1921. La capacidad del sulfanilamidas para matar bacterias, incluyendo aquellas que causan la gonorrea, fueron reconocidas en 1936. La penicilina, la cual había sido descubierta en 1929 por Alexander Fleming, fue finalmente producida en cantidad durante la Segunda Guerra Mundial, y por 1945 había mostrado ser eficaz tanto contra la gonorrea como contra la sífilis.

PREVENCIÓN DE LAS ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL

Dado que los nuevos tratamientos no se desarrollaron realmente hasta después de la Segunda Guerra Mundial y el tratamiento anterior de Ehrlich fue muy costoso y lento, muchos profesionales médicos vieron la prevención como una respuesta. En su búsqueda de respuestas miraron no al hombre sino a la mujer, ambos como una causa de las enfermedades de transmisión sexual y como una víctima inocente. Fueron las malas mujeres, las prostitutas, quienes fueron la causa y las esposas inocentes y los niños quienes fueron las víctimas. Inevitablemente, muchos llegaron a creer que la mejor manera de tratar las enfermedades asociadas con la prostitución fue regular la práctica y requerir inspección médica y el aislamiento de las prostitutas infectadas. Ésto, sin embargo, implicó la entrada directa del gobierno y la supervisión de lo que un gran número de personas creyó ser conducta inmoral. Cuando esta práctica continental se introdujo en ciertas áreas portuarias de Gran Bretaña en la última mitad del siglo XIX, chocó con una tormenta de la oposición, en parte por las cifras religiosas evangélicas pero también de las mujeres, las muy preservadoras de la moral pública. El intento inicial de esta oposición fue eliminar a las prostitutas oficialmente toleradas, médicamente inspeccionadas, pero a la larga, condujo a un movimiento creciente para la abolición de la prostitución en total, particularmente en los Estados Unidos,31 y un ataque total en el doble estándar.

ALTERNATIVAS SEXUALES

Hasta ahora en este capítulo, se ha recalcado la reticencia de los estadounidenses, especialmente de los profesionales médicos sobre la sexualidad. Este énfasis está algo desorientando porque no todos los estadounidenses fueron tan reticentes como los profesionales médicos al tratar los temas sexuales. Muchos tenían actitudes muy diferentes y hubo varios movimientos límite que se propusieron desafiar la hipocresía alrededor del sexo. Uno de dichos movimientos fue el movimiento del amor libre, el cual tuvo como meta la abolición del matrimonio tradicional y el establecimiento de una nueva y mejor clase de relación, basada en la atracción pasional. En una comunidad de amor libre, las parejas indicaron su unión al atar las cuerdas del mismo color sobre sus dedos; cuando la pasión no da resultado, simplemente extrajeron las cuerdas. Muchas de las comunidades de amor libre fueron fundadas por profetas religiosos, un hecho que permitió a los adherentes reclamar que tanto Dios como la moralidad estuvieron de su lado.
En Oneida, Nueva York, John Humphrey Noyes y sus perfeccionistas cristianos promovieron sus teorías del "matrimonio complejo" y la "continencia matrimonial" así como el uso del coito reservatus en la relación sexual. Esto incluye colocar un dedo sobre la base del pene para crear presión sobre la uretra, que previene la eyaculación, o sencillamente cesando el movimiento antes de la eyaculación, o usando ambas técnicas. Aunque el coito reservatus no es cien por cien efectivo como un anticonceptivo, sin duda reduce las probabilidades. Los mormones instituyeron la poligamia para seguir desviando a maridos dentro de los límites del matrimonio y Sylvester Graham trató de establecer la castidad en las "casas de pensionado Grahamite" para proteger a los hombres de la "indulgencia venérea".32
Victoria Woodhull, una de las mujeres líderes del movimiento de amor libre, enseñó que el sexo no sólo fue principal para la existencia humana sino esencial para preservar su salud y fuerza vital. "Muéstreme a un hombre o a una mujer que sea una imagen de la fuerza y de la salud física y yo le mostraré a usted a una persona que tiene relaciones sexuales saludables", afirmó. Mientras nunca se apruebe la promiscuidad evidente, permaneció siendo hostil al matrimonio como una institución, porque condujo inevitablemente a la inanición y a la esclavitud sexual para las mujeres y con demasiada frecuencia produjo niños no amados y no deseados. La manera de combatir tales males en su mente fue dar a las personas la libertad para amar, "el amor labrado del consentimiento mutuo basado sobre el deseo".33

MUCHAS MANERAS DE REFORMA

La prostitución y los problemas sexuales fueron sólo dos de los muchos males sociales que aparentemente plagaron a los estadounidenses a finales del siglo XIX. El alcoholismo fue otro. La pornografía fue todavía otro. La falta de derechos para las mujeres fue otro. La esclavitud, un problema anterior, había sido eliminada por la guerra civil y la reconstrucción que siguió. Inevitablemente, después de la abolición del mal de la esclavitud, las soluciones a otros males sociales también se vieron como la responsabilidad del gobierno. Recalcando esta vuelta al gobierno fue el hecho de que las soluciones tradicionales de la presión de la comunidad o una llamada religiosa a la reforma moral no parecían funcionar por mucho tiempo en el entorno urbano creciente. Los grupos organizados se formaron para luchar en favor de una variedad de intervenciones del gobierno, incluyendo el movimiento de prohibición, que trató con el alcoholismo y el abolicionismo, y con la prostitución. Dar el derecho de votar a las mujeres supuso que levantaba el nivel moral de América. Lo que une a los diversos movimientos sociales juntos en la historia estadounidense es la demanda del estado para intervenir en la vida social y económica del país. El resultado fue el movimiento progresivo, un movimiento que incorporó los impulsos incompatibles, ordenando desde la justicia social a la eficiencia y desde el poder de la educación para cambiar el comportamiento a una creencia en la necesidad de mayor coerción para forzar al recalcitrante a ajustarse.

ANTHONY COMSTOCK

Un primer precursor de esta necesidad sentida para la coerción había sido el denominado Comstock Law quien pasó al Congreso en 1873, firmado dentro de la ley por el Presidente U. S. Grant y titulado "Una ley para la supresión del comercio y la circulación de la literatura obscena y los artículos de uso inmoral". Los artículos de uso inmoral eran específicamente los que apuntaban hacia los anticonceptivos, recalcando precisamente cuánto temor al sexo jugado en los diversos movimientos de la reforma. Comstock, el fundador de la New York Society for the Suppression of Vice, supervisó el cumplimiento de la ley de su posición como inspector postal de los Estados Unidos no retribuido en la ciudad de Nueva York (ver también capítulo 2). Casi sin ayuda de nadie procesó a los que escribieron, publicaron y vendieron literatura o arte que se consideró obsceno.34
Comstock fue motivado por su creencia en la moralidad civilizada y absoluta que requirió que la sexualidad devolvió a la esfera privada y que cualquier expresión pública de la sexualidad fue a través de la definición obscena. También creía que la lujuria misma fue peligrosa, y él y sus aliados atacaron no sólo la venta de literatura sexual con fines de lucro sino también cualquier opinión médica o filosófica discordante que apoyó la creencia de que la sexualidad tuvo otra finalidad diferente de la reproductiva.35 El resultado fue la censura del correo y una reducción de la discusión pública de la sexualidad. Hubo una guerra abierta entre los que pensaban que el sexo estaba mejor regulado al restringir su discusión pública y los que sostuvieron que la educación pública y la información eran las claves.
El éxito de Comstock dependió del apoyo público y por un tiempo una especie de autocensura fue impuesta por los editores mismos. Cada vez más, sin embargo, muchos de sus aliados se separaron de su campaña de tender trampas y de intimidación. Sin dejarse intimidar, amplió su ataque para incluir sufragistas, quienes sintieron la moral familiar tradicional amenazada. En último término, fue la incapacidad de Comstock para comprometerse y su voluntad para extender su red siempre más extensa que debilitó su movimiento y lo condujo convirtiéndose en una cifra casi ridícula.

PRINCE A. MORROW

El reemplazo de Comstockery como un factor principal al determinar los criterios estadounidenses de la sexualidad fue el movimiento creciente de salud pública. Muchos de aquellos en esta coalición emergente estaban preocupados por las enfermedades de transmisión sexual, y fueron impedidos por las actividades de Comstock al llevar a cabo su necesidad sentida de educación pública. Dando el liderazgo a este nuevo foco estuvo el dermatólogo de Nueva York Prince A. Morrow (1846-1913).
Morrow había pasado un año en Europa después de completar su entrenamiento médico, y mientras estuvo allí, se había puesto en contacto con algunas de las figuras destacadas en el estudio de las enfermedades de transmisión sexual. A su vuelta a los Estados Unidos, tradujo la discusión de Jean-Alfred Fournier sobre la sífilis y el matrimonio al inglés y escribió su propio manual acerca de la sífilis, el cual se orientó tanto a los estudiantes como a los profesionales.36 El interés de Morrow se reforzó en 1899 cuando asistió a la primera de dos conferencias internacionales, ambas celebradas en Bruselas, para considerar los aspectos de la salud pública de las enfermedades de transmisión sexual. En esta primera conferencia, aquellos que asistieron, principalmente médicos y funcionarios de salud pública concluyeron que las enfermedades de transmisión sexual fueron más prevalentes que lo que generalmente se creía y que la inspección médica de prostitutas, la práctica europea estándar, no fue efectiva.37 Después de la conferencia, Morrow hizo una exhortación emocionante a la New York Medical Society recalcando que entre la mayoría de los que padecen enfermedades de transmisión sexual estuvieron mujeres, niños y jóvenes inconscientes inocentes, quienes no tuvieron ninguna idea de los peligros a los que se expusieron ellos mismos.
Morrow ayudó a organizar la segunda conferencia internacional, que se celebró en 1902. Allí, los delegados oyeron acerca del éxito de una campaña educacional francesa para advertir a la juventud contra los peligros de la enfermedad venérea y a instar a las personas infectadas a buscar tratamiento. Morrow regresó a los Estados Unidos comprometido con la fundación de un grupo estadounidense a educar a los profesionales y al público acerca de los peligros del riesgo venéreo. El primer paso fue escribir una exposición total de las implicaciones desastrosas de introducir las enfermedades venéreas dentro del matrimonio.
En 1904 publicó Social Disease and Marriage,38el cual atrajo a una amplia audiencia médica, así como considerable atención del lego. Morrow atacó el doble estándar de las morales sexuales y creyó y predijo que el hombre debería mantenerse tan culpable como la prostituta patrocinó. Argumentó que las enfermedades de transmisión sexual deberían ser notificadas, y las mujeres instadas, como las principales víctimas del silencio acerca de las enfermedades de transmisión sexual, para tomar una parte principal en la lucha contra las enfermedades y el vicio sexual. Morrow también pensó que la educación sexual era la mejor respuesta al problema. Un resultado de los esfuerzos de Morrow fue el establecimiento de lo que se llamaron las sociedades de higiene social, la primera de las cuales apareció en Chicago en 1904. Estos grupos se arraigaron rápidamente y formaron la base para una campaña nacional para destruir la ignorancia y el prejuicio que permitió a la enfermedad venérea infectar la nación. En 1905, Prince mismo estableció la Society of Sanitary and Moral Prophylaxis (pronto renombrada American Society for Sanitary and Moral Prophylaxis), que tomó como su misión la educación del público acerca del sexo y las enfermedades de transmisión sexual. Morrow creyó que aunque la instrucción sexual debería darse en casa a una edad temprana, la mayoría de los padres no estaban calificados para darla. Por lo tanto, afirmó que la responsabilidad correspondió a los profesores y la educación sexual debería ser una parte integrante del curso de estudio en todas las escuelas de formación de profesores. Esta idea interesó tanto a la profesión médica estadounidense como a los líderes de la American Purity Alliance, la cual en 1908 anunció que la educación sexual se convertiría en uno de sus objetivos.
La finalidad principal de la educación sexual fue enfatizar la importancia de la pureza sexual para ambos sexos y eliminar la falsa impresión a menudo sostenida por hombres jóvenes que pensaban que el exceso sexual era esencial para la salud y esa castidad fue incompatible con el vigor total. Aunque se reconoció que la actividad sexual podría tener finalidades no procreativas e incluso finalidades placenteras, las relaciones sexuales fueron reservadas para el matrimonio, en el que sólo los maridos y esposas gozaron de tales placeres. Estos aspectos placenteros del sexo no entraron en la discusión pública.39
El movimiento de pureza ganó más impulso en 1911, cuando las dos mayores organizaciones de pureza -la American Purity Alliance y la American Vigilance Association (fundada por Jane Addams, Grace Dodge, David Starr Jordan y otros en 1906)- eligió los mismos oficiales. Este fue el primer paso para la consolidación de las organizaciones según la American Vigilance Association, la cual estuvo dedicada no sólo a luchar contra la prostitución sino a educar a los jóvenes acerca de los peligros de la inmoralidad. En 1910, muchos de los grupos médicamente orientados que apoyaron las ideas de Morrow se habían reunido y le habían elegido presidente de una nueva organización nacional, la American Federation for Sex Higiene. En 1913, después de la muerte de Morrow, las dos fuerzas, la médica y la pura, se fusionaron formalmente y formaron simbólicamente la American Social Hygiene Association.40
Para tener éxito, la educación requirió no sólo de los jóvenes sino también del público general. Esta fue una tarea más difícil de lo que muchos reformadores preveyeron. En 1906, cuando Edward Bok, el redactor de la Ladies' Home Journal, publicó una serie de artículos sobre la enfermedad venérea, perdió unos setenta y cinco mil suscriptores.41 Esta reacción tuvo lugar incluso aunque los defensores de la educación sexual en ese periodo recalcaran cuidadosamente los temas de la castidad y la abstinencia, reforzando estos al representar los horrores de la enfermedad. Las actitudes empezaron a cambiar sólo después de la Primera Guerra Mundial, cuando la influencia de Ellis y Freud empezó a sentirse, pero el público estadounidense no cambió significativamente su criterio de la educación sexual ni el del sexo en general, hasta después de la Segunda Guerra Mundial.42


ANTICONCEPCIÓN

Si la discusión pública de las enfermedades de transmisión sexual despertara tal reacción pública, las discusiones en los Estados Unidos de los anticonceptivos serían incluso más polémicas. En general, los profesionales médicos en la última mitad del siglo XIX y primera parte del XX, habían vuelto sus espaldas tanto a la anticoncepción como al aborto, considerándolos como algo que implicó a los médicos mal entrenados o a los irregulares. Los médicos en la cada vez más potente American Medical Association no sólo fueron activos en las campañas para proscribir el aborto sino, de acuerdo con su criterio de protección moral, rehusaron tratar con anticonceptivos. Algunas de estas acciones, derivadas de la creencia médica predominante de que las mujeres tenían una esfera especial y estaban diseñadas para la función materna, por lo tanto cualquier intento de evitar esta función fue peligroso para su salud. Aunque los médicos individuales quizás ignoren estas suposiciones públicamente planteadas, los anticonceptivos y la información sobre ellos fueron clandestinos en América en la última mitad del siglo XIX, en el momento en el que los dispositivos eficaces de control de la natalidad estaban llegando al mercado. Los condones de goma de látex recién inventados estaban vendiéndose en los Estados Unidos ya en 1860 como profilácticos eficaces; estaban disponibles en barberías y otros lugares donde los hombres se congregaban. Aunque se fomentó un profiláctico contra la infección venérea su valor anticonceptivo fue también reconocido.43
Más ampliamente disponibles para las mujeres fueron los diversos dispositivos que se anunciaron para tratar el prolapso del útero o "queja femenina"; de un modo u otro, formaban una barrera sobre la cervix. Muchos de estos pesarios fueron patentados por la Patent Office estadounidense, incluso durante el periodo cuando Comstock fue sumamente activo, aunque su uso alternativo no fue nunca especificado en las aplicaciones patentes. El más eficaz de estos pesarios en términos de anticoncepción fue el desarrollado por W. P. J. Mensinga (C. Haase). La mayoría de los primeros pesarios habían usado un anillo de goma dura, pero después de la vulcanización de la goma, se convirtió en el material favorecido. Lo que hizo al diafragma de Mensinga, datado en los comienzos de 1870 y hecho de látex, más eficaz que los primeros modelos fue la incorporación de un resorte extendido que vigila en el borde para que se mantenga en el lugar. Más tarde, se usó un resorte con forma de espiral.44
En el año 1860, Edward Bliss Foote había introducido en los Estados Unidos algo llamado "el velo de la matriz", un dispositivo muy similar al diafragma Mensinga. Lamentablemente, los folletos recomendando su uso fueron confiscados y destruídos de acuerdo con la Ley de Comstock de 1873, pero descripciones claras de ello existen en las ediciones anteriores de su libro.45 El diafragma Mensinga fue popularizado por el estudiante de Mensinga Aletta Jacobs, quien, en 1882, abrió la primera clínica anticonceptiva en el mundo en los Países Bajos y enseñado a las mujeres cómo usar el diafragma Mensinga. Fue el dispositivo usado por las clínicas de Planificación Familiar en los años veinte, y fue probablemente el dispositivo de control de natalidad más ampliamente usado por las mujeres hasta la Segunda Guerra Mundial.
Varios espermicidas eficaces también habían aparecido en el mercado europeo hacia finales del siglo XIX. Generalmente considerado como la primera persona para convertirse activo elaborando y vendiendo supositorios espermicidas es el químico inglés W J. Rendell, quien alrededor de 1880 primero puso su quinina y pesarios de cacao en el mercado. Cacao, o manteca de cacao -una amarillenta, dura, grasa vegetal frágil que se obtiene de las semillas de la planta Theobroma cacao- contiene cerca del 30 por ciento de ácido oleico, 40 por ciento de ácido esteárico y otros ácidos grasos. Es un material bastante eficaz para un supositorio debido a su punto de fusión bajo, y probablemente funcionó como un anticonceptivo, al bloquear la cervix con una película aceitosa. Por otra parte, la quinina sirvió como un espermicida, porque es un veneno protoplásmico general; desafortunadamente, muchos individuos tienen una reacción tóxica a ello. Otros espermicidas químicos también empezaron a aparecer en el mercado y algunas noticias de ellos llegaron a los Estados Unidos, más de palabra que por cualquier referencia a la literatura médica.46

HOSTILIDAD

Tan fuerte fue la actitud estadounidense oficial de hostilidad al sexo que incluso pasó al tratamiento de los soldados en la Primera Guerra Mundial. La orden moral internacional visualizada por el presidente Woodrow Wilson condujo a la representación del soldado estadounidense como un caballero que hace campaña a favor de la democracia que mantuvo él mismo pura para su hermosa dama al abstenerse del alcohol y del sexo. Tal énfasis en la dedicación ascética quizás haya reducido los temores y las ansiedades de las madres y de las esposas abandonadas, pero un efecto colateral sumamente desafortunado fue lo que los planificadores del gobierno creyeron su propia propaganda y como resultado no hicieron ningún plan para tratar la enfermedad venérea.47 Wilson mismo le dió a su autoridad hacia el fervor antivenéreo: "El gobierno federal ha prometido su palabra en lo que la atención y vigilancia pueden completar el resultado, los hombres comprometidos con su cargo volverán a los hogares y a las comunidades que tan generosamente les dieron sin cicatrices excepto aquellas ganadas en conflictos honorables."48
Aunque la prostitución controlada militarmente había formado parte de la tradición estadounidense en las primeras guerras, tal actividad no podría contemplarse bajo la nueva tradición moral tan asociada con la era progresista. El resultado fue casi un fracaso total en la planificación sobre cómo tratar con millones de hombres jóvenes a la altura de sus deseos sexuales. Sacados de las granjas, arrancados de las poblaciones pequeñas, echados fuera de los pueblos pequeños y tirados junto a los campamentos masivos sin mujeres y sin la moral impuesta de sus familias, comunidades e iglesias, estos hombres fueron víctimas de las enfermedades de transmisión sexual que se habían vuelto endémicas. El Departamento de Guerra decidió recalcar la abstinencia a las tropas, aunque como el último paso de su programa de seis puntos, había sugerido la distribución de paquetes profilácticos cuando otras soluciones hubieran fracasado. Inevitablemente, la política estadounidense probó un fracaso total en Europa, y los éxitos principales contra las enfermedades venéreas provinieron de aquellos comandantes que ignoraron la política oficial que fue finalmente cambiada por las órdenes del General Pershing en 1918".49 Un resultado fue un amplio número de estadounidenses que padecieron las secuelas de la tercera etapa de la sífilis y estuvieron confinados a los hospitales de veteranos en los años treinta y más adelante.

CLELIA MOSHER

A pesar de tales actitudes oficiales, hubo una amplia efusión de información, o más bien información incorrecta sobre el sexo en la literatura popular y en las revistas profesionales. Hubo también los comienzos de la investigación sexual seria, gran parte de ello por mujeres que fueron más allá del informe sencillo de los estudios de casos individuales tan comunes en la profesión médica. Varios de los investigadores quizá se llamen investigadores ocultos, ya que los resultados de su trabajo inicial no se publicaron hasta mucho más tarde. Por ejemplo, el trabajo de Clelia Mosher (1863-1940) no alcanzó a editarse hasta 1974, más de ochenta años después de que se había comenzado originalmente. Su historia quizá se considere como simbólica de la ambivalencia acerca del sexo que la mayoría de los estadounidenses mantuvieron a la vuelta del siglo XX.
La investigación de Mosher surgió de un cuestionario de 1892 que ella diseñó para mujeres casadas. Mosher usó la encuesta para ayudarla a preparar una conferencia sobre la relación matrimonial, que ocasionó el Club de las Madres, miembros del cual fueron principalmente esposas del profesorado en la Universidad de Wisconsin, donde ella misma fue una estudiante de posgrado. Su motivación para la investigación fue dar mejor asesoramiento sexual a las mujeres jóvenes que la fueron a ver para aconsejarse antes de que se casaran. Desde luego, muchas de sus preguntas de la encuesta trataban de sexo; ella estuvo tratando de determinar el grado de conocimiento de las mujeres de fisiología sexual antes de que se casaran, si compartieron habitualmente la misma cama con sus maridos, si tenían un orgasmo venéreo, y lo que en sus mentes fue la verdadera finalidad de las relaciones sexuales. Un total de cuarenta y siete mujeres completaron el cuestionario de Mosher con el transcurso de los años. Después de la primera tanda de entrevistas, parece que otros se condujeron sólo esporádicamente entre sus pacientes. Mosher se convirtió en una médica y practicó en Palo Alto alrededor de 1900; se sumó a la facultad de Stanford en 1910.
Mosher encontró que la mayoría de las mujeres habían conocido poco acerca del sexo antes de que estuvieran casadas, y una mujer dijo que hasta que no tuvo dieciocho años no sabía incluso de dónde provenían los bebés. Estas mujeres aprendieron sobre sexo en el matrimonio, y la mayoría compartieron la misma cama con sus maridos. Treinta y cinco de los cuarenta y cuatro que respondieron a la pregunta dijeron que les faltaba un deseo para las relaciones sexuales, y una escribió que el sexo no sólo fue agradable para ella sino delicioso. Treinta y cuatro de las mujeres normalmente experimentaron el orgasmo durante el sexo. Una dijo que cuando no tenía un orgasmo fue desalentador y repugnante, otra dijo que la ausencia del orgasmo fue "mala, incluso desastrosa, destroza los nervios". Las respuestas más detalladas y personales fueron obtenidas por una serie de preguntas sobre la "finalidad verdadera de la relación sexual" y aunque nueve creían que la relación sexual era una necesidad para los hombres, trece sostuvieron que era una necesidad para ambos sexos. Las otros quince que respondieron a esta pregunta no creían que fuera una necesidad para los dos sexos. Mientras la reproducción quizá sea la finalidad primaria del sexo, veinticuatro mujeres creían que el placer intercambiado era una finalidad digna en sí. Al menos treinta de estas mujeres usaron alguna clase de anticonceptivo -retirada, ducha, condones y manteca de cacao- y dos usaron una tapa de goma sobre el cuello uterino. Algunas creyeron que la relación sexual una vez al mes fue probablemente suficiente, pero la mayoría pensaron que debería ser más a menudo. Varias de las mujeres postmenopáusicas todavía gozaron y deseaban relaciones sexuales.
La última entrevista de Mosher dató de 1920 y todas menos una de sus entrevistadas habían nacido antes de 1890. Treinta y tres de las mujeres nacieron antes de 1870, y de este número, trece nacieron antes de la guerra civil. Aunque la muestra es bastante representativa geográficamente de la América del reciente siglo XIX, social y económicamente no lo fue. De aquellos cuya educación se conoce, el 81 por ciento había asistido la universidad o a la escuela normal (educación profesor), y los restantes al menos habían asistido a la escuela secundaria. La mayoría estaban casados al graduarse en la universidad.50
Aunque Mosher indudablemente usó sus datos para informar a sus pacientes mujeres y estudiantes, otros pocos los conocían. Esto hace los datos interesantes para nosotros pero no particularmente útiles para sus contemporáneos que buscan información acerca de la sexualidad. Por su tiempo, Mosher fue una feminista y a principios de su carrera, publicó un documento sobre la menstruación normal en el cual demostró cuatro factores contribuyentes a las discapacidades que luego creyó que acompañaban a la menstruación: el estrechamiento de la ropa, la inactividad, el estreñimiento crónico y la expectativa general de que el malestar era inevitable. Cada uno de estos, observó, fue reversible y no fisiológico. Ella había desafiado antes el mito generalizado de la época de que las mujeres respiraron costalmente (usando sólo el tórax superior) debido a los requisitos fisiológicos del embarazo, mientras que los hombres respiraron diafragmaticalmente (usando el diafragma). Mosher encontró que mientras que la mayoría de las mujeres que ella examinó respiraron costalmente, creía que la fisiología no era la causa sino la ropa ajustada y una vida sedentaria; cuando la ropa ajustada no estaba presente y las mujeres hicieron ejercicio normalmente, respiraron diafragmaticalmente. Estos datos sirvieron como su tesis maestra en Stanford.51

ROBERT LATOU DICKINSON

Otro, y más significativo, investigador del gabinete fue el médico Robert Latou Dickinson (1861-1950), quien realizó estudios entre 1890 y 1920 y los publicó en los años treinta. Dickinson, un especialista innovador en obstetricia y ginecología, empezó a practicar en 1882. Introdujo el uso del cauterio eléctrico en el tratamiento de la cervicitis, estuvo entre los primeros al utilizar las ligaduras asépticas para atar el cordón umbilical y ganó prominencia generalizada por sus métodos didácticos innovadores para los estudiantes de medicina -en particular para su uso de la goma y creó los modelos para enseñar la anatomía femenina y mostrar el crecimiento fetal desde la fertilización al nacimiento.52 Dickinson se volvió activo en la campaña para la mejor educación sexual y especialmente el control de la natalidad, pero tanto estos roles públicos se asumieron cuando él contaba con sesenta años y su reputación profesional fue segura. Tiene que considerarse como el médico estadounidense más prominente asociado con la campaña para el control de natalidad en el periodo posterior inmediato a la Primera Guerra Mundial así como el investigador sexual más significativo durante las tres primeras décadas del siglo XX. En 1923, fundó el Comité sobre Salud Materna, el cual empezó a recopilar datos sobre la anticoncepción.53 Trató de persuadir a Margaret Sanger para permitir a los médicos acreditados tener más control en su clínica de Nueva York y hagan más investigación activa en los anticonceptivos, pero ella no hizo caso de su consejo. Emprendió algo nuevo en la profesión médica en 1920 con su dirección presidencial a la American Gynecological Society, en la cual instó a sus médicos miembros a que hicieran más trabajos en los campos de la anticoncepción, la infertilidad, la fecundación artificial y la esterilización voluntaria.54
Las contribuciones más significativas de Dickinson fueron al estudio de la sexualidad femenina, y aunque había escrito artículos académicos sobre algunos de sus datos durante el curso de su carrera activa, la mayoría de sus datos se publicaron al final de su vida. Dickinson creía firmemente que la clave para la efectividad de la práctica médica era un buen historial del paciente, y durante los años de la mayoría de su práctica activa, 1890-1920, los pacientes no fueron recibidos por él hasta que no habían completado un cuestionario de cuatro páginas que explicaba la historia general y familiar. Según examinó al paciente, también hizo al menos cinco dibujos: uno por persona del útero, cuello uterino y vulva y dos de la dificultad pelviana por la cual la mujer había buscado su ayuda. El número máximo de dibujos para cualquier paciente fue de sesenta y uno. Posteriormente, según la fotografía se volvió más fácil de hacer, complementó los dibujos con fotografías. Su práctica generalizada fue leer las respuestas del paciente al cuestionario y usarlas como una base para preguntarla posteriormente. Encontró que sus pacientes a menudo confiaron en su información acerca de los problemas sexuales, que registró y trató, si es posible.
Por 1923, Dickinson había compilado los datos sobre más de cinco mil casos, que envió al Comité sobre Salud Materna, después de que habían estado de acuerdo en ayudarle a publicarlo. Lura Beam, un autor con unos antecedentes en educación y psicología aplicada, fue llamado para hacer un examen preliminar de los datos y ella propuso la publicación de tres libros, dos de los cuales fueron realmente publicados. Las historias clínicas de 5.200 originales fueron divididas en dos grupos: uno constó de cuatro mil mujeres casadas y el otro de mildoscientas mujeres solteras. Estos datos sirvieron como la fuente del material para A Thousand Marriages, en el cual describió el análisis de mil casos; los datos de otros investigadores se usaron como un grupo de comprobación. En The Single Woman, Dickinson analizó trescientos cincuenta de sus historias clínicas, comparándolas con la información de otros grupos de mujeres usadas como dos grupos testigos.55 Un tercer volumen que él quiso hacer sobre lesbianismo nunca se finalizó aunque sus datos contribuyeron a otros estudios.
Una de las ventajas de los datos de Dickinson fue que a menudo vio a sus pacientes desde diferentes puntos en sus vidas y podía conspirar los cambios en sus actitudes sobre los temas sexuales. Por ejemplo, ilustró con veinte casos cómo "la pasión y la frigidez" podían aparecer y desaparecer. A la edad de treinta y cuatro una de sus pacientes le tomó aversión al coito, pero su marido no. Posteriormente, el marido perdió interés, pero después de seis años sin un orgasmo, la mujer nuevamente se convirtió en orgásmica y el marido y la mujer encontraron difícil permanecer separados el uno del otro.56
Todas las clases de datos se obtienen de los estudios de Dickinson, incluida la información sobre la frecuencia de las relaciones (de dos a tres veces por semana en sus muestras de casados). Algún 11 por ciento, sin embargo, tuvo relaciones una vez al año o menos. Tiene información sobre la duración de la introducción antes de la eyaculación y de las actitudes de las novias. Dickinson también recopiló datos sobre más temas orientados al tratamiento, como la frigidez, la dispareunia, los trastornos menstruales menores, las enfermedades de transmisión sexual y la fecundidad, así como sobre temas psicológicos como la ansiedad y el temor. Uno de doce de sus pacientes en la muestra de casados tuvo una enfermedad venérea, generalmente gonorrea, recalcando precisamente cuán generalizada fue la enfermedad entre sus pacientes de clase media-superior.
Al comparar las mujeres solteras con las casadas, encontró que relativamente más esposas que mujeres solteras informaron que se masturbaban. Veintiocho de su muestra de mujeres solteras se habían visto envueltas en relaciones con el mismo sexo, pero no encontró ninguna prueba de hombría, en sus sujetos (es decir, se creía que las lesbianas tenían cualidades masculinas), algunas de las cuales examinó en el período antes de 1900. Informó que diecisiete de las que tuvieron experiencias lesbianas se casaron posteriormente y tuvieron fecundidad normal.
El trabajo de Dickinson ha sido a menudo pasado por alto a través de las generaciones posteriores, pero demostró ser innovador en su investigación en la mayor parte de su camino y en muchas áreas. Muy interesado en la fisiología de la relación sexual, un tema que había sido estudiado por primera vez por Felix Roubaud en los años 1870,57 Dickinson precedió a William Masters y Virginia Johnson al tratar de observar lo que sucedía en la vagina durante la relación sexual. Para hacerlo usó un tubo de vidrio que se asemejaba a un pene erecto en el tamaño y forma mientras las mujeres se masturbaban hasta el orgasmo; en el proceso, demostró una vez y para todas las mujeres que las mujeres sí tenían orgasmos que incluían cambios fisiológicos.58 Una de las contribuciones principales de Dickinson fue un resumen definitivo de la anatomía sexual humana, basado en su trabajo y en el de otros.59 De su discusión y referencias, es posible seguir el conocimiento creciente acerca del sexo. Indica, por ejemplo, lo que fue Ernst P. Boas del Mount Sinai Hospital en la ciudad de Nueva York quien trazó la frecuencia del pulso de una pareja durante las relaciones sexuales en 1928 y 1929, demostrando el ascenso a la penetración, el aumento gradual y luego el descenso después del orgasmo.60
Junto con W. F. Robie y LeMon Clark, Dickinson fue responsable de la introducción del vibrador eléctrico, o masageador, dentro de la práctica ginecológica estadounidense. Este aparato produjo estimulación erótica intensa e incluso el orgasmo en algunas mujeres quienes previamente no habían sido capaces de alcanzar el clímax. Dickinson y sus colaboradores teorizaron que una vez que una mujer había alcanzado el orgasmo, incluso con un vibrador aplicado a sus genitales, tuvo mayor probabilidad de proceder al orgasmo durante el coito o a través de la masturbación digital.

MAX J. EXNER

Que ni los estudios de Mosher o los de Dickinson podían haber sido publicados en los Estados Unidos antes de la Primera Guerra Mundial es sumamente dudoso. Las pruebas de ésto son el estudio de preguerra de Max J. Exner de las actividades sexuales de 948 hombres universitarios, el cual se basó sobre cuestionarios. Exner, un médico asociado con la Young Men's Christian Association (YMCA), era un educador sexual principal de la época y un fuerte defensor de la importancia de la castidad. Creía que la educación sexual debería estar diseñada para frenar las "curiosidades morbosas" y borrar la sexualidad de la conciencia.61 Aunque posteriormente modificó algunas de sus ideas, Exner fue uno de los líderes en la lucha para mantener el ejército estadounidense puro durante la Primera Guerra Mundial. Incluso antes de que los Estados Unidos entraran en guerra, él había dirigido, en 1916, inspecciones de las tropas envueltas en la guerra contra Pancho Villa e informó que el carácter de los campamentos fue "sensualizar", con los elementos rudos predominantes. En su mente, las enfermedades venéreas representaron sólo las repercusiones físicas de un deterioro moral mucho más peligroso. La solución de Exner fue instar a las autoridades militares a elevar el ambiente moral de los campamentos al eliminar las tentaciones; redujeron la venta de licor y eliminaron la prostitución.62
Por lo tanto, incluso aunque el estudio de Exner es el intento pionero para asegurar los datos estadísticos sobre el comportamiento sexual de los hombres universitarios estadounidenses, es malamente imperfecto debido a los prejuicios del investigador. Exner preguntó a un grupo pequeño de hombres quienes estuvieron principalmente al nordeste y a otro grupo más nacional basado en los cuestionarios por email para responder a trece preguntas, las cuales no fueron particularmente bien diseñadas.63
Analizó los datos por medio de la tabla sencilla, y ya que la población fue homogéneamente hombres universitarios, los datos deberían haber sido significativos, pero no están ahora tan considerados, en parte debido al contenido de las preguntas.64 Exner tendió a dar la impresión en la mayoría de sus preguntas de que el sexo fuera del matrimonio era equivocado. Sin embargo, en su muestra, 518 hombres respondieron que se habían ocupado de las prácticas sexuales de una u otra clase, el 62,5 por ciento había practicado el "autoabuso", el 17 por ciento había practicado tanto el "autoabuso" como las relaciones sexuales y el 2 por ciento había practicado "diversas prácticas pervertidas", las cuales permanecieron sin nombrar.
La meta de la investigación de Exner fue documentar la necesidad de educación sexual eficaz, la cual creyó que tenía que empezar temprano, en las escuelas primarias. Encontró que la mayoría de los individuos tenían malas fuentes de información sexual, habían sabido acerca del sexo por compañeros (544 de los 676 quienes respondieron esta pregunta), compañeras (33) u hombres de alquiler o mayores (22). El resto había recibido información sobre sexo de sus padres o educadores sexuales de confianza. Alegó que los hechos se aprendieron demasiado tarde en este desarrollo del hombre y que sólo creando "una atmósfera de inspiración con referencia al sexo, a través de una interpretación cierta y completa de su significado" en un aula podrían los niños aprender la importancia básica de la castidad.
La importancia del estudio de Exner es más simbólica que significativa. Él hizo su trabajo públicamente, demostró que los individuos responderían a las preguntas sobre sexo, e hizo un primer intento de cuantificar las respuestas. Curiosamente, a pesar de sus suposiciones y limitaciones, Exner resultó ser al final una fuerza principal originando la investigación sexual organizada en los Estados Unidos.

KATHARINE BEMENT DAVIS Y JOHN D. ROCKEFELLER JR.

La historia de cómo se organizó la investigación sexual llegó a ser algo complicada y la clave fue la participación de John D. Rockefeller Jr. En 1910, el juez Thomas C. 0. O’Sullivan de la ciudad de Nueva York cobró un jurado grandioso presidido por Rockefeller con la determinación de si los círculos de esclavitud blanca existieron en la ciudad. Rockefeller posteriormente declaró que nunca trabajó más duro en su vida y agregó que "estuvo trabajando mañana, tarde y noche"65. Programado para representar un mes, el comité representó seis, y aunque no encontró ninguna prueba de una organización formal de barcos de esclavitud blancos, encontró asociaciones informales de los dueños del burdel e incluso de prostitutas. También declaró que el reclutamiento de la prostitución tuvo lugar a un nivel nacional, que la prostitución estaba vinculada a elementos criminales y que había vínculos mutuamente beneficiosos entre aquellos encargados del tráfico de la prostitución y la policía".66 Una de las recomendaciones de la comisión fue el establecimiento de otra comisión para estudiar las leyes relacionadas con los métodos de tratar la prostitución en las principales ciudades de los Estados Unidos y Europa.
Cuando el alcalde de la ciudad de Nueva York rehusó a establecer tal comisión, Rockefeller decidió hacerlo él mismo, y en 1911, estableció la Oficina de la Higiene Social, con un consejo de administración de Paul N. Warburg, Starr J. Murphy, y Katharine Bement Davis (1860-1935). Rockefeller sirvió de presidente, y Warburg y Murphy fueron elegidos porque eran amigos de Rockefeller.
Davis era un asunto diferente. Se había elegido porque fue directora del nuevo Reformatorio para Mujeres en Bedford Hills en Nueva York, muchas de cuyas habitantes habían sido prostitutas. Davis había sido nombrada directora poco después de recibir su título de Dra. de la Universidad de Chicago en 1900 y en su nueva posición, recalcó la educación y la rehabilitación. Se preocupó de que las oportunidades laborales para las mujeres pobres y las de clase trabajadora estuvieran con demasiada frecuencia restringidas al servicio doméstico, Davis creyó que parte de su rehabilitación fue permitirlas para conseguir mejores trabajos. Dado que el presupuesto estatal a menudo resultó errático así como insuficiente, Davis puso sus cargos femeninos para trabajar renovando terrenos y dirigiendo el edificio, para ahorrar dinero que podría usarse para educarlas mejor. Inmates mezcló bases concretas, asentadas, cortó el césped, cortó el hielo del río en invierno, e incluso sacrificó cerdos.67 Davis creía que con el empleo respetable y el aprendizaje adecuado, las mujeres podrían regresar a la sociedad sin más peligro de la ley que se suprime. Comparó su reformatorio con una institución educacional y a menudo se refirió a los reclusos de la prisión de Inmates como graduados.68
Para administrar mejor su reformatorio, ella había elaborado un programa que trató que identificar los diferentes tipos de agresores y separar el potencialmente reformable del más endurecido o irreclamable. Este programa le llevó a recomendar a que un agresor sea estudiado por los expertos después de declararse culpable pero antes de sentenciarse, un tema sobre el cual escribió un folleto, una especie de precursor al presentar el informe ahora comúnmente usado en la mayoría de los tribunales.
En 1911, el folleto de Davis llegó a la atención de Rockefeller, quien, después de consultar a Davis, compró el terreno adyacente al reformatorio Bedford Hills y a la organización del Laboratorio de Higiene Social bajo su dirección en 1912.69 Su éxito y trabajo llevó allí al alcalde John P Mitchell a que nombrara su comisionado de correcciones para todas las prisiones de la ciudad de Nueva York en 1914, una primera por una mujer. Entre otras cosas, ejerció presiones políticas para la creación de una comisión de honor, el uso del periodo de prueba y honor y sentencias indeterminadas. Cuando la Comisión de Honor se creó en diciembre de 1915 fue nombrado su primer presidente. Aunque su administración fue a menudo el centro de la controversia, resultó sumamente exitoso. Perdió últimamente, sin embargo, cuando Mitchell fue expulsada de la oficina y su carrera como funcionaria de la ciudad se acabó en 1917, después de lo cual se convirtió en secretaria asalariada de la Oficina de Higiene Social.
Como su padre, Rockefeller estaba convencido de que la solución a cualquier problema requirió la recolección de los datos y luego el establecimiento de un plan de acción. Lo que se necesitó primero fueron los datos y el plan para reunir estos datos fue proporcionado por Davis. Los datos se recopilaron en el laboratorio nuevo de investigación y se examinaron a mujeres, particularmente prostitutas, y también se examinó la prostitución como una institución. A partir de 1912 y durante los próximos seis años, la oficina emprendió los estudios más significativos sobre prostitución emprendidos hasta esa época. La oficina contrató a George J. Kneeland, quien había dirigido la Comisión del Vicio de Chicago para emprender un estudio de la prostitución en la ciudad de Nueva York.70 Esto fue seguido por estudios de la prostitución en Europa por Abraham Flexner, un estudio de los sistemas políticos europeos por Raymond B. Fosdick (incluyendo cómo trataron la prostitución) y un estudio de la prostitución en los Estados Unidos por Howard Woolston.71
Davis se vió implicado en todos estos, aunque en algunos más que en otros. Escribió un capítulo en el libro de Kneeland acerca de las prostitutas comprometidas a su reformatorio y retardó la publicación del libro Woolston durante varios años mientras hizo las revisiones. Mantuvo activamente contactos en Europa para ayudarse con estudios europeos.
Generalmente, Rockefeller actuó detrás de las escenas, pero en el tema de la prostitución y del vicio, fue muy público, no sólo debido a su experiencia de jurado grandiosa sino también porque sirvió como un miembro del Blue Ribbon Commitee patrocinando la obra de Eugène Brieux Damaged Goods, el tema de la cual se centró sobre los efectos de la enfermedad venérea. El éxito de la obra fue el golpe final de la muerte a Comstockery en los Estados Unidos, y Comstock murió poco después, una figura más de burla que de respetabilidad. Rockefeller asistió a la inauguración de la representación de la obra y recalcó que la clave para la comprensión de los "males" que brotaban de la prostitución era la discusión pública franca.72 Rockefeller también escribió la introducción al libro de Kneeland.
Bajo el impulso de Davis, la Oficina de la Higiene Social se interesó gradualmente en otras áreas del comportamiento sexual, y Rockefeller tomó menos parte evidente, quizás porque pronto se hizo evidente que no había ninguna solución fácil a los problemas de la prostitución. A principios de la primavera de 1920, Exner, quien fue luego el director del Departamento de Actividades Educacionales en la American Social Hygiene Association, trató de persuadir a Davis para servir como coordinador de un estudio propuesto de la vida sexual de las mujeres. Davis estuvo de acuerdo en la conveniencia de tal estudio pero creía que ella necesitaba consultar a doctoras acerca de la factibilidad. Sus corresponsales acordaron que tal estudio se necesitó, pero que ellos se opusieron a la participación de la YMCA y la YWCA en el proyecto, una participación que había sido sugerida por Exner. Como resultado, Davis estuvo de acuerdo en formar un comité para estudiar las vidas sexuales de cinco mil mujeres, sujetas a la aprobación de Rockefeller.73 Rockefeller no sólo aceptó esto sino que hizo una asignación inicial de dos mil dólares para el proyecto en una reunión de la oficina74 y proporcionó apoyo financiero adicional en los años subsiguientes.
Esto marcó una desviación de las actividades anteriores de la Oficina de Higiene Social, pero uno que fue una extensión lógica de sus cometidos y uno que lanzó la oficina más claramente en el campo de la investigación sexual. Davis con el tiempo extendió su estudio para incluir una sección sobre mujeres lesbianas,75 un hecho que se menciona específicamente en los minutos de la oficina y que indica que el cambio básico en la actitud entre los miembros consultativos hacia el sexo. La prostitución y otros problemas relacionados con el sexo estaban viéndose cada vez más relacionados, y para tratar tales problemas con éxito, fue necesario comprender mejor la sexualidad misma.
Los datos en el informe de Davis se extrajeron a partir de respuestas a cuestionarios -ocho páginas para mujeres casadas y doce páginas (dos de las cuales se tomaron de definiciones) para mujeres solteras. Los nombres de las mujeres se extrajeron principalmente de los registros de ex-alumnas de las universidades de las principales mujeres. Para obtener el número requerido de temas, casi divididos por igual en mujeres solteras y casadas, una carta preliminar pidiendo cooperación se les envió a veinte mil mujeres, y el cuestionario final fue enviado sólo a aquellas que respondieron como voluntarias a las preguntas.
Las respuestas de las veinte mil encuestadas se expusieron en forma de tabla, y para interpretarlas, Davis emprendió estudios aclaratorios dentro los siguientes temas: anticonceptivos, frecuencia de las relaciones sexuales, felicidad de las mujeres casadas en función tanto del sexo y de factores generales, antecedentes de la muestra soltera, prácticas autoeróticas tanto entre las mujeres casadas como entre las solteras, periodicidad del deseo sexual entre ambas mujeres casadas y solteras y la prevalencia del lesbianismo tanto entre mujeres casadas como solteras. Cerca del 50 por ciento de todas las mujeres en el estudio informaron que experimentaron "relaciones emocionales intensas con mujeres", pero el número dado de estos sentimientos sexuales evidentes lo fue por menos de doscientas. Es un porcentaje mayor el que Alfred Kinsey encontró posteriormente, aunque la diferencia quizá sea o bien de clase o de definición. Davis permaneció siendo, sin embargo, una mujer bastante de su tiempo en muchos aspectos. No lo encontró "probablemente sorprendente" el encontrar que un gran número de sus sujetos se había "ocupado de diversas prácticas eróticas", aunque no se tomó la molestia de explicar lo que estos quizá sean.76 Habló, sin embargo, sobre la masturbación como una práctica erótica y no como un autoabuso. Un 64,8 por ciento de sus mujeres universitarias solteras admitieron masturbarse en algún momento, aunque sólo el 40,1 por ciento de sus muestra de casadas lo hizo.77
Entre la muestra de casadas de Davis, sólo 71 mujeres tuvieron relaciones sexuales antes del matrimonio. La gran mayoría de estas mujeres usaron alguna forma anticonceptiva después del matrimonio (730) y la mayoría de aquellas que no usaron ninguna aprobaron ellas mismas tal uso en principio. Un 9,3 por ciento de las mujeres casadas tuvieron al menos un aborto provocado y una tuvo ocho de tales abortos78. Davis también encontró que de las mujeres que ella clasificó como sumamente eróticas, un porcentaje mucho mayor había recibido instrucción sexual de lo que llamó fuentes responsables antes de que tuvieran catorce años de edad. Descubrió que las mujeres quienes deseaban relaciones sexuales con mayor frecuencia que se ocuparon de ello con sus maridos tuvieron mayor probabilidad de ser infelices de lo que fueron las esposas quienes tuvieron maridos quienes estuvieron de acuerdo sobre la frecuencia del sexo. La modalidad de mayor frecuencia fue de una vez o dos a la semana.79
Aunque no había hecho la clase de estudio que Exner había sugerido, Exner permaneció siendo amable con ella y alentó a Davis a promover la oficina incluso más metido en la clase de investigación sexual seria que estaba haciendo. Esperanzador para Exner fue Earl F. Zinn, un estudiante de posgrado joven de Psicología de la Universidad Clark, quien Exner había contratado en 1920 como coordinador de los cuestionarios sobre los proyectos de la investigación en la American Social Hygiene Association. Zinn, después de algún trabajo preliminar, hizo una serie de propuestas a Exner acerca de la investigación sexual, que Exner llevó a Davis en 1920. Después de que Davis hizo algunas modificaciones, ella y la oficina se persuadieron de que un estudio a gran escala de la sexualidad humana debería emprenderse. Consciente de las consecuencias posibles de tal estudio al movimiento de higiene social con el cual la oficina estaba asociado, Davis y otros sintieron más "respaldo científico" para tal estudio del que necesitaron. Por consiguiente, se sugirió a Rockefeller por medio de sus asesores que el estudio fuera conducido por una agencia independiente, específicamente el National Research Council (NRC).80
Establecido en 1916 por la National Academy of Science para coordinar el financiamiento de la investigación durante la Primera Guerra Mundial, el National Research Council siguió funcionando después de la guerra como un conducto para los fondos de la investigación y los proyectos. Desde que los Rockefellers patrocinaron los proyectos del NRC en otras áreas, pareció natural acudir al NRC para obtener la respetabilidad necesaria para la nueva clase de investigación sexual que Zinn y Davis ahora propusiseron. Lo que los dos abogaron era una investigación sistemática e integral en todos los aspectos de la sexualidad humana en sus manifestaciones individuales y sociales, la finalidad primordial que era para evaluar las conclusiones ahora mantenidas y aumentar nuestro cuerpo de datos científicamente derivados.
Incluida en la propuesta estarían los estudios de los aspectos fisiológicos y psicológicos de la continencia, la masturbación, las relaciones sexuales y las "aberraciones" y las investigaciones sobre la prostitución, la enfermedad venérea, la familia, el matrimonio, el divorcio, la planificación familiar y la educación sexual.81 Aunque Simon Flexner, uno de los asesores del padre de Rockefeller, se opuso originalmente a la propuesta, posteriormente, después quizás de alguna discusión con el más joven Rockefeller, pensó que el proyecto quizás merezca la pena de intentar. Antes de ir más lejos, Flexner sugirió que un grupo de científicos debería reunirse para una conferencia y luego la acción debería "basarse en la manera que el proyecto les parecía". Como resultado, en 1921, Rockefeller autorizó el empleo de Zinn para trabajar bajo la dirección de Davis en un esfuerzo para asegurar el apoyo del National Research Council para tal conferencia. Un presupuesto de diez mil dólares fue asignado por la oficina para los gastos y la conferencia propuesta por Zinn.82
Robert M. Yerkes, el oficial asalariado residente del National Research Council, apoyó la propuesta pero creía que muchos de los miembros del consejo no lo harían. Inicialmente, la propuesta le fue presentada a la recién formada División de Antropología y Psicología pero esa división rehusó tratar la investigación sexual, incluso si los fondos estuvieran disponibles. Dado que no había ninguna división de ciencia social, Yerkes luego atentó contra la División de Ciencias Médicas, donde también se encontró poca disponibilidad para no tener que hacer nada con sexo. Afortunadamente, hubo casualmente un cambio en la presidencia de la división, y la nueva presidencia fue capaz de superar las inquietudes del comité; una conferencia especial sobre investigación sexual se celebró bajo el patrocinio de la división el 28 de octubre de 1921.83
Los doce participantes invitados a la conferencia (incluidos Davis y Zinn) votaron a favor del establecimiento del Committee for Research in the Problems of Sex (CRPS) dentro de la División de Ciencias Médicas y publicó una declaración a ese efecto. Incluidos en el informe se percibieron los impedimentos para investigar dentro del sexo, incluyendo tanto la falta de datos como la reticencia y vergüenza asociada con tal investigación. El comité informó, no obstante, que estaba convencido de que a través del uso de los métodos empleados en Fisiología, Psicología, Antropología y los problemas de las ciencias relacionados con el comportamiento sexual, podría someterse al examen científico. El comité también enumeró varios temas posibles de investigación, incluido el sexo y las secreciones internas, los hábitos sexuales de pueblos primitivos, la raza y el sexo, las variaciones en el impulso sexual, las actitudes hacia el sexo, los efectos fisiológicos y psicológicos de la masturbación, la continencia, una mejor comprensión de las relaciones sexuales y las tasas de natalidad en una variedad de grupos diferentes.84

GILBERT V. HAMILTON

Un presupuesto inicial de cincuenta mil dólares fue propuesto,85 y con esta acción, cambió la naturaleza de la investigación sexual. Inevitablemente, los estadounidenses, con la disponibilidad del financiamiento de la investigación, aumentaron rápidamente la preeminencia en el campo. Una primera versión de la revisión por expertos de la investigación sexual, que estaba empezando a existir en otros campos, también se estableció en al menos algunos aspectos de la investigación sexual. Los resultados se tratarán en el próximo capítulo, pero no todo progresó necesariamente sin dificultades. Uno de los primeros estudios considerados por el consejo, fue uno que había sido solicitado por Yerkes, no aprobado para el financiamiento por el National Research Council mismo aunque el Comité para la Investigación sobre Problemas Sexuales lo había recomendado. Esto sirve para enfatizar nuevamente el estigma. Implicado en el rechazo estuvo Gilbert V. Hamilton, un médico quien había tomado entrenamiento especial en Psicología bajo Yerkes. Su investigación fue financiada últimamente por la Oficina de Higiene Social, la cual había contratado a Davis después de que fuera rechazado por el NRC.
Hamilton estudió a doscientas personas casadas -cien hombres y cien mujeres, incluidas cincuenta y cinco parejas casadas- la mayoría de quienes fueron o pacientes de psiquiatras de la ciudad de Nueva York u amigos de tales pacientes. Cada sujeto fue examinado privadamente en el consultorio de Hamilton y les ofrecieron preguntas sobre tarjetas mecanografiadas, 372 para las mujeres quienes habían estado embarazadas, 357 para aquellas que no habían estado embarazadas y 334 para todos los hombres. Aunque las preguntas fueron presentadas en forma mecanografiada, los sujetos fueron alentados a que discutieran a fondo sus respuestas en una conversación de concesiones mutuas; estas se apuntaron literalmente sin comentario. Las entrevistas variaron en longitud desde cerca de 2 horas a más de 30. Entre otros resultados, Hamilton informó sobre el acontecimiento del orgasmo múltiple en algunas mujeres.86
Los resultados de Hamilton, sin embargo, se juzgaron tan contenciosos por la Oficina de Higiene Social que rehusó que le identificaran de cualquier manera como manteniendo lo que él quiso publicar. Davis se había retirado de la oficina y de los CRPS por esa época, y el fracaso de Hamilton para ganar el permiso para enumerar su organismo de subvención da alguna indicación de la influencia que ella había ejercido. Hamilton tuvo que ponerse de acuerdo que ni declararía ni implicaría que había recibido apoyo financiero o moral de la oficina. La única cosa que le fue permitida fue referirse a un "grupo de hombres científicos" quienes habían actuado como asesores a su proyecto.87
Hamilton informó sobre una amplia gama de actividad sexual entre blancos, casados, hombres y mujeres universitarias, mucho más lejos de lo que fue generalmente supuesto en el momento. Curiosamente, sus resultados fueron más o menos ignorados por la comunidad científica, en parte debido a la proporción "indebida" (21 por ciento) de sus sujetos que solicitaron ayuda psiquiátrica antes de su participación en el estudio. Aunque el tamaño pequeño de la muestra también limitó su utilidad, los resultados se igualaron más o menos a los datos posteriores recogidos por Kinsey para urbanos, blancos, hombres y mujeres universitarias entre edades de treinta y treinta y cinco años.88 Los resultados difirieron algo de las conclusiones de Davis, aunque el cuestionario de Hamilton fue modelado sobre el de ella. Los sujetos de Hamilton parecen reflejar mucha más infelicidad matrimonial que los sujetos de Davis. Sus sujetos también demuestran mayor variedad sexual, pero esto quizá sea porque la entrevista permitió que se recogiera más información que la que Davis podría adquirir a través de un cuestionario enviado.

RESUMEN

Ellis, en el reconocimiento de la investigación sexual estadounidense en 1931, sostuvo que las investigaciones de Davis, Hamilton y Dickinson (no sabía acerca de Mosher) representaron el descubrimiento de la investigación en la que ellos trataron sobre una gran escala las actividades sexuales y "relaciones sexuales entre personas completamente normales, en una escala suficientemente grande y sistemática para ser tratados estadísticamente ."89 Agregó que él se había dado cuenta hace tiempo de que no había ninguna regla esricta de la normalidad y que en realidad había una amplia gama de variación, todo lo que legítimamente debería admitirse dentro de los límites de la normalidad. Fue esta amplia gama la que los investigadores estadounidenses encontraron. Fue precisamente sobre tales estudios que Kinsey y sus colaboradores se establecieron".
Aunque Dickinson calculó una vez que cada entrevista compilada por Hamilton costó un promedio de trescientos cincuenta dólares -mucho más de lo que él o Davis o, en realidad, Kinsey mismo gastó (las entrevistas de Kinsey costaron cerca de dos dólares cada una) -todos estos primeros estudios recalcaron que podría hacerse buena investigación sexual y que necesitaba y mereció apoyo. Aunque las entrevistas de Dickinson formaron parte de su carga de pacientes, él mismo recibió posteriormente considerable apoyo financiero, algo de las fuentes de Rockefeller, que le permitieron finalmente publicar sus estudios. Con estos estudios, el énfasis sobre la pureza y castidad -el cual había sido un factor importante en lo que pasó a la investigación sexual en los Estados Unidos- estaba reemplazándose mediante una representación más realista de lo que tuvo lugar. Es digno de comentar que Exner, el exemplar de estas ideas tradicionales, ayudó a introducir la nueva era, pero es incluso más importante señalar que fueron las mujeres tales como Mosher y Davis quienes trajeron el nuevo realismo a la investigación sexual estadounidense.



5
INVESTIGACIÓN
EN ENDOCRINOLOGÍA Y
ACTITUDES CAMBIANTES

Cualquiera que haya sido la intención original de Davis, Zinn y Rockefeller al recurrir al National Research Council para hacer frente a la seria investigación en la sexualidad humana, una vez que el establecimiento científico formal estuvo involucrado, la naturaleza de la investigación sexual cambió. Llegó a tener una base universitaria y el médico tradicional estuvo cada vez más reemplazado por el doctor preparado en la metodología de investigación. Como se demostró mediante la negativa del financiamiento para Hamilton por el National Research Council, la mayoría de los científicos no se sentían enteramente cómodos con la investigación sexual existente realizada en los seres humanos. Dado que aquellos en el NRC eran científicos de laboratorio, creyeron que la mejor ciencia era hecha en un laboratorio donde las condiciones podrían controlarse. Inevitablemente, el Committee for Research in the Problems of Sex (CRPS) se concentró en lo que quizá se llamen las áreas de temas "más seguros" (es decir, la clase de investigación que podría conducirse en un laboratorio), y consciente o inconscientemente ésto permitió al comité evitar las áreas de "problemas" reales (es decir, la sexualidad humana, que fue reseñada en el informe original del comité).
Sin embargo, el comité defendió periódicamente a escondidas las áreas del problema. Por ejemplo, le envió una invitación a Ellis para visitar los Estados Unidos con la esperanza de que podría consultarle. Ellis, sin embargo, se enfermó poco después de recibir la invitación y nunca llegó. Zinn fue enviado a Europa para inspeccionar la investigación que tenía lugar allí, y Davis coordinó sus instrucciones. Se sabe que consultó a psiquiatras como Freud, Eugen Bleuler y Paul Schilder, pero no está claro quién más, aunque hizo un informe a su vuelta .
1 El comité también consultó con diversos expertos estadounidenses sobre los posibles temas de interés para él. A Clark Wissler, conservador de Antropología en el American Museum of Natural History, se le pidió considerar la posibilidad de los estudios del sexo en las culturas primitivas; a Helen B. Wooley, directora del Bureau for Child Development at Teachers College, se le preguntó si el CRPS podría dar apoyo a alguno de los estudios de la oficina sobre los problemas sexuales en los niños; y Dickinson se reunió con el comité en 1925 para tratar la posibilidad de la investigación en los consultorios urológicos, ginecológicos y obstétricos. Poco resultó de cualquiera de estos contactos, y Dickinson con el tiempo fue financiado por otras fuentes, algunas de las cuales provinieron de otras alas de la Fundación Rockefeller. Hubo algún debate de una revista dedicada a la investigación sexual, pero esto también fue rechazado.
Estas exploraciones y dificultades iniciales recalcan aún más la ambivalencia que muchos tenían en la comunidad científica acerca de ser calificados investigadores sexuales, aunque su investigación quizás fue apoyada por un conjunto del comité establecido para tratar con los problemas sexuales. Sin embargo, la respuesta es más complicada que el simple temor de ser calificados. Muchos de aquellos interesados en ampliar la comprensión de la sexualidad humana argumentaron que para que los resultados fuesen significativos tenían que ser aceptados por sus contemporáneos en diversas áreas de la especialidad de la ciencia de la cual vinieron, algo que quizá no sucedería si eran categorizados como investigadores sexuales.2 Los científicos involucrados querían publicar sus propias revistas y ser juzgados por sus compañeros. Fue de sus colegas que recibieron sus nombramientos, promociones y reconocimientos académicos y no hubo ningún departamento de sexualidad humana. El problema fue que el estudio del sexo era una actividad interdisciplinaria e interprofesional, y aunque el CRPS quizá coordinaría las subvenciones, los investigadores avanzaban por cuenta propia. Sin embargo, el comité era consciente acerca de algunas de las áreas imprevistas que se temió existían, y aunque se trabajó bajo el auspicio de la división médica del National Research Council, relativamente pocas subvenciones se dieron a los médicos. Además, aquellos médicos que sí recibieron subvenciones fueron esencialmente los investigadores y no los facultativos, debilitando aún más su influencia en la investigación sexual. También significó que el comité no estaba particularmente motivado por un énfasis médico en el diagnóstico y tratamiento.
Una antigua red de investigadores sexuales (pocas mujeres se incluyeron) surgieron rápidamente y la mayor parte de la investigación para ser financiada fue probablemente de interés para los miembros del comité o sus amigos. Después de la jubilación de Davis del comité, la mayoría de los miembros del comité o recibieron subvenciones significativas propias o les dieron tales subvenciones a sus estudiantes o colegas. Incluso Hamilton estaba bien conectado en este sentido, ya que había estudiado con Yerkes. Al menos uno de los miembros del comité llegó a ser un servidor completamente y los funcionarios de la Fundación Rockefeller estaban muy incomodados por su apoyo especial.

FRANK R. LILLIE

A pesar de tales críticas, en lo que el CRPS se concentró, respondió bien. Fue también centrado. Se le pidió a los miembros del comité dar las sugerencias de los posibles proyectos, y dos de tales propuestas dominaron gran parte de los primeros esfuerzos del comité. Un programa clave fue aquel propuesto por Frank R. Lillie (1870-1947), uno de los miembros primordiales del CRPS, quien preparó un esquema en las áreas de investigación potencial en Biología. El otro fue preparado por K. S. Lashley, un miembro del departamento de Psicología en la Universidad de Minnesota. A petición de Yerkes, presidente del comité durante los veinticinco primeros años de su existencia, Lashley formuló un programa para la investigación en Neurología y Psicobiología sexual, áreas de interés para Yerkes mismo. Ambas propuestas recibieron apoyo financiero importante del comité, aunque fue el esquema de Lillie el que sirvió de guía principal.3
Lillie fue uno de los grandes empresarios de las primeras ciencias biológicas del siglo XX. Fue canadiense; recibió su doctorado de la Universidad de Chicago en 1894; regresó a Chicago en 1900, donde pasó el resto de su carrera; y fue importante en el desarrollo de varias áreas de la Biología. Anteriormemnte se había asociado con el desarrollo del Marine Biological Laboratory en Woods Hole, Massachusetts y desde 1910 fue director de este laboratorio así como del departamento de Biología en Chicago. Lillie se casó dentro de la adinerada familia Crane de Chicago, y a través de sus contactos familiares pudo recaudar los fondos para ayudarle a establecer muchos de sus programas de investigación. Fue bajo Lillie que el Woods Hole Oceanographic Institution se incorporó formalmente. Entre otras cosas, sirvió como presidente de la National Academy of Sciences y durante parte de ese tiempo fue también presidente del National Research Council.4
Lillie, sin embargo, fue más que un empresario, fue también un investigador importante en su propio derecho y amplió nuestro conocimiento de los factores que entraron en la determinación de los sexos. Cada nuevo descubrimiento acerca de la determinación de los sexos condujo a nuevas preguntas. En 1902, el investigador estadounidense Clarence E. McClung encontró que el cromosoma adicional, lo que ahora se llama el cromosoma X o Y, determinaba el sexo del feto.5 Pero las complicaciones surgieron con tal sencilla respuesta casi de inmediato. Una de tales contradicciones fue resuelta por Lillie en su estudio de los freemartins. Un freemartin es el gemelo femenino de un ternero macho que nace estéril, porque ha sido parcialmente masculinizado antes del nacimiento por las hormonas testiculares del macho, que son transferidas a la hembra mediante la fusión de las dos placentas. Todavía no habían sido aisladas las hormonas, pero Lillie concluyó que algunas secreciones internas producidas por los testículos fetales del macho entraron en circulación embrional de la hembra e inhibieron el desarrollo de las gónadas en los ovarios, estimularon el desarrollo de los conductos mesonéfricos y túbulos en los pasajes de esperma de tipo masculino e inhibieron el desarrollo de los conductos de Müller en los componentes del sistema reproductivo femenino.6 Para expresarlo brevemente, Lillie demostró que los acontecimientos en el útero podrían efectuar el desarrollo de los órganos sexuales visibles de los individuos. Fue la investigación de estas secreciones internas que ocupó gran parte de la inquietud del CRPS.
Según esta redacción, hay un debate en los círculos científicos sobre la creciente inclinación de los organismos de donación del gobierno para dar prioridad a las áreas de la investigación en vez de depender de la investigación iniciada por el investigador.7 Tal asignación de prioridades se ha convertido en la norma en muchos de los organismos relacionados con la salud, como los Institutos Nacionales de Salud y el Instituto Nacional de Salud Mental, y está convirtiéndose así en la Fundación de Ciencia Nacional, que está siendo instada a hacer más investigación aplicada apuntada a mejorar la vida y las normas en los Estados Unidos. Aunque hay controversias por ambos lados, porque tantos avances potenciales en la ciencia parecen haber sido resultado de los descubrimientos fortuitos al tratar de responder las preguntas básicas en lugar de un intento deliberado de tratar cualquier problema técnico o social denominado, la experiencia del CRPS es quizás el primer ejemplo principal a largo plazo de los resultados de investigación dirigida. Sophie Aberle y George Corner, en sus comentarios sobre los esfuerzos de investigación del CRPS en sexo y reproducción, reclamaron que se supo más del sexo y la reproducción en los mamíferos en los primeros veinticinco años del CRPS que en cualquier otro cuarto de siglo similar en la historia.8 Esto, sin embargo, está atribuyendo demasiado al CRPS, porque aunque casi todo investigador estadounidense en el campo fue patrocinado por el CRPS, hubo también avances principales en Europa, sencillamente recalcando que este periodo fue en tiempo uno de los más maduros al contribuir los agregados principales a tal conocimiento. La historia general de estos acontecimientos ha sido esbozada por otros,9 pero es importante resumir los avances aquí. Aunque es difícil separar estos resultados en categorías, los descubrimientos principales trataron todo de lo que se supusó del ciclo, la Bioquímica y la reproducción femenina. El resultado de esta investigación no sólo condujo a una comprensión más completa del ciclo menstrual y de la fecundidad sino finalmente nos llevó a entender lo que sucedió en la pubertad. Uno de los resultados más prácticos fue el desarrollo de los anticonceptivos orales, un desarrollo al que se hará referencia en un capítulo posterior.

ENDOCRINOLOGÍA

Tanto Ellis como Hirschfeld creían que lo que llegó a llamarse Endocrinología daría las respuestas a sus preguntas. Algunos aspectos de la Endocrinología, sin embargo, como los efectos de la castración en los animales, eran conocidos desde hace tiempo por la ciencia. Aristóteles, por ejemplo, describió la castración de las aves, los jabalíes, los ciervos y el ganado bovino y dio direcciones precisas para la extracción de los ovarios de las cerdas. También describió el efecto de la castración en el hombre.10
El primer informe moderno de los efectos de la castración se publicó en 1849 por el zoólogo alemán A. A. Berthold (1803-61). Había realizado experimentos en cuatro gallos jóvenes. En dos de ellos, extrajo completamente los testículos, después de extraer los testículos en las otras dos aves, hizo una incisión de una pulgada de largo en el abdomen de cada uno e insertó un testículo. Observó que los gallos castrados mostraron todas las características típicas del capón, comportándose más como gallinas que como gallos y teniendo pequeñas crestas, zarzos y cabezas. Los gallos con los testículos trasplantados, sin embargo, se comportaron como otros gallos. Cuando mató las aves, Berthold encontró que los testículos que él había insertado se habían unido al intestino, donde habían adquirido un buen suministro de sangre y estaban en buen estado. Concluyó, que debe haber alguna sustancia dentro de los testículos, diferente del esperma, que afecta al temperamento del pollo macho y que influencia el desarrollo de las características sexuales secundarias. También teorizó que esta sustancia se llevó a través del cuerpo por el torrente sanguíneo, porque los vasos sanguíneos eran los únicos canales que conectaban los testículos trasplantados al resto del cuerpo.11
Lo que era válido para las gónadas masculinas lo fue también para las femeninas. En 1896, el ginecólogo vienés Emil Knauer (1867-1935) probó la existencia de las secreciones sexuales internas femeninas al trasplantar los ovarios de animales plenamente maduros en hembras animales inmaduras que mostraron rápidamente las características sexuales maduras.12 Estos resultados fueron más o menos ignorados hasta 1910, cuando Artur Biedl (1869-1933) publicó el primer estudio integral sobre las glándulas y sus secreciones.13
Algunas ideas de la posibilidad de las reacciones bioquímicas en el cuerpo se habían comprendido mucho antes por los investigadores particularmente no interesados en la sexualidad. Un pionero en esto fue Thomas Addison (1793-1896), quien tuvo a un paciente que, por alguna razón, se volvió cada vez más demacrado hasta que finalmente murió. Addison pronto notó a otros pacientes que sufrían los mismos síntomas. Hizo una autopsia en el segundo paciente y encontró que cada órgano estaba al parecer normal salvo las glándulas suprarrenales, que residen encima de los riñones. Estas se habían debilitado y contraído en diminutos nódulos fibrosos. Antes de publicar sus resultados, Addison recolectó las evidencias durante un periodo de cinco años en once de tales pacientes y concluyó que las suprarrenales ayudaban a mantener la función normal del corazón, los órganos digestivos, la sangre y la piel.14 Addison, sin embargo, no sabía cómo las suprarrenales ejercían su extraordinario poder y vaciló en adivinar.
Alrededor de la misma época en que Addison estaba escribiendo, el científico francés Claude Bernard (1813-78) se dio cuenta de que el hígado secretaba una sustancia que forma azúcar, que llamó una "secreción interna". Posteriormente, aisló la secreción, la cual nombró glucógeno y prosiguió para mostrar que tanto el tiroides y las suprarrenales similarmente produjeron secreciones internas.15
Hasta este punto, el cuidado científico había prevalecido al descifrar los secretos de las secreciones internas. Modificador de este rol preventivo fue el sucesor de Bernard en Medicina experimental en la Sorbonne, Charlestdouard Brown-Séquard (1817-94). Precipitadamente sacó por conclusión que las glándulas sexuales masculinas secretaron alguna sustancia que controlaba no sólo el vigor sexual sino muchas otras funciones corporales. Esta es una suposición válida, pero ansioso acerca de su propio poder sexual en disminución, razonó entonces que todo lo que tenía que hacer era extraer esta potente secreción de los testículos de los animales, inyectársela él mismo y de ese modo renovar su vigor sexual.16 Procedió a hacer ésto, y aunque informó sobre bastante beneficio, su promoción de la causa de este método evocó el escepticismo y la crítica, ya que otros que lo intentaron no presentaron los mismos resultados. Lamentablemente, los experimentos de Brown-Séquard llevaron a algunos de los científicos más "respetables" a evitar el estudio de las secreciones internas, debido a su asociación con el rejuvenecimiento sexual, un tema que sintieron que quizá deterioraría su integridad académica.
Brown-Séquard, sin embargo, estaba en buen camino, y en 1891, George Redmayne Murray (1865-1939) demostró que era posible curar el mixedema (una enfermedad atribuída al hipotiroidismo) mediante las inyecciones de un extracto de glicerina del tiroides de ovejas, aunque no estaba claro lo que estaba contenido en el extracto.17 No fue hasta 1902, sin embargo, que la ciencia de la Endocrinología avanzó desde la especulación a la realidad. En ese año, William Maddock Bayliss (1860-1924) y Ernest Henry Starling (1866-1927) demostraron la existencia de una sustancia que llamaron secretina en las secreciones duodenales del páncreas. Demostraron que la secretina activaba el páncreas para secretar el jugo pancreático.18 Con el descubrimiento del glucógeno y la secretina, fácilmente fue evidente que las secreciones internas eran sumamente importantes al regular las funciones corporales.
Aunque otros siguieron trabajando en las secreciones internas, fue el ejemplo de Brown-Séquard el que atrapó la imaginación del público. Sumada a la imaginación del público estuvieron los experimentos de Eugen Steinach (1861-1944), quien por 1912 había masculinizado experimentalmente la conducta de apareamiento de los conejillos de Indias hembras y feminizado la conducta de apareamiento de los machos al castrarlos al nacer y trasplantando el tejido gonadal heterotípico en ellos.19 Al hacer esto, demostró, por primera vez, el control hormonal prenatal del resultado conductual adulto de la bipotencialidad hombre-mujer que existe en todos nosotros. Steinach, como Brown-Séquard, procuró de inmediato aplicar sus resultados a los seres humanos. Él llegó a creer que al ligar los conductos deferentes (un método ahora usado para efectuar la esterilización masculina) podría dar lugar al rejuvenecimiento sexual. El motivo para este rejuvenecimiento, se argumentó, fue porque las secreciones asociadas con la eyaculación fluirían luego en el cuerpo.20 En realidad, según aprendimos posteriormente, no sucede esto, ya que en vez de fluir se secreta en la orina. Como Brown-Séquard, informó inicialmente sobre el éxito en sus operaciones, un éxito aparentemente debido a un efecto placebo. Su método pronto fue desacreditado.

CHARLATANISMO Y ENDOCRINOLOGÍA

En los Estados Unidos, sin embargo, a pesar de los fracasos de Brown-Séquard y Steinach, una industria menor surgió de la promesa por restaurar la potencia del hombre anciano. Por ejemplo, la Packers Product Co., representada por Fred A. Leach fuera de Chicago, vendió algo llamado "Orchis Extract", atribuyó estar hecho de un extracto de los testículos de morueco. Las autoridades postales de los Estados Unidos dejaron a Leach fuera del negocio por uso fraudulento de los centros comerciales, en parte debido a la publicidad falsa, porque significó que obtuvo su producto de la Armour & Co., una de las principales empresas de envasar carne estadounidense y Armour no deseaba ninguna asociación con él. Regresó rápidamente al mercado bajo un nuevo nombre para el mismo producto, esta vez el Organo Product Co., sin ninguna referencia a Armour. Los funcionarios postales, no obstante, lo acusaron de fraude en 1919, y sus negativas por entregar el correo a él nuevamente lo pusieron fuera del negocio.21 Incluso Magnus Hirschfeld llegó a involucrarse en esto con un brebaje denominado Titus Perlen para animar la estimulación sexual, una acción que fue usada por sus críticos para desacreditarlo.
Quizás el máximo vendedor de los nuevos productos de potencia para los hombres fue John J. Brinkley (1885-1942), popularmente conocido como "Goat Gland" Brinkley, quien prometió restaurar la virilidad al hombre debilitado al implantar los testículos del macho cabrío y refortalecer a las mujeres al tratarlas con la jalea real de la miel de la abeja. Brinkley llevó las noticias de sus operaciones y elixires a la radio recién creada y poseyó su propia emisora de radio en Kansas mediante la cual cubrió gran parte del medio oeste. Cuando el gobierno revocó su licencia médica y se movió para cerrar su estación, se candidateó para gobernador de Kansas en 1932 como un candidato del tercer partido. Obtuvo 244.607 votos, quedando tercero detrás del ganador, Alfred M. Landon (quien recibió 278.581 votos), quien se presentó a candidato para presidente en 1936 contra Franklin D. Roosevelt. Brinkley se mudó entonces a México y fundó otra emisora de radio, de la cual por un tiempo se dijo haber alcanzado un tercio de los oyentes de radio en los Estados Unidos y desde la cual lanzó sus remedios secretos y su operación de la glándula caprina. También vendió el anuncio de propaganda en su estación a otros vendedores ambulantes de salud. Con el tiempo, las autoridades mexicanas cerraron la estación porque él no se registró adecuadamente en ese país.22
Indudablemente, las propuestas engañosas de Steinach y Brown-Séquard, incluso de Hirschfeld, hicieron a los investigadores en Endocrinología cautelosos en sus propuestas, y los ejemplos de Brinkley y Leach trabajaron como factores en la renuencia de muchos de los investigadores sexuales de los años veinte y treinta para tener cualquier identificación con ellos. No obstante, hubo avances al comprender la importancia de las secreciones internas humanas. Uno de los avances principales, hechos en la Universidad de Toronto, fue el descubrimiento por Frederick G. Banting en 1921 (1891-1941), Charles H. Best (1899-1978), y John J. R. Macleod (1876-1935) de una forma de extraer la insulina de los islotes de Langerhans en el páncreas. Este descubrimiento proporcionó un tratamiento de salvamento para los diabéticos.23 Fue en tal entorno, uno de los grandes potenciales y no obstante uno que, en lo que al sexo se refirió, pudo conducir fácilmente a propuestas exageradas, que el Committee for Research in the Problems of Sex decidió dar apoyo principal al campo en desarrollo de las secreciones internas.

HORMONAS FEMENINAS

No fue en el estudio de los hombres sino en el de las mujeres que ocurrieron los primeros avances significativos. Por 1920, después de varios comienzos y suposiciones falsas, una teoría de la menstruación estaba empezando a desarrollarse. Los elementos esenciales fueron que la menstruación ocurría porque el recubrimiento del útero, después de estar preparado para la implantación del óvulo, se degeneraría si no ocurría la fertilización del huevo. Esta teoría requería que la ovulación y la formación del cuerpo lúteo precedan el cambio premenstrual. Todavía había muchas preguntas sin respuesta, y los años 20 vieron a un gran número de investigadores analizar los problemas que condujeron no sólo a la mejor comprensión del ciclo sino al aislamiento de las hormonas femeninas. Uno de los primeros investigadores que fue apoyado por el CRPS fue Edgar Allen (1892-1943) de la Universidad de Washington en St. Louis (más tarde se trasladó a la Universidad de Missouri y finalmente a la Universidad de Yale). En 1923, Allen y su colega Edward A. Doisy (1893-96), quien posteriormente ganó un premio Nobel, inyectaron un extracto ovárico algo crudo en ratas hembras poco desarrolladas y descubrieron que en un plazo de 48 horas las ratas entraron en estrus (celo) igual que si poseyeran ovarios plenamente desarrollados.24
Habían sido ayudados en su estudio por el descubrimiento anterior de Charles R. Stockard (1879-1939) y George N. Papanicolaou (1883-1962) que en algunos roedores de laboratorio (conejillo de Indias, rata y ratón) el ciclo de la función ovárica pudo seguirse y la ovulación pudo ser detectada al tomar los frotis vaginales.25 (Papanicolaou posteriormente desarrolló la prueba del frotis vaginal de Papanicolaou para el cáncer cervicouterino.) El uso del frotis vaginal permitió probar exactamente lo que estaba sucediendo en el aparato reproductor femenino sin matar u operar en los animales de laboratorio. Allen y Doisy trataron de desarrollar extractos estimulantes más concentrados de estrus activos de los ovarios pero fueron inicialmente incapaces de hacerlo.
Su problema fue resuelto fortuitamente por Selmar Ascheim (1878-1965) y Bernhard Zondek (1891-1966), quienes en su búsqueda por la simple prueba del embarazo encontraron que si inyectaban la orina de una paciente en un ratón o rata de laboratorio poco desarrollado, podrían conseguir una respuesta exacta, sí o no, acerca del embarazo de la paciente. Si la paciente no estaba embarazada, el animal de la prueba no mostró ninguna reacción; si la paciente estaba embarazada, el animal mostró una reacción estrual, a pesar de su inmadurez.26 Esto llegó a llamarse la prueba de Ascheim - Zondek para el diagnóstico del embarazo. También implicó que con la aparición del embarazo había tal aumento de la producción de hormonas por los ovarios que considerables cantidades de sustancias estrogénicas se excretaban.
Cuando Allen y Doisy oyeron acerca de la prueba, comprendieron que había una fuente de hormonas rica y fácilmente manejable en la orina de las cuales podrían desarrollar un extracto potente. En un sentido, la raza científica para el aislamiento de una hormona femenina estuvo activa, como los científicos en otros países -en particular en Francia, los Países Bajos y Alemania- también. Allen y la investigación de Doisy fueron patrocinadas por el comité, mientras el de su rival principal, Adolf Butenandt (nacido en 1903) de la Universidad de Göttingen fue patrocinada por una firma farmacéutica alemana. En 1929, ambos equipos anunciaron el aislamiento de una hormona pura de cristal de sexo femenino, la estrona, en 1929, aunque Doisy y Allen lo hicieron dos meses antes que Butenandt.27 Por 1931, la estrona estaba siendo producida comercialmente por Parke Davis en este país; y Schering-Kahlbaum en Alemania.
Cabe destacar que, cuando Butenandt (quien compartió el premio Nobel de Química en 1939) aisló la estrona y analizó su estructura, encontró que era un esteroide, la primera hormona a clasificarse en esta familia molecular. Esteroides, del griego steros (que significa "sólido"), son miembros de la familia del alcohol pero son diferentes de los alcoholes comunes en el sentido de que están sujetos a la solidificación cristalina. Todos los esteroides tienen algo en común: un grupo de diecisiete átomos de carbono organizados en cuatro anillos.

AISLAMIENTO DE LAS HORMONAS

Este descubrimiento fue importante, porque los químicos ya habían aprendido a manipular y alterar las moléculas del esteroide, habiendo así una buena posibilidad de que las sustancias pudieran ser duplicadas por síntesis química. También recalcó la posibilidad de que ya que la estrona era un esteroide, las secreciones de los testículos podían serlo también. El resultado fue un rápido arrebato al aislar diversas secreciones internas, ahora llamadas en general hormonas. En 1930, Guy E Marrian (1904-81) de Londres aisló otra sustancia de la orina de mujeres embarazadas llamada estriol, que difirió sólo levemente de la estrona pero fue más leve en su actividad. Las dos sustancias son los metabolitos excretados del estradiol, la hormona activa producida en los ovarios. Las sustancias estrogénicas resultaron ser las responsables del desarrollo de las características sexuales secundarias y de los cambios cíclicos en el epitelio vaginal y el endotelio del útero.
Los estrógenos, sin embargo, no son las únicas hormonas del sexo femenino. Ya en 1903, Ludwig Fraenkel de Breslau había descubierto que una vez que los ovarios liberaron un huevo, una sustancia amarilla se formaba dentro de la bolsa del huevo roto. También había encontrado que si extraía este cuerpo amarillo (cuerpo lúteo) de un conejo hembra poco después de que se apareó con un conejo macho los embriones no se desarrollarían. Los investigadores estadounidenses, George W Corner y luego su asistente estudiante, Willard M. Allen, en la Universidad de Rochester, fueron patrocinados por el comité y exitosos al producir un extracto del cuerpo lúteo en 1930. Corner posteriormente lo describió como unas "pocas cucharadas de un material semilíquido espeso grasiento que se parecía a un grado deficiente de aceite de cilindro".28 Dado que favoreció el proceso de gestación, esta segunda hormona femenina se llamó progesterona, y por 1934, varios científicos que trabajaron independientemente aislaron la hormona pura.
Fred C. Koch en la Universidad de Chicago fue otro científico apoyado por el comité. Koch había comenzado con el desgaste de los testículos de toros y preparando extractos de ellos, que inyectó en los pollos de capones para ver cómo influyeron en el crecimiento de las crestas. Sus resultados iniciales no fueron muy buenos. En 1929, se unió con T E Gallagher, otro científico apoyado por el comité y desarrollaron un proceso de extracción con muchas etapas que produjo una mezcla más activa que cualquiera que Koch había visto anteriormente. Precisamente 0,01 mg de la sustancia nueva produjo una cresta roja saludable en cinco días.29
Nuevamente hubo un esfuerzo concentrado por aislar la sustancia, y Butenandt procuró aislar unos pocos granos de la hormona cristalina en 1931 pero de la orina en lugar de los testículos. Dado que estimuló el crecimiento de las crestas y por ser un esteroide, le acuñó un nombre griego: la androsterona.30 Aunque la sustancia era biológicamente activa, se descubrió no ser la hormona masculina en sí pero una forma metabólicamente cambiada o degradada. No fue hasta 1935 que un equipo holandés, al mejorar y modificar el método de Koch de extraer una sustancia de los testículos aplastados de toros, tuvo éxito al extraer la verdadera hormona masculina, que se llamó testosterona.31 Al cabo de un año, el químico yugoslavo Leopold Ruzicka, trabajando en Suiza, logró hacer un duplicado sintético de la testosterona natural.
La disponibilidad de las hormonas inyectadas les dejó a un gran número de investigadores llevar a cabo los estudios extensos con hormonas sexuales en todas las especies de animales desde los peces a través de los anfibios hasta las aves y los mamíferos. El resultado fue demostrar la idea propuesta primero por Lillie de que la diferenciación de los órganos de los dos sexos en el útero era determinada por las hormonas. ¿No hubo luego una segunda aparición hormonal que estaba involucrada con los desarrollos en la pubertad y que transformaba a las niñas en mujeres y a los niños en hombres? Nuevamente, uno de los investigadores patrocinados por el comité, Herbert M. Evans, descubrió que cuando inyectó a las ratas hembras con líquidos de la parte anterior de las glándulas femeninas, produjeron cantidades anormalmente grandes del cuerpo lúteo.32 La sustancia se llamó gonadotropina porque estimuló los ovarios y los testículos. Finalmente, una de estas sustancias se identificó como la hormona estimulante del folículo (FSH), porque al principio se pensó en la causa sólo de la secreción del estrógeno por los ovarios. Esto a su vez condujo a la maduración de una célula del huevo en su folículo.33 Posteriormente se encontró que la FSH estimulaba el desarrollo de los ovarios y la producción de las células de esperma.
Una segunda gonadotropina fue también encontrada por el mismo equipo: la hormona intersticial que estimula las células (ICS), 34 denominada así porque estimuló la secreción de la testosterona por las células intersticiales de los testículos, que a su vez condujeron al crecimiento del pene y la próstata y al desarrollo de las características sexuales secundarias. Posteriormente, el nombre se cambió a la hormona luteinizante (LH), porque en las hembras desencadenó la formación del cuerpo lúteo y produjo la ovulación.
Ambas gonadotropinas necesitan estar presentes para realizar sus efectos sobre los órganos sexuales. Esto es porque hay una acción de reacción que regula la producción pituitaria de estas hormonas (hormonas que también se producen en la glándula pituitaria). Esta producción depende del nivel de la testosterona, del estrógeno o la progesterona en la sangre, y la glándula pituitaria acelera o reduce la producción conforme a la FSH o la LH.

CICLO MENSTRUAL

El resultado de tales descubrimientos fue una comprensión mucho mejor de la fisiología completa de la reproducción, incluyendo el funcionamiento del ciclo menstrual, el periodo de la fecundidad femenina y la naturaleza de la concepción.35 Uno de los avances claves fue por G. W Bartelemez y J. E. Markee, quienes explicaron la función de los vasos sanguíneos en el útero durante la menstruación. Los dos investigadores encontraron que el endometrio es alimentado por las arterias que aparecen en él desde el músculo subyacente. Estas arterias tienen dos clases de divisiones. Una clase es única: tales arterias se enrollan en espirales y abren su camino bastante tortuosamente hacia la superficie, donde se dividen en capilares, que proveen un tercio del interior del endometrio. La otra clase es la arteria estándar: recorren un curso bastante recto y corto directamente para proveer dos tercios del endometrio basal.36 A medida que el endometrio se espesa, aparecen espirales adicionales en las arterias enroscadas, y esto conduce a un retraso de la circulación de la sangre a través de ellas y sus divisiones. Por lo tanto, la causa inmediata de la menstruación se conjeturó ser el efecto lesivo de la falta de suministro de sangre al endometrio efectuado mediante la compresión mecánica de las arterias. 37 Esta conjetura de las causas mecánicas de la isquemia se descartó cuando se descubrió que el proceso entero se mediaba hormonalmente.
El ciclo menstrual puede estar dividido en fases. Algunos investigadores han usado las siguientes cinco fases: (1) folicular, (2) ovulación, (3) lútea, (4) premenstrual y (5) la menstruación o el embarazo. Otros han usado cuatro fases: (1) proliferativa (o folicular), (2) ovulatoria, (3) progestacional (lútea) y (4) menstrual. Los que escriben para el público general tienden a usar cinco, porque parece ser más descriptivo de lo que las mujeres viven y algunas mujeres son muy conscientes de su acercamiento a la menstruación o la fase premenstrual. La fase premenstrual no se usa generalmente en la redacción científica, quizás porque gran parte de la investigación sobre el ciclo menstrual se realizó en primates no humanos, particularmente en monos rhesus, que no podían comunicarse con los investigadores. Corner encontró que la progesterona y el estrógeno tenían propiedades de supresión menstrual y la cesación de progesterona producía la hemorragia. Teorizó que en el ciclo normal el útero no sangraría durante la primera mitad del ciclo (la fase folicular), porque los ovarios están proveyendo estrógeno; no sangraría durante la segunda mitad del ciclo (la fase lútea), porque el cuerpo lúteo está proveyendo progesterona. La demostración de esta hipótesis es esencialmente lo que posibilitó el anticonceptivo oral.
Durante la fase folicular, que dura de seis a catorce días, varios folículos (de los cuales la fase obtiene su nombre) empiezan a desarrollarse y maduran dentro de un ovario. Este proceso es mediado por un decapéptido del hipotálamo que originalmente se llamó hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH) pero es ahora generalmente llamada hormona liberadora de las hormonas luteinizantes (LH-RH) u hormona liberadora del factor luteinizante (LH-RF). La liberación de la LH-RH es en respuesta a bajos niveles de estrógeno en el torrente sanguíneo. La LH-RF estimula a su vez la hipófisis al secretar la FSH38 y LH. La FSH estimula el folículo para producir y secretar estrógeno en el torrente sanguíneo (la fase folicular). Así como el nivel de estrógeno en el torrente sanguíneo sube, señala a la hipófisis detener la liberación de la FSH. Esto conduce entonces a la ovulación que incluye la ruptura de un folículo maduro del ovario. Cuando el huevo se libera del folículo, empieza su viaje a la trompa de Falopio, donde puede o no ser fertilizado por un espermatozoide. Algunas mujeres pueden sentir la ruptura del huevo (middleschmerz), pero no la mayoría. El resultado es la fase lútea, ya que el folículo vacío, ahora denominado el cuerpo lúteo (cuerpo amarillo), secreta la progesterona.39 La progesterona conduce a un aumento del crecimiento del endometrio (recubrimiento uterino) en preparación para el huevo en el caso de que sea fertilizado (fase premenstrual). Después de cuatro a seis días, el cuerpo lúteo empieza a desintegrarse, conduciendo a una disminución en los niveles de progesterona y de estrógeno y, finalmente, a la menstruación, la desintegración y la descarga del recubrimiento uterino.
También hay variaciones en la temperatura del cuerpo basal durante el ciclo, ascendiendo la temperatura levemente durante la parte posterior del ciclo menstrual. La temperatura empieza a subir uno a dos días después de la ovulación en respuesta al aumento de los niveles de progesterona, y es en esta fluctuación en la temperatura corporal que algunos individuos solían trazar su ciclo de fecundidad.40 Otros cambios tienen lugar en la mucosa cervical, que también se han usado para planear los períodos seguros para las relaciones sexuales.41
A medida que los niveles de estrógeno descienden, el ciclo comienza nuevamente. Sin embargo, si tiene lugar el embarazo, la placenta empieza a producir gonadotropina coriónica humana (hCG) aumentando rápidamente los niveles durante las seis primeras semanas; esta hormona retarda la aparición de la menstruación y la reemplaza la LH.42 La placenta también produce estrógeno y parece ser la fuente principal de estrógeno durante el embarazo. La progesterona está también presente en la placenta. La capacidad para detectar hCG fue la explicación para el éxito de las primeras pruebas de embarazo. Esencialmente, la clave para el ciclo fue el descubrimiento de Corner de que la menstruación no se produjo por la acción positiva del cuerpo lúteo sino por su decadencia. La prueba de esto fue una clave para la comprensión del ciclo de la mujer, aunque nuestras ideas en esto continúan siendo mejoradas.43 Aunque no todos los investigadores involucrados en tales estudios fueron apoyados por el CRPS, la mayoría de ellos lo fueron, y permitió a la ciencia estadounidense adentrarse en una función más o menos dominante en la investigación sexual. Este movimiento fue ayudado indudablemente por el levantamiento de los nazis y la destrucción de la empresa científica alemana, pero el efecto total de estos descubrimientos dependió de la producción eficaz y de bajo costo de las hormonas, algo que no fue de inmediato posible.

GREGORY PINCUS

En general, la investigación permaneció poco polémica, pero ocasionalmente recibió la clase de notoriedad que el comité trataba de evitar. Uno de los investigadores que recibió tal notoriedad fue Gregory Pincus. Pincus recogió de otro científico apoyado por Rockefeller, Jacques Loeb (1859-1924), donde éste lo había dejado. Loeb, quien emigró de Alemania en 1891, enseñó en la Universidad de Chicago y la Universidad de California; y desde 1910, se afilió con el Rockefeller Institute en la ciudad de Nueva York. En gran parte porque Sinclair Lewis usó a Loeb como el modelo para el científico altruista en su novela Arrowsmith (1925),44 Loeb muerto se convirtió en el símbolo del científico como un buscador solitario de la verdad, inmune a las tentaciones del "dios perro del éxito". Anteriormente Loeb fue también elogiado por Thorstein Veblen y H. L. Mencken por su voluntad de estar en contra de prevalecer a las ortodoxias estadounidenses, ya que no sólo fue un mecánico en la ciencia sino un socialista en la política.45
Como un mecánico en la ciencia, Loeb procuró considerar a los seres vivientes como "máquinas químicas" cuyo comportamiento podría ser explicado por las leyes de la ciencia física. Para probar su hipótesis acerca de las máquinas químicas, sumergió huevos fertilizados de erizos de mar en agua salada con una presión osmótica que se había levantado, mediante el agregado del cloruro de sodio, encima del agua de mar. Cuando se reemplazó el agua de mar, experimentaron la segmentación multicelular. Posteriormente, sometió los huevos no fertilizados al mismo proceso y por 1899 había tenido éxito en la crianza de larvas mediante esta técnica, el primer triunfo notable al lograr patogénesis artificial.46 La posibilidad de los seres vivientes como máquinas químicas desafió las suposiciones tradicionales de la ciencia y en palabras de Donald Fleming fue un "asalto sobre el punto crucial del misticismo biológico, el proceso de fertilización donde tantos teólogos ingeniosos a través de las épocas habían visto su oportunidad deslizarse en un alma mientras nadie estaba mirando".47
Valiéndose de esto fue un joven asistente de profesor en Harvard, Pincus, quien estaba estableciéndose él mismo como una autoridad en la fisiología sexual mamífera y estaba especializándose en el delicado trabajo con huevos de conejos. Su investigación fue apoyada por el CRPS. Pincus recibió publicidad nacional en 1934 cuando anunció que había logrado la fertilización en vitro de los huevos de conejos (o sea, dentro de un tubo de ensayo). Lamentablemente, en consecuencia, el New York Times lo retrató como un personaje siniestro al incubar a seres humanos en botellas, similar a lo del profesor Bokanovsky, creado por Aldous Huxley en la novela Brave New World (1932), que fue luego ampliamente leída.48
Por 1936, Pincus había mostrado que los óvulos de conejos podrían ser artificialmente activados mediante varias técnicas, incluyendo la exposición a soluciones saladas y a los cambios en la temperatura. Había también trasplantado con éxito muchos óvulos en desarrollo en conejos hembras y mostrado que los óvulos habían crecido en los embriones antes de que el anfitrión se hubiese sacrificado para comprobar el progreso del experimento.49 Sus "concepciones immaculadas", como fueron llamadas, fueron una buena copia para los periodistas aunque muchos de ellos eran adversos a lo que él estaba haciendo. La revista Collier's, luego una de las revistas más ampliamente vendidas en los Estados Unidos, publicó un artículo titulado "No Father to Guide Them", que fue tanto antifeminista como antisemita (Pincus era judío) y sostenía que los biólogos estaban jugando con la naturaleza. El artículo concluyó que Pincus estaba amenazando al hombre estadounidense, cuya virilidad, ya puesta en duda por la gran depresión y la tasa de natalidad decreciente, ahora estaba amenazada por un destino peor que la simple castración, es decir, la mera razón por su existencia.50
Poco después de ésto, a Pincus le fue denegada su ocupación en Harvard, una acción que sirvió de advertencia adicional a aquellos ocupados en la investigación relacionada con el sexo para mantener un perfil bajo. Harvard sí le dio una subvención para la investigación que le permitió ir a la Universidad de Cambridge en Inglaterra durante un año. Pero a su vuelta, no pudo conseguir una posición académica. Hudson Hoagland en la Clark University (en Worcester, Massachusetts) llegó a su rescate al ofrecerle un nombramiento de cortesía como un profesor visitante de Zoología, pero tal posición no tenía ningún sueldo y carecía de los privilegios del profesorado. Con apoyo financiero de Nathaniel, Lord Rothschild, Pincus pudo mudarse a Worcester, y alguna de sus investigaciones fue apoyada eventualmente por el CRPS, aunque no hasta 1940. Su traslado a Massachusetts, sin embargo, no lo aisló de la atención de los medios de comunicación, y periódicamente, dieron nueva publicidad al nacimiento de los conejos partenogenéticos.51
Pincus, incapaz todavía de conseguir un nombramiento académico regular en Clark o en otro sitio, Hoagland se unió a él en 1944 para establecer la Foundation Worcester for Experimental Biology, una empresa sin fines lucrativos apoyada por filántropos locales y diversas fundaciones y organismos, incluido el CRPS. Pincus pasó a realizar la investigación acerca de los esteroides. Gran parte del dinero provino con el tiempo de la empresa farmacéutica G. D. Searle, ya que Pincus y sus colegas estaban interesados en desarrollar un proceso para la producción comercial de la cortisona, una secreción de la corteza suprarrenal.52 Para entonces, sin embargo, Pincus ya no fue apoyado por el CRPS.
En función de la aplicación práctica a las prácticas sexuales, quizás el resultado más significativo de los nuevos descubrimientos endócrinos fue el desarrollo de anticonceptivos más eficaces. En los años veinte, Davis demostró que la anticoncepción fue conocida y practicada ampliamente por la mayoría de las mujeres casadas que ella estudió. El problema no era una falta de anticonceptivos sino la difusión eficaz de la información acerca de ellos y hacerlos asequibles a la persona media. Los médicos mismos fueron a menudo renuentes a tratar con anticonceptivos. Cuando Sanger le pidió originalmente a Dickinson que diera su apoyo público a su primera campaña sobre la anticoncepción, la rechazó. Creía que su carrera como médico estaba primero, y que su asociación con Sanger terminaría su influencia entre otros hombres médicos. Dickinson incluso había dicho a Clarence James Gamble (1894-1966) -heredero a la fortuna del jabón de Marfil así como farmacólogo interesado en la difusión de información anticonceptiva- esa primera clase de científicos descuidaron la investigación anticonceptiva debido a la creencia de que el control de la natalidad era ilegal y se asociaba con la inmoralidad.53 Aunque Dickinson posteriormente cambió su opinión acerca de trabajar con Sanger (fue ya un partidario del control de natalidad y lo prescribió para sus clientes), como muchos otros médicos hicieron, el vuelco fue producido por los cambios en la sociedad estadounidense tanto como por los nuevos avances científicos.
De hecho, a pesar de los estudios hechos por Davis y Dickinson, los investigadores estadounidenses permanecieron indecisos gran parte de los años treinta acerca del estudio del sexo en los seres humanos de cualquier forma directa. Los estudios en animales, según se ha recalcado, parecieron más seguros, y aunque muchos de estos tenían implicaciones para la sexualidad humana, tales implicaciones generalmente no fueron nunca extraídas directamente. Esto fue desafortunado, porque en Europa los estudios en la sexualidad humana alcanzaron una recaída. Alemania, el centro de la mayoría de los primeros estudios del sexo del siglo XX, estuvo bajo control nazi y estos, quienes fueron sumamente remilgados en discusiones acerca del sexo, organizaron campañas para eliminar la pornografía, encarcelaron a los homosexuales para curarlos, enviaron al exilio a muchos de aquellos que se ocuparon de la investigación sexual y destruyeron o dispersaron colecciones valiosas de materiales como las de Hirschfeld.
Fuera de Alemania, muchos médicos de la generación pionera que habían dominado la Sexología estaban muriendo y la generación más joven de médicos no estaba interesada en estudiar el sexo. Las excepciones principales a esta generalización estuvieron en el campo de la investigación anticonceptiva y en el área de las enfermedades de transmisión sexual, luego llamadas las enfermedades venéreas. Todavía había dificultades incluso aquí. Muchos científicos respetables fueron renuentes a hacer la investigación en los anticonceptivos, e incluso el CRPS financiado por Rockefeller fue renuente a investigar el tema. La Fundación Rockefeller permaneció interesada en ello, sin embargo, y cuando decidió financiar los estudios dentro de la composición química de espermicidas, la fundación no pudo encontrar ningún científico estadounidense dispuesto hacer el trabajo. En cambio, fueron a Inglaterra, pero después de algunos descubrimientos preliminares que se habían hecho allí, el grupo inglés se rehusó ir más allá.
La investigación sexual humana a ojos de gran parte de la comunidad científica fue sencillamente demasiado polémica para investigar directamente. Después de sus propios intereses, estos científicos se concentraron en los estudios mucho más estrechos dentro de las especies no humanas. Incluso el tema de las enfermedades venéreas fue impedido por una renuencia a tratar el tema públicamente. Por ejemplo, cuando Thomas Parran Jr. fue nombrado director de la Venereal Disease Division de los Estados Unidos en 1926, una de sus metas fue acometer el problema de la sífilis. Lo encontró mucho más difícil de hacer de lo previsto, porque no pudo tratar el tema públicamente. Apenas en 1934, cuando fue programado para dar una conversación de radio para el Columbia Broadcasting System (CBS) que reseñó los principales temas de salud pública, le fue dicho que no podía usar las palabras sífilis y gonorrea en la radio. No fue hasta 1936, después de que fuese nombrado cirujano general de los Estados Unidos, que los fondos federales finalmente se asignaron para los consultorios públicos para llevar a cabo el examen Wasserman para detectar la sífilis y tratar la enfermedad.54
Teóricamente había estado aumentando la educación sexual en las escuelas, pero en la mayoría de ellas donde se enseñó, se consideró un complemento para la educación física (que supuestamente incluyó educación sanitaria). La meta de tal educación fue recalcar la abstinencia, que a menudo se hizo al centrarse en los peligros de las enfermedades y la infección. Aunque algo de Anatomía y Fisiología estaba incluida, fue generalmente mejor enseñado en las clases de niñas que de niños ya que la menarquía y la menstruación se consideraron más importante para ellas.
A nivel de la universidad en los Estados Unidos, sin embargo, particularmente en las universidades estatales y las facultades privadas para mujeres, empezaron a ofrecerse cursos sobre el matrimonio y la familia, a menudo en los departamentos de economía doméstica. Tales cursos también incluían discusiones de Anatomía y Fisiología del sexo, aunque la mayoría de los estudiantes fueron mujeres.55 Este movimiento para algún tipo de educación en el matrimonio y en la familia siguió aumentando y se formalizó en 1939 con la organización del National Council on Family Relations y el establecimiento de la revista Living, que posteriormente cambió su nombre por Journal of Marriage and the Family.56 Un efecto de la fundación del NCFR fue promover la exploración en diversos aspectos de las citas y el cortejo así como el sexo. Fue precisamente en tal curso que Kinsey comenzó su investigación.

MANUALES DE MATRIMONIO Y
LA SEXUALIZACIÓN DEL AMOR

Las ideas cambiantes acerca del matrimonio y el lugar del sexo pueden detectarse más fácilmente en la aparición de nuevos tipos de manuales de asesoramiento, que llegaron a ser conocidos popularmente como manuales de matrimonio. Fueron diferentes de los anteriores no sólo al aceptar a las mujeres como criaturas sexuales sino al insistir en que la satisfacción sexual formaba parte de su derecho matrimonial. Muchos de estos manuales fueron escritos por mujeres, e incluso aquellos que no parecieron orientarse más a las mujeres que a los hombres, ya que el énfasis fue a menudo al tener maridos (el sexo fue todavía permisible sólo en el matrimonio) que aprenden las necesidades sexuales de sus esposas. Una consecuencia principal de tales manuales fue la mayor sexualización del amor. Usando las redacciones de Ellis, Freud y otros como base, los manuales de matrimonio, ofrecieron asesoramiento y ayuda, de tipos no anteriormente disponibles, a los recién casados de los años veinte y treinta.
Una razón principal por la apariencia de estos nuevos manuales fue la creencia popular generalizada en la sociedad occidental de que el matrimonio tradicional estaba fracasando. Una fuente de aliciente para esta creencia fue el estado y la influencia cambiante de las mujeres, que condujeron a las demandas de mayor igualdad en el matrimonio. Aunque las mujeres finalmente habían ganado el derecho de votar a finales de la Primera Guerra Mundial en los Estados Unidos, Reino Unido y otros países, ésto no había conducido a nada como la igualdad entre las parejas en el matrimonio. Tal exigencia ya había aparecido en la última mitad del siglo XIX, y fue más influyente a medida que el siglo XX progresaba.57 Una de las primeras representaciones simbólicas de este desasosiego fueron las obras del dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906). La protagonista en A Doll's House (1879) llegó a creer que su felicidad doméstica fue engañosa y que su personalidad entera había sido circunscrita y sofocada por las convenciones de la sociedad. Su solución fue explorar el mundo sola en busca del selfhood (ipseidad), y aunque esto parecía osado y atractivo para muchas de las mujeres del tiempo, pocas estuvieron dispuestas a ir más lejos. En sus Ghosts (1881), Ibsen representa los horribles efectos hereditarios que resultan de un padre inadecuado quien, a pesar de sus defectos, continuó cumpliendo sus obligaciones procreativas para la sociedad.58
Hubo un alegato creciente (todavía no 5 exigencias) por cambiar las leyes y las costumbres para que la mujer no se sintiera para siempre encadenada a una pareja en una relación repulsiva. Las ideas de Ibsen no fueron aisladas pero se transfirieron en novelas de protesta femenina por tales autores como Ellen Key (1849-1926), quien incitó a las mujeres a ser fieles a sus propias personalidades en lugar de a la moralidad convencional. Algo de la misma clase de mensaje se transmitió en las obras de Ellis y Edward Carpenter, y de hecho, el movimiento sexual europeo completo estuvo firmemente influenciado por la necesidad de reforma en el matrimonio, incluido el derecho de divorcio. El divorcio, de hecho, estaba convirtiéndose en mucho más común y ya en 1908, Shaw, en sus comentarios introductorios a su obra Getting Married (1908), proclamó graciosamente que el divorcio era una condición necesaria para el mantenimiento del matrimonio.59
Obviamente, hubo copias literarias de Ibsen, Key, y otros que argumentaron el otro lado. Más notorio fue Otto Weininger, cuyo Sex and Character (1903) es un área misógina recalcando que las mujeres son crueles, desvergonzadas y amorales.60 August Strindberg (1849-1912) dramatizó el sexo como un conflicto entre dos antagonistas bien armados. Aunque las mujeres, escribió, fueron normalmente las combatientes inferiores en la mayoría de las batallas, en el matrimonio fueron más fuertes porque fueron más realistas y más inescrupulosas. Dijo que aunque el mundo contenía sólo una mujer desagradable el problema fue que ella era universal y cada hombre dedujo a la misma mujer por su compañera. El estadounidense autor Robert Herrick (1868-1938) agregó que la dificultad con las mujeres de clase media fue que se casaban para convertirse en reinas y deseaban regir y no trabajar.61 Gran parte de la redacción psicoanalítica de la época, de hecho, está dedicada a intentar explicar las neurosis femeninas debidas al deseo sexual reprimido.
Se propusieron diversas soluciones. Entre los estadounidenses populares partidarios del cambio estuvieron Judge Benjamin B. Lindsey y Wainwright Evans, quienes defendieron lo que llamaron el matrimonio de compañera. Esto incluía el uso del control de natalidad, el divorcio mediante el consentimiento mutuo para parejas sin niños que fueron incompatibles, la educación del joven en el arte del amor y el matrimonio exitoso y una reforma en las leyes que reglamentaban la pensión.62
Otra manera de tratar los temas fue redefinir el matrimonio al destacar la base sexual y emocional de la intimidad y la importancia del compañerismo en el matrimonio. Este cambio en el énfasis está más reflejado en el cambio en la naturaleza de los manuales del matrimonio que empezaron a aparecer en los Estados Unidos. Cabe destacar que, aunque los estadounidenses como Sanger y Robinson escribieron sobre el sexo y el matrimonio, los dos autores más ampliamente leidos fueron los europeos: la botánica británica Marie Stopes y el ginecólogo holandés Theodoor van de Velde.

MARIE STOPES

Marie Charlotte Carmichael Stopes (1880-1958) fue una de las mujeres pioneras quienes fueron tan importantes en el desarrollo de una mejor comprensión de la sexualidad humana. Nacida de una familia acaudalada en Escocia, se instruyó en casa por sus padres hasta que entró al internado en Londres a los doce años. Después de la graduación de la University College en Londres en 1902, donde estudió Botánica, Geología, y Geografía física, Stopes prosiguió a recibir un doctorado en la Universidad de Munich. Luego se unió a la facultad de ciencia en la Universidad de Manchester, la primera mujer en hacerlo. En 1911, se casó, y dejando Manchester, se mudó a Londres donde se convirtió en una conferenciante en Paleobotánica en la Universidad de Londres desde 1913 a 1920. Durante este tiempo, Stopes publicó un libro de texto sobre las plantas antiguas así como también un catálogo de la flora cretácea en la colección British Museum. Durante la Primera Guerra Mundial, se ocupó de la investigación sobre el carbón con R. V Wheeler. En resumen, Stopes fue una científica e investigadora de primera clase.
El interés de Stopes por la sexualidad provino del fracaso de su matrimonio en 1911 con Reginald Ruggles Gates. En 1916 el matrimonio fue anulado sobre la base de la no consumación y en 1918 se casó con Humphrey Verdon Roe, un fabricante de aeronaves. Él ya estaba interesado en el control de la natalidad, y poco después de su matrimonio fundaron el Mother's Clinic for Constructive Birth Control en Londres, el primero de su clase en Inglaterra.63 Después de esto, Stopes (quien mantuvo su apellido de soltera) renunció a sus conferencias en la Universidad de Londres y se dedicó a la planificación familiar y a la educación sexual para las personas casadas. También escribió historietas de hadas bajo el nombre de Erica Fay. Entre sus otros seudónimos estuvieron Mark Arundel, Mane Carmichael y G. N. Mortlake.
Firmemente partidaria del concepto del matrimonio, también recalcó el daño y el peligro del matrimonio infeliz, que dijo sucedía cuando el amor estaba separado del sexo. Creía que ambos fueron la clave para un matrimonio feliz. Su primer libro sobre el tema, Married Love, se publicó en 1918, aunque lo había redactado originalmente en 1914 para cristalizar sus propias ideas. Se convirtió en un éxito inmediato y se tradujo a numerosos idiomas, causando una sensación en el momento de su publicación. Aunque la primera edición trató casi toda sobre el control de la natalidad, recibió tantas solicitudes de instrucción sobre el tema que este fue seguido por el libro corto Wise Parenthood, que fue también un éxito inmediato. En nueve años había vendido la mitad de un millón de copias en su edición inglesa original. Stopes publicó algunos otros libros tratando más o menos el mismo tema con títulos como Radiant Motherhood y Enduring passion muchos de estos sonaron de alguna manera muy románticos para las generaciones de lectores posteriores .64
Su gran logro fue mover el tema del control de la natalidad en gran parte del mundo de habla inglesa desde los límites de la consulta del médico a la discusión pública. Pero igualmente significativo fue su énfasis sobre la importancia del sexo en la vida de una mujer. Stopes creía que tanto el amor como el sexo eran partes esenciales del matrimonio. Dado que el descontento sexual tan peligroso para el matrimonio fue algo que pensó que podría remediarse, llegó a escribir manuales de matrimonio sobre cómo renovar el amor a través del sexo. Su tema general, como lo fue de varios otros autores contemporáneos sobre el amor y el matrimonio,65 fue que en el matrimonio pasado se había mantenido unido por la dependencia económica de la esposa sobre el marido, por el sentido de la responsabilidad de él a sus responsabilidades familiares y por la ley. Creyó que en el nuevo día y en la nueva era debía haber una nueva base para mantener juntos una unión de iguales quienes eligieron unir sus vidas para el compañerismo. Esta nueva fuerza que fue unir el amor y el matrimonio era la compatibilidad sexual.

 

Donde los actos del coito se realizan correctamente, la pareja puede diferir, puede sostener opiniones opuestas acerca de cada tema concebible sobre el fundamento sin ningún enfado o alteración del genio, sin ninguna escena de enfado o deseo de separarse. Pero gozarán de las diferencias del otro. Por el contrario, estoy segura de que pueden tener el noventa y nueve por ciento de todas sus otras cualidades y atributos en armonía perfecta y si el acto sexual no se realiza adecuadamente; si no se ajustan el uno al otro; si ignoran las leyes básicas de la unión en el matrimonio, toda esa armonía e idoneidad en otras cosas no tendrá ningún valor y se herirán en sus sentimientos, hasta que no se aguanten por un motivo extraño o deseen separarse.66


Sanger, quizás mejor conocido por los lectores estadounidenses hoy en día que Stopes, no fue tan explícito, sino que Sanger también recalcó la importancia del sexo, sosteniendo que la base de la felicidad duradera en el matrimonio "yace en un ajuste físico adecuado de las dos personas y un manejo físico adecuado de sus experiencias mutuas de unión [sexual]". 67 La piedra angular de un manejo físico adecuado para Sanger tuvo su base en el uso de anticonceptivos eficaces para que la vida de la mujer no fuese gobernada por los frecuentes embarazos no deseados.
Se creyó y se enseñó que una vez que a las necesidades sexuales de las mujeres les fuese otorgadas un estatus igual como a las de los hombres, las normas de compañerismo y reciprocidad en el matrimonio se extenderían inevitablemente en el dominio del sexo y se convertirían en el sello del amor. Hannah Stone y Abraham Stone, quienes también escribieron manuales de matrimonio, dijeron que el abrazo sexual debe convertirse en la expresión del deseo mutuo y la pasión. El goze del sexo sólo podría aumentar cuando era mutuo.68 Isabel Hutton recalcó que "no importa lo ideal que sea la alianza en cualquier otra forma, si hay carencia de vida sexual", el matrimonio no puede ser un éxito.69 Stopes había agregado un segundo punto enfático a esto: "en estos días modernos cuando la amistad, las ocupaciones mutuas, los negocios, casi toda la fase de nuestra vida civilizada, se juntan hombres y mujeres de manera innumerable, la única justificación del matrimonio es la necesidad mutua y el placer mutuo en la unión sexual".70

THEODOOR VAN DE VELDE

Algunos escritores parecían advertir contra mucho énfasis en el sexo como una curación para todos los problemas matrimoniales. Theodoor Hendrik van de Velde (1873-1937), por ejemplo, cuyo manual de matrimonio fue el más popular en los Estados Unidos, recalcó que el matrimonio dependía de una variedad de factores, incluyendo la compatibilidad emocional y social del marido y la mujer, una participación de interés y un acuerdo sobre la familia.71 Incluso sostuvo que la actividad sexual enérgica y armoniosa era la clave para el templo del matrimonio: "se debe construir sólida y hábilmente, porque tiene que soportar una porción principal del peso de la estructura entera. Pero en muchos casos está mal equilibrada y es de material deficiente; así nos podemos sorprender de que el edificio entero se derrumbe".72 En efecto, casi todos los escritores de manuales, incluyendo van de Velde, estuvieron de acuerdo en que era el buen sexo lo que hacía del matrimonio un éxito.
El primer libro de van de Velde, El matrimonio perfecto, se publicó en 1926 tanto en holandés como en alemán. Aunque van de Velde predijo que podría ser aislado por publicar la clase de información sexual incluida en su libro, este no fue el caso. El libro pasó por cuarenta y dos imprentas en Alemania antes de que se suprimiera cuando Hitler llegó al poder en 1933. La edición de Londres pasó por cuarenta y tres imprentas, y si bien las cifras no están disponibles por la edición estadounidense, pasó por seis imprentas en los dos primeros años de publicación. La Random House, que posteriormente adquirió los derechos para publicarlo, informó que vendió la mitad de un millón de copias entre 1945 y 1965, cuando fue nuevamente revisado y republicado.73
Van de Velde se había casado primero en 1899 cuando tenía veintiséis años, pero el matrimonio no fue feliz. Después de diez años, dejó a su esposa por Martha Breitenstein-Hooglandt. Este acto, dijo, lo forzó a dejar su práctica y vivir en pecado hasta que su esposa finalmente se divorció de él en 1913 y pudo casarse con Breitenstein-Hooglandt. La pareja se estableció cerca de Locarno, Suiza, y fue allí donde van de Velde empezó a escribir su manual de matrimonio basado en su propia experiencia así como también en las experiencias de sus amigos y de sus pacientes.
Aunque hay considerables datos anatómicos y fisiológicos en la primera parte del libro -algunos de ellos incorrectos incluso para la época- la clave del libro es su discusión de las relaciones sexuales. Para él, sin embargo, la única relación normal fue entre dos personas del sexo opuesto. Habiendo dicho esto, fue a recalcar la importancia del prejuego, incluyendo el besar y tocar las partes eróticas del cuerpo: los pezones, el clítoris y el pene. Aunque dijo que un orgasmo por cunnilingus o felatio era patológico, tal actividad era perfectamente permisible en el prejuego. No vio ninguna razón por qué, si querían, una pareja no debería copular durante la menstruación y que la relación sexual durante el embarazo es permisible si la mujer estaba dispuesta y lo deseaba, aunque las posiciones quizá tengan que cambiarse. Sólo "la amenaza del aborto espontáneo y la eminencia del nacimiento" la excluiría.74
Van de Velde informó que aunque algunas de las enciclopedias orientales del amor describieron cien posiciones diferentes, no había ninguna necesidad de conocerlas todas. Sin embargo, el conocimiento de una variedad de posiciones era importante y tenía valor práctico, porque aumentaba el placer sexual, a veces prevenía los peligros higiénicos o las lesiones y podría promover o prevenir la concepción. Creyó erróneamente que el orgasmo más intenso posiblemente ocurría cuando ambos compañeros alcanzaban el clímax simultáneamente o casi simultáneamente. De la misma manera errónea fue su creencia de que tal orgasmo aumentaba la probabilidad de concepción, aunque fue exactamente tal creencia que le dejó argumentar la necesidad de experimentar con cualquier posición que quizá promovería el clímax simultáneo.75 Enumeró diez posiciones diferentes, seis de las cuales en el que el hombre y la mujer están cara a cara y cuatro en el que el hombre está detrás de la mujer. Incluyó un gráfico resumido que indicaba cuándo tales posiciones no deben usarse (por ejemplo, en el embarazo), el tipo de estimulación proporcionada (como estimulación clitoral), y si fue más o menos apta para inducir la concepción (aquí se equivocó).76 También creyó que al explorar y al ocuparse de estas posiciones sexuales diferentes, el deseo por lograr variedad mediante un cambio en las parejas sexuales se frenaría y la fidelidad matrimonial se fomentaría. Van de Velde, de hecho, estuvo a menudo equivocado no sólo en función del conocimiento de hoy sino en función del conocimiento de su propio tiempo. Enseñó que había peligro si el hombre empujaba demasiado, ya que podría romper la vagina. También creía que el pene humano podría trabarse en la vagina humana, un acontecimiento algo común en los perros pero un acontecimiento sumamente poco común en los seres humanos. Su creencia en la importancia del orgasmo simultáneo fue probablemente la creencia que causó la mayor dificultad a sus lectores, al menos según los terapeutas sexuales modernos.

EMANUEL HALDEMAN-JULIUS

Colectivamente, los escritores de los manuales de matrimonio estaban cambiando las actitudes hacia el sexo, en particular aquellos sostenidos por y acerca de las mujeres, y en el proceso que eliminaba algo del estigma asociado con la investigación sexual. Los nuevos conceptos acerca del sexo no estaban confinados a los miembros de la clase media que podrían pagar un libro empastado por Stopes o van De Velde; también aparecieron en folletos y libros dirigidos a un público más amplio. Probablemente el principal difusor de la información estadounidense dirigido hacia la clase trabajadora fue Emanuel Haldeman-Julius, un editor de Cirard, Kansas, quien expidió más de trescientos millones de copias de volúmenes en las series de los Little Blue Books, vendidos inicialmente a cinco y diez centavos cada uno y posteriormente por veinticinco y cincuenta centavos. Los libros de sexo ocuparon una proporción significativa, quizás tanto como el 20 por ciento del negocio de Haldeman-Julius. Durante 1927, por ejemplo, fueron vendidas unas sesenta y seis mil copias de Sanger What Every Girl Should know. Los títulos similares fueron dirigidos a los niños, las parejas recién casadas, las mujeres casadas, los hombres casados, las madres embarazadas y otros. La mayoría de los libros para hombres fueron escritos por William J. Fielding, mientras Sanger escribió muchos para mujeres. Algunos libros más bien esotéricos por A. Niemoller estaban también incluidos en las series, incluyendo las traducciones de algunos de los clásicos islámicos e hindúes. Haldeman-Julius fue ecléctico en sus títulos de sexo y publicó libros acerca de la homosexualidad, travestismo, incesto, violación y prostitución. Hubo seis títulos disponibles por Ellis en 1928 así como dos libros sobre la anticoncepción, otros sobre las enfermedades venéreas y algunos sobre la higiene sexual. En la mayoría de los casos, Haldeman-Julius publicó la mejor información disponible en inglés sobre muchos de estos temas y en su reserva de temas variados incluyó discusiones de tales temas como la homosexualidad y el travestismo, que hizo su empresa de publicación a menudo la única fuente popular disponible.
Los Little Blue Books habían comenzado como vástagos para el periódico socialista Appeal to Reason pero pronto dominaron el negocio. Además de los folletos de sexo, Haldeman-Julius publicó obras sobre el socialismo, el pensamiento libre y amplias cantidades de clásicos literarios, incluidas todas las obras de Shakespeare en folletos individuales. Su negocio empezó a descender a principios de los años cuarenta con el advenimiento de la publicación rústica a gran escala en los Estados Unidos, pero durante la cima de sus actividades (desde finales de los años veinte a los años treinta), fue tal vez el difusor principal de información sexual en los Estados Unidos.77

CENSURA Y SEXO

No se había ganado fácilmente la batalla para traer información sexual al público estadounidense. De hecho, los que difundían la información sexual pudieron hacerlo sólo con la ayuda de una serie de decisiones por los tribu